Entregas Mundialistas. Alemania: cabezas frías, porterías calientes (XXI)

El pulso de los germanos se demuestra en los penalties. Ese momento vital en el que se para el mundo entero para que el delantero encare un chut que nunca en la vida se puede fallar. De hecho, siempre se ha dicho que los penalties no los paran los porteros si no que los fallan los que los chutan. Eso es así. Alemania ha superado todas las tandas de penalties que ha tenido que padecer: cuatro en total (al revés que Inglaterra que ha disputado tres tandas y las ha perdido todas). Sus dos últimos títulos llegaron después de pasar semifinales por penalties: Mundial de 1990 contra Inglaterra (4-3) y Eurocopa 1996 también contra la trémula Inglaterra de los once metros (6-5). Máxima efectividad la de los germanos entonces para superar una ruleta rusa en la que casi siempre manda la suerte. Los germanos saben como encontrarla. La suerte les pilla siempre jugando. No por nada siempre se ha dicho también que el fútbol es un deporte en el que juegan 11 contra 11 y siempre se impone Alemania. Los alemanes están abonados a las loterías. En la citada Eurocopa que ganaron en Inglaterra 96 se convirtieron también en los primeros en ganar un título gracias a aquella norma del gol de oro, ya abolida, que daba el campeonato al primero que marcase (2-1 con gol de Oliver Bierhoff a los cinco minutos de empezar la prórroga y para el palco). El único jugador alemán que tiene el san benito de haber fallado un penalty en estas rondas del demonio es el exjugador del Madrid Uli Stielike en las semifinales del Mundial 82 contra Francia (el partido final acabó 3 a 3 y seguramente aquel partido jugado en el Sánchez Pizjuan fue el que me acabó de enganchar como espectador a este ingrato deporte). Aquel épico partido de semis pasaría a la historia precisamente por una desafortunada acción del arquero germano. Más concretamente por el entradón del portero Harald Schumacher a Patrick Battiston que le dejó inconsciente en el suelo. Mi amigo y seguidor de estas entregas Marc Caellas me dijo una vez que alguien debería escribir sobre los porteros y más concretamente sobre las particularidades de los guardametas germanos. Del enemigo público número 1 del Madrid, Oliver Khan, único cancerbero que ha sido elegido mejor jugador de un Mundial, el de 2002; pasando por el recientemente fallecido Robert Enke, se dice que por suicidio; y acabando por el locuelo de Schumacher que llegó a enfrentarse públicamente (y con muy malos modos ) a su seleccionador Franz Beckenbauer y a la estrella alemana de entonces, el inolvidable  Karl-Heinz Rummenigge. La selección alemana ha contado con auténticos personajes en su portería. Completen ustedes las lista más abajo que seguro me olvido de alguno. Tal vez por culpa de esa sucia entrada en Sevilla, Dios decidió castigar a Harald Schumacher que al final se quedó a las puertas de dos campeonatos mundiales, perdió de manera consecutiva las finales de 1982 y 1986 –mejor portero del evento, por cierto- contra Italia (3-1) y Argentina (3-2) respectivamente. Alemania ganó el siguiente mundial en Italia pero ya por entonces defendía la portería el algo más estable Bodo Illgner (dos Champions y una Intercontinental entre otros títulos con el Real Madrid) que había conseguido la titularidad después que Harald fuera expulsado de la federación por despotricar a gusto contra todos en sus controvertidas memorias con ínfulas de best seller: “Anpfiff” (“Tarjeta roja”). El advenedizo René Adler tiene el honor de seguir la zaga de porteros particulares si supera la inoportuna lesión de rodilla que sufrió hace apenas unos días con su equipo el Bayer Leverkusen. La raza de Alemania empieza en una portería sin temple.

Ahora ya lo hemos visto todos menos el árbitro:

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davidpuente ha escrito 28 posts en scannerfm.com.

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