Entregas Mundialistas. Dinamarca: La dinamita roja (I).

Queda un mes para el Mundial y el sector futbolero de scannerFM cuenta los días para que el balón eche a rodar en Sudáfrica. Iniciamos un serie de artículos diarios, sin pretensiones, básicamente para calentar el ambiente y refrescar la memoria, en el que se repasarán las 32 selecciones clasificadas para el que se espera sea una vez más el mayor espectáculo de mundo. A jugaaaar!

por David Puente
Es verdad que los primeros mundiales que vives delante del televisor son los que te marcan para el resto de tu vida. El Mundial 86 fue uno de los que más disfruté de todos los que he vivido. Un mundial atípico para un preadolescente españolito por cuanto los partidos se televisaban a horas intempestivas debido a la diferencia horaria con el país norteamericano. Aquel desfase horario ya dotaba al mundial de visos de gran cita y encima casi prohibida porque había que vivirlo de madrugada y en silencio para no despertar a los papas. Creo de todos modos, dejando al lado la inocencia con que se viven esos primeros torneos, que aquel fue el último gran mundial puro. La cita de antes del bostezo generalizado que supuso el de Italia, básicamente sirvió para instaurar la dictadura de la especulación defensiva en los terrenos de juego. El mundial en el que todavía no se presagiaba la colonización de las marcas y los intereses económicos y de audiencias que vino después. Para mi fue el Mundial de un pequeño país europeo que era nuevo en esas lides, pero que a punto estuvo de conseguir grandes metas y codearse con los intocables de todos los años (Brasil, Italia, Argentina y Alemania) si una remota madrugada de julio no se hubiera encontrado con la inspirada España de Butragueño que le endosó cinco goles (cuatro del Buitre). Dinamarca era una selección que aunaba explosividad y elegancia a partes iguales. La Dinamarca de Morten Olsen, Jan Molby, Elkjaer Larsen y sobretodo un joven (22 años por entonces) pero ya maduro Michael Laudrup. Los daneses perdieron en octavos contra España de manera incomprensible –yo creo que sufrieron el mal de Montezuma que castigaba a los jugadores con diarrea y si no que se lo pregunten al ex jugador del Barça Calderé que la sufrió en su recto nada más aterrizar en el país azteca- y se tuvieron que ir a casa después de superar el grupo de la muerte de la fase previa –la primera vez que escuché ese tópico tan sensacionalista, “grupo de la muerte”, como sinónimo del más igualado de toda una cita deportiva- que completaban RFA, Uruguay y Escocia. Tres partidos y tres victorias con un juego que parecía el híbrido perfecto entre la estilizada Holanda de los 70 y la compacta URSS de principios de los 80. La dinamita roja estalló seis años después en la Eurocopa de Suecia donde ganaron el campeonato de manera sorpresiva y sin tiempo para concentraciones. Les habían avisado de que jugarían el torneo mientras la mayoría estaba de vacaciones en la costa catalana quien sabe si haciendo uso de algún 3×1, de esos que ahora están prohibidos por el bien de la salud pública, en alguna discoteca cabezona de Lloret. Yugoslavia había sido castigada por su conflicto “doméstico” y Dinamarca se presentó en su lugar en el país nórdico con el talento como único equipaje. Y menudo equipaje.

Dinamarca y el Mundial del 86 en el corazón:

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