Do Make Say Think: Familia bien avenida
- Thursday, November 5, 2009, 11:15
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por Natxo Medina
fotos de Irena Visa
Con el tiempo uno va posicionándose, tomando ciertas decisiones acerca de qué cosas prefiere, qué elegiría en caso de una
guerra o en qué bando estaría si estallase un Apocalípsis de los guapos. A eso se le suele llamar identidad, todo ese cúmulo de elecciones conscientes o no, que uno toma para construir su vida. “¿Y a qué viene todo esto?” se preguntarán. Pues a que el rollo que llevan los grupos de Constellation me mola. A que las comunidades creativas me gustan, a que la cercanía entre los músicos y el público me es grata. A que me da un poco de grima el rollo rock star aunque entiendo que de cara al espectáculo puede ser divertido. A que, para entendernos, prefiero el concepto detrás de Standstill que de, por decir algo, Los Planetas (aunque ambas sean bandas que amo). Crear empatía con la audiencia, hacerles partícipes del universo que rodea a los músicos, y de que sus canciones son su manera de ver el mundo, su manera de compartir su realidad con los oyentes, me parece un esfuerzo loable que, en todos los casos lleva aparejado una cierta ideología o idiosincrasia con la que me siento muy identificado.
La “escalada” mediática de Constellation empezó cuando Godspeed You Black Emperor! (qué lejanos parecen ahora esos mastodónticos e imprescindibles discos) ganaron notoriedad pública a principios de década arrojando cierta luz para el desarrollo y consolidación de un sello y unas bandas que aunaban talento y actitud familiar, en discos que se mantienen casi siempre en la órbita de una muy particular manera de entender el post rock, alegre, con abundante presencia de instrumentos de viento, cuerdas y teclados, muchos toques jazzisticos en el caso de la banda que nos ocupa (protagonista de la noche, mucha expectación ante la primera actuación en España en 10 años), bastante locura si hablamos, por ejemplo, de A Silver Mt. Zion, o aires más clásicotes y comedidos en el proyecto en solitario de Charles Spearin (bajista de DMST) llamado The Happiness Project, que se encargó de abrir la noche del martes de manera inmejorable.
El bigotudo bajista se ha sacado de la manga un puñado de grabaciones a gente allegada (vecinos, familia, amigos) que le han ido explicando su particular visión de la felicidad. Combinando estas grabaciones con música de corte íntimo (que no tiene miedo de resultar festiva, con vientos y todo, cuando toca), usando abundantes teclados y sampleos, Spearin consigue un efecto de ternura épica que resulta sorprendente y muy refrescante. Imapgables los momentos en los que se escucha a su hija quejándose de la comida, o la historia de esa amiga que escuchó el primer sonido de su vida a los 30 años. Arropado por sus compañeros de banda (era divertido ver que, pese a que en el cartel había 3 bandas, sobre el escenario siempre había la misma gente. Familia talentosa la suya) Spearin logró crear una bonita atmósfera para encarar la actuación de la segunda banda: Years.
Years es también el proyecto en solitario de otro integrante de la banda madre, en este caso el guitarrista (pedazo de guitarrista, por cierto) Ochad Benhetrit (foto), proyecto que resultó demasiado similar a lo que estábamos esperando escuchar a continuación como para enganchar por si sólo, aunque Benhetrit resultó ser un verdadero virtuoso a las 6 cuerdas, cosa que demostró al basar la primera media hora de su show en un stand alone, sentadico con su acústica y venga a darle. Fue muy bueno técnicamente, pero bastante aburrido. Suerte que la cosa elevó un poco el listón cuando al guitarrista se unieron otros compañeros (de nuevo la fuerza de la unidad), un deje más contundente y unos sabios y bien puestos arreglos electrónicos. En general no molestó, pero se hizo un poco pesado.
Y después de esto, y sin que Benhetrit saliera del escenario, Do Make Say Think al completo tomaron el escenario al asalto. 2 baterías, 2 guitarristas, 2 trompetas, 1 saxofón, 1 bajo, un violín y la eventual presencia de hermosos teclados era quizás un poco demasiado para el pequeño escenario de La [2] (las PA’s sufrieron de lo lindo, pardiez), pero en cuanto las notas del magnífico “Executioner Blues” (del apasionantes “You, you’re History in Rust”) se desparramaron por la sala, supimos que ya no había vuelta atrás. Además, siempre viste mucho ver tanta gente en el escenario. Excelentes músicos, dieron un verdadero recital
de cómo darle a la melancolía el suficiente punto luminoso, y a los nubarrones épicos la suficiente cercanía, conseguida muchas veces por un ajustadísimo y brillante uso de los vientos, y matizada por la simpatía que desprendían constantemente.
Si bien es cierto que hacia la mitad del concierto, cuando habían tocado cuatro o cinco piezas sin descanso, uno empezaba a sentir un poco el peso de tanta distorsión sin pausa, cuando por fin pararon para atacar “Do”, primer tema de su magnífico nuevo álbum “The Other Truths”, el público no tuvo más que rendirse. Antes del bis, una “The Universe” apoteósica que incluso nos hizo bailar. Por lo que a mí respecta, dicho bis fue totalmente innecesario, ya que hizo que acabaran deshilachados y poco consistentes, aunque esto no consiguiera empañar en absoluta un concierto vibrante y hermoso como pocos hemos visto en Barcelona en los últimos meses, y durante el cual me descubrí a mí mismo pensando constantemente: “¿Pero por qué dicen que el post rock está muerto? Será para ellos”.
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