Pola Oloixarac: Frescor salvaje

Pola Oloixarac ha entrado con fuerza en las nuevas letras argentinas (y más allá, se le considera una de las personas menores de 40 años más influyentes en Latinoamérica). Y todo gracias a la publicación de su novela “Las teorías salvajes” con la que entró como un rayo en la blogosfera que acabó convirtiendo obra y autora en objetos de culto (y como tal, fue entonces repudiada por otras voces críticas que la acusan de artificiosa y post-moderna). Su blog melpomenemag.blogspot.com es seguido por nerds (y otros no tanto) de todo el mundo que la adoran como filósofa de la contemporaneidad nuestra de cada dia y como modelo de unas fotos en las que muestra el salvajismo de las teorías del libro. Irrumpe en España gracias a la editorial Alpha Decay que ha incluido su exitosa y controvertida novela en un capítulo más de su serie “Héroes modernos”. Mientras espero a que la escritora argentina se prepare para responder a mis preguntas, un veterano periodista le interpela: “Supongo que es tu primera entrevista”. A lo que la filosofa le responde: “¿Supone? ¿Por qué supone? ¿Por mi manera de hablar”. El periodista pasa entonces de la ofensiva a la defensa: “Digo yo. Es la conclusión que he extraído de la rueda de prensa”. Pola contraataca: “A partir de qué premisas saca esa conclusión. Si dice que deduce será porque tiene premisas”. “A partir de infinidad de detalles. Indefinición a la hora de presentar el libro”, argumenta el plumilla.  Me toca a mi.

por David Puente

Decir que su libro habla de las relaciones contemporáneas sería reduccionista pero va por ahí, ¿no?

Ves, que si el libro es reduccionista, que si yo soy demasiado generalista. No hay salida con los periodistas.

Bueno, lo de reduccionista lo decía por mí apreciación no por la suya.

Claro, pero si tú me preguntas una cosa y esa pregunta supone una reducción, en el caso de que yo la conteste estoy aceptando que hay una reducción.  Si yo no acepto reducir en ningún momento mi discurso en público y manejo una nube de conceptos que luego la gente percibe cierta  dispersión estoy en problemas. Y si por otro lado me limito a reducir el libro en unos pocos conceptos se me acusará de todo o contrario.

Intentaba ser concreto para que los lectores que no han leído el libro se puedan hacer una idea de lo que habla Las Teorías Salvajes, por otro lado, un libro denso y difícil de condensar para los que no se hayan zambullido en la obra.

Sólo me defendía.

Y lo de contextualizar su libro en el presente más arrebatadoramente contemporáneo, no es un poco arriesgado teniendo en cuenta la perspectiva histórica que da el tiempo y que siempre pone las cosas en su sitio.

Bueno, en relación a las instrucciones para hackear Googe Earth, un ejemplo tecnológico del libro que podría quedar en desuso en diez años,  estoy de acuerdo en que en el futuro parecerán prácticas anticuadas. Pero es lo que pasa con todas las novelas que describen el tiempo presente.  La novela busca centrarse en las relaciones psicológicas  a partir de las nuevas tecnologías. Como por ejemplo el DNS,  que durará diez años más y después a otra cosa. No creo que eso suponga mayores problemas para que la novela supere el tiempo sin problemas. Bueno, que al menos lo supere como hacen otras novelas que se centran en su presente.

Lo decía además porque parece que vivimos tiempos en los que se están produciendo muchos cambios que parece desembocarán en nuevos paradigmas que aún no sabemos donde nos llevarán.

Me parece muy interesante. Además esos cambios van a redefinir la nueva literatura. Ya no puedes ser realista cuando tus personajes y sus relaciones ya no son reales, si no virtuales y existen en una red. Las bases del realismo deben cambiar así como el paradigma interno de la propia novela. Mi respuesta al respecto es unir filosofía y literatura. Esa podría ser una estrategia, ligar teoría y literatura en una misma novela.

Momentos tan revolucionarios que incluso se nos ha añadido una nueva personalidad, la digital, de la que sin ir más lejos nuestros padres no “gozaron”.

Si, es muy probable que en los próximos diez años se modifique nuestro estatuto como ciudadano. Me parecía importante describir como esos flujos psicológicos y esas tensiones que se generan en torno a la red son importantes en nuestras vidas.

Por ejemplo habla de los foreros y bloggeros que adoptan una posición muy beligerante en la red, cuando en su vida privada son incluso bastante apacibles.

De alguna manera este nuevo espacio permite que el ciudadano de a pie adopte esa postura punk de “todo es una porquería”. Está muy bien que todos suframos esa violencia para que nos demos cuenta que ese comentario anónimo ofensivo podría venir de cualquiera de nosotros. Todos podemos ser enemigos en Internet. Nosotros podemos estar en los dos extremos: el de agredido y el de agresor. Internet permite un juego de espejos al respecto que a mi me interesa mucho. Me parece una manera de volver a los requisitos de la filosofía clásica en la que se advertía que el ser humano era terrible, el mundo es infernal y como las relaciones contemporáneas de hoy están atravesadas por una guerra constante… De eso habla el libro, de entender todas esas tensiones a partir de unas “teorías salvajes”.

Lo que ocurre es que muchos esos comentarios agresivos, cuando no violentos, pierden peso en cuanto hay una distancia y un anonimato de por medio.

Si, si, si… Al mismo tiempo me han preguntado cómo me siento con las reacciones que hubo justo salió a novela. Hay un punto donde existe una opinión individual y luego por esa cualidad anónima estas opiniones en conjunto se convierten en una masa amorfa que hace ruido. Una masa viral u opinión generalizada que se convierte en un organismo. Un organismo vivo, como la novela. En Argentina todos los bloggeros enloquecieron con la novela, estaban enfermos, era como si la novela les hubiera infectado. Masa viral de reacciones y contra-reacciones que generaron violencia. Me divertía que la novela hubiera creado una realidad que infectara a mis lectores.  Me entusiasmaba comprobar que la novela no se acababa en el libro, si no que avanzaba sobre el mundo.

Y todo ese ruido, que en su caso ha sido brutal… ¿le afecta a usted de alguna manera?

Recibir atención es algo tan raro. Yo lo que siento es mucha alegría. Sé que si esta novela ha recibido tanta atención la que escriba después va a contar con un buen recibimiento. Yo lo que quiero es escribir. Nunca te puedes quedar agarrado a las reacciones de tu trabajo, ni de las buenas, ni obviamente de las malas críticas.

Como trabajo con muchos me ha llamado a atención esta frase que he encontrado en el libro: “La noción de Dj de pajas propias era una redundancia o una verdad analítica o una tautología”. Entonces quedamos en que el Dj es muy palillero.

Es tan curiosa esa profesión… Tanto como la actitud de adoración hacia él. Y el hecho de que la música que él programa a la vez también programa tus movimientos. Hay también una relación entre la teoría y el Dj. La teoría también te pone cierta música y te obliga a comportarte y a pensar de manera concreta. Y el Dj hace lo mismo. Existen tantas maneras a partir de las cuales la cultura nos programa que yo quería cruzar las relaciones de mis personajes con los lenguajes de programación. Somos humanos pero en realidad estamos programados por unas fuerzas que nos exceden. Y de las que muchas veces no somos conscientes pese a que están presentes en nuestra vida cotidiana.

Tal vez por ello en la novela hace constante alusión a nuestras sociedades primitivas. ¿Estamos demasiado contaminados por la cultura? Por ejemplo, se habla en la novela de los criterios estéticos y de que ahora estamos más evolucionados en esos términos que en los 70. ¿Sirve de algo?

Eso lo dice un personaje de la novela. Antes se podía decir que uno quería ser un poeta maldito. Ahora eso está mal visto. Porque somos más autoconscientes y más críticos con esas consideraciones y sabemos que uno no se puede hacer poeta maldito si no que son los demás los que deberían definirnos así. Esta autoconsciencia nos permite disfrutar de uns relación con los demás de un modo más estético y más contemplativo y no ir a la acción tan a lo bruto como se hacía en las sociedades más primitivas.

Fíjese si nos contamina la cultura que acabamos “cogiendo”, como dicen en Argentina, con los que se visten como nosotros.

Eso es cierto. Por más contemporáneos o modernos que seamos siempre estamos tratando de generar estas tribus de una manera primitiva. Se crean entonces unas pequeñas aristocracias dentro de la sociedad para que nos podamos tolerar entre todos los que formamos ese grupo. Es como si se usara esa ficción, la de que hay alguien que es igual a mi, para poder soportar mejor el mundo. Es una manera de decir que odio al que es diferente a mi. De nuevo otra guerra implícita y psicológica que atraviesa a las personas.

Se habla en el libro también del vicio revisionista que impera en nuestros días. Pero ser demasiado post-moderno también se ha convertido en una manía…

A mi no me molesta la post-modernidad para nada. Aunque también te digo que no considero mi novela como post-moderna. La post-modernidad supone que no puedes conocer una verdad rigurosa sobre las personas. Que no hay más que fragmentos de una posible realidad que nos rodea. Y si yo no creo que eso sea así. La novela tiene hambre por organizar un sentido que termina jugando a esa indefinición porque así es el mundo de hoy. Indefinido. De ahí el comentario de este señor. Existe una idea contemporánea de que existe una incapacidad total para poder conocernos. Una idea derrotista que dice que no podemos relacionarnos con el otro porque estamos entretenidos mirando la tele o qué se yo. Yo con esa idea no comulgo tanto. Aunque si me parece que existen muchas posibilidades formales para conocer la realidad. No tanto para dar sentido a lo que nos rodea como para divertirnos con esas posibilidades. De ahí que me interesen las redes sociales y los blogs.

Antes hablaba de las aristocracias. Usted si se descuida puede formar parte de una bien gorda: es bella, es ilustrada, es culta y encima escribe libros de éxito.

¿Si? Pues no sé. Todo es tan irreal. Es tan irreal esa percepción. Todo eso lo tomo como más ficción para mi libro. Me parece divertido experimentar con las reacciones del público respecto a lo que uno hace. No me siento en ningún grupo de privilegiados. Yo lo que quiero es escribir.

Su vida entonces gira en torno a unas ficciones más reales incluso que las de su propio libro…

Trato lo más posible de no prestar atención a  ese ruido. Pero es que no es real. Se trata de circunstancias que se combinan y dan como resultado mi momento actual. Muchas son fruto del azar. Me gusta comprobar que la novela genera entusiasmo.  Y me divierte aún más que la novela  genere locura en los que la leen.

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