Entregas Mundialistas. Uruguay: Tambores Lejanos (XIV)

La primera vez que vi jugar a Uruguay en una gran cita internacional fue en el Mundial 86 de México. La selección celeste había faltado a la llamada del Naranjito 82 (tampoco estuvo en Argentina 78) y tuve que esperar hasta el gran acontecimiento mexicano para comprobar el potencial de una de las habituales de los mundiales. En su haber dos campeonatos que se remontan al paleolítico futbolístico: su mundial de 1930 y el mítico “maracanazo” de 1950. En su tupido palmarés se pueden encontrar además 14 triunfos en la Copa de América -la última en 1995- y un par de medallas de oro en los JJOO (más remotas aún que sus campeonatos mundialistas, París 1924 y Amsterdam 1928). Así pues el Mundial 86 se presentaba como la primera oportunidad de reverdecer laureles en muchos años. Desgraciadamente para ellos les tocó mi grupo preferido de todo el campeonato, el mismísimo grupo de la muerte con la ya comentada Dinamarca, la temible República Federal alemana, además de finalista de aquel año, y la siempre desconcertante Escocia. En el primer partido de la primera fase en Queretaro puso contra las cuerdas a Alemania con un gol tempranero de Antonio Alzamendi que empataría Klaus Allof, con toda la tradición germana por delante, a sólo seis minutos del final. Después llegó la trituradora danesa y los barrió 6-1 y un desangelado empate sin goles contra los escoceses que les permitió pasar a octavos casi de rebote (con récord del mundo incluído: José Batista fue explusado a los 56 segundos de empezar ese match). En la siguiente ronda perdieron el clásico, uno más de los 177 derbies que han jugado en partidos oficiales, contra la futura campeona, la Argentina de Maradona, con un gol del hoy poco reivindicado Pedro Pasculli. Por cierto que ese Alzamendi al que nos referíamos antes llegó a jugar en la edad dorada del Logroñés (88-90) convirtiéndose en el extranjero que más minutos ha disputado en el club riojano con un total de 5.367 minutos. El delantero uruguayo volvió a compartir misiones de ataque con Francescoli cuatro años después en ese desábrido Mundial de Italia de 1990 en el que se enfrentó a la España de Luis Suárez. Un empate a cero en el primer partido del grupo y poco más ya que Uruguay reafirmaba su histórica condición de equipo correoso. La victoria en el último partido contra Corea del Sur (con un único gol de Daniel Fonseca) les sirvió para clasificarse de nuevo de milagro después de haber perdido contra la Bélgica de Enzo Scifo por 3-1 (pena que Bélgica no se haya clasificado para el mundial porque me apetecía hablar de esta eterna promesa del Anderlecht de los 80). En octavos se cruzaron con la anfitriona que los apeó por 2 a 0 y para casa. Tuvieron que esperar hasta el mundial de Corea y Japón de 2002 para volver a aparecer en los cromos mundialistas después de sudar sangre en la repesca contra Australia. Una cita en la que volvió a encontrarse con Dinamarca que la volvió a derrotar esta vez por 2 a 1. Después vinieron dos empates, a cero contra la campeona mundial Francia y un empate a tres contra los sorprendentes senegaleses. Otra vez para casa y la prensa uruguaya cargando contra la poca efectividad de los suyos. Y es que a Uruguay le cuesta marcar goles en las últimas citas mundialistas. Falta pólvora en las filas celestes y eso les ha complicado últimamente la vida ya que para poder estar en Sudáfrica volvieron a jugar otra repesca agónica esta vez contra Costa Rica. De los últimos cañoneros uruguayos ni Francescoli, ni Alzamendi, ni Daniel Fonseca, ni el Principito Rubén Sosa se acercan siquiera al top de goleadores de toda la historia de Uruguay que encabezan Héctor Scarone (31 goles de 1917-30) y Ángel Romano (28 tantos de 1911 a 1927). La prehistoria pertenece a Uruguay. Veremos a ver si el presente se abre como el cielo después de la tormenta. Celeste, claro.

A falta de títulos… buenos son los recuerdos:

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davidpuente ha escrito 28 posts en scannerfm.com.

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