Entregas Mundialistas. Eslovaquia: El legado difuso (XXVI)
- Tuesday, June 8, 2010, 8:32
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Eslovaquia es una selección a la que le falta algo. Mi memoria echa en falta ese prefijo checo con el que convivió durante lustros para formar un país recio que destacó en diferentes competiciones deportivas siempre al amparo del Pacto de Varsovia. Camuflados bajo ese imponente paraguas que fue Checoslovaquia los eslovacos asimilados consiguieron algunos triunfos para la posteridad como el título de campeones de Europa de selecciones en 1976, una medalla de oro en Moscú 80 y dos subcampeonatos del mundo en 1934 y 1962. Para la FIFA y la UEFA, es decir, a efectos oficiales, es la República checa la auténtica heredera de ese palmarés. Huérfana de la que ha sido su socia adoptiva durante la segunda mitad del siglo pasado, a principios de los 90 Eslovaquia se quedó a la intemperie de las glorias deportivas y sin palmarés. Desde entonces no le queda otra que buscar por si sola su lugar en el mundo futbolístico. De momento ha conseguido una primera participación en un mundial en el que precisamente no estará su potente anexo checo. Los modestos eslovacos han contribuido al pasado checoslovaco con figuras destacadas como el malogrado jugador del Oviedo y Real Madrid (con el que ganó una liga española), Peter Dubovský que por jugarretas de la memoria no recordaba que murió en el año 2000, aún en activo, cuando cayó al vació mientras disfrutaba de unas vacaciones con su familia en Tailandia. El club ovetense le honró la eternidad cuando decidió retirar su dorsal y la federación de su país entrega cada año un trofeo con su nombre al jugador más prometedor del pequeño país coronado por los Cárpatos. Jozef Vengloš (foto) es otro mito eslovaco que cumplió con el régimen integrador. Además de entrenar en Malasia, Omán, Australia, Inglaterra (se convirtió en el primer entrenador de fuera de las islas de toda la historia de la primera categoría inglesa cuando se hizo cargo del Aston Villa en 1990) y Turquia (Fenerbahçe), Vengloš fue el seleccionador de aquella Checoslovaquia que jugó el Mundial de España 82 (no pasó de primera ronda y fue destituido ipso facto para volver al principal banquillo checo en 1988). Al poco de la independencia se hizo con las riendas de la bisoña Eslovaquia para cumplir con los primeros pasos futbolísticos de su verdadera nación. Unos primeros balbuceos que han dado como fruto este primer mundial en el que se verá con Italia, Paraguay y Nueva Zelanda. Ya sin sus dos mitos futbolísticos, a Eslovaquia le toca cumplir con el tradicional papel del debutante, el de las sorpresas monumentales propiciadas por los novatos. Como le ocurrió a Camerún y a Argelia en 1982 (ambas eliminadas en la fase de grupos de manera algo controvertida y “especulativa”), a Irlanda en Italia1990 (cuarto finalista en su primera participación), Croacia en Francia1998 (alcanzó la tercera posición), Arabia Saudí en USA 94 (llegó a octavos con goles como este que por favor no se pierdan: http://www.youtube.com/watch?v=jdg2veLiE1I) o Senegal en 2002 (octavo finalista después de ganar el partido inaugural contra la por entonces campeona del mundo Francia). A clave volverá a residir en el banquillo y en ver si Zsolt Pakusza es capaz de dotar de entidad a una selección formada a base de mercenarios que se han buscado la vida en las ligas extranjeras. Dice Julio Maldini en su twitter (twitter.com/maldinisport) que Marek Hamšík, medio con gol del Nápoles, es la joven promesa a seguir en una selección que espera su momento en un futuro que se presume inmediato.
El futuro es taninmediato que el trascendental Paraguay-Eslovaquia que decidirá la segunda plaza del grupo ya se jugó.
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