Guitar BCN 2018 (Barcelona), 21 de marzo de 2018

Un concierto del cantante y compositor inglés es como una caja de sorpresas para niños, nunca sabes qué puedes encontrar. Si al principio de su carrera emergía la figura de crooner cabizbajo de alma torturada rezumando espiritualidad por los cuatro costados, con su incomprendido segundo disco “I Tell A Fly” ha integrado a su pop neoclásico texturas sonoras propias del jazz, hip hop, soul e incluso glam, dejando de lado la introspección personal para hacernos reflexionar sobre la sociedad actual y la condición humana de forma metafórica a través de la figura de un alienígena. Y si en la pasada edición del festival barcelonés Cruïlla el cantante mostró su peor versión con una actuación histriónica y deslavazada, el concierto enmarcado en la programación del Guitar Bcn 18 fue prodigioso, con un Benjamin inspirado, comunicativo, teatral y desenfadado, acompañado de tres músicos (batería, guitarra y bajo), los cuales ofrecieron una relectura fascinante de las nuevas canciones, un álbum con estructuras complejas y multitud de recovecos que sonoramente amplia, y de qué manera, su grandeza compositiva. Posiblemente haya perdido algunos fans en el camino, pero sin duda, este trabajo es tan solo un punto de partida. Su genialidad no tiene topes, como sus cualidades vocales, con una profusión de agudos que provocaron asombro incluso entre los más avezados. No es tan fácil ver a un público estallar con vítores en la mitad de una canción.

En un escenario repleto de maniquíes blancos con niños y mujeres embarazadas, que fueron amputados y desmembrados por el propio cantante y sus cómplices músicos mientras Benjamin cantaba “Quintessence”, quedó claro que el inglés se niega a ser un músico al uso; su intención es generar reflexión, aunque esto le va a exigir algo más de esfuerzo. Con este tema finalizó el concierto, con sólo ocho temas interpretados, debido a los parones que lleva a cabo cuando se le antoja. Ocurrió con el cuarto tema “Condolence”, en el que forzó al público a entonarla hasta el aburrimiento, o con “By the ports of Europe”, en el que el respetable tuvo que repetir hasta la saciedad la palabra “Portobello”. Ahí aparece el compositor excéntrico, maniático y obsesivo. Todo genio tiene un precio, y éste es muy menor. Abordando casi la totalidad del nuevo material, los rescates de su laureado debut fueron sólo cuatro: “Condolence”, “London”, “Nemesis” y “Winston Churchill’s Boy”. En estado de gracia.

Texto: Òscar Blanch | Fotos: Meritxell Rosell