Berlin Festival 2013: crónica y fotos desde Tempelhof

Berlin Festival 2013: crónica y fotos desde Tempelhof

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lunes, 16 septiembre 2013
Eventos

Texto: Laura Villanueva  ·  Fotografías: Toni Rosado

El pasado viernes 6 de septiembre se inauguró la octava edición del Berlin Festival, la quinta en el viejo aeropuerto de Tempelhof, que ha sabido reinventar su oscuro pasado y convertir la terminal curva –que fue durante un tiempo el edificio más grande del mundo– en un lugar idóneo para eventos de este calibre. El recibimiento no podía ser más agradable: azafatas risueñas dando la bienvenida a los asistentes y un panel de horarios de salida de los vuelos con la agenda de las actuaciones. Todo apuntaba a que el festival iba a convertirse en un muy buen viaje.


Empezamos con los londinenses NYPC (New Young Pony Club hasta hace escasos días), con la energética Tahita Bulmer calentando al frío –y contado- público autóctono con sus hits más bailables (The Get Go, Ice Cream, Lost a girl…) y sorprendiéndolo con Hard Knocks, el single pausado, electro y punk que presenta el disco que saldrá en octubre.

Pero aunque no lo creáis, no solo de electrónica vive Berlín, y eso lo descubrimos en la actuación de Villagers, la banda de indie folk irlandesa que empezó tímidamente y poco a poco fue desplegando todo su poder. Un poder que cuando sonó la gran Nothing Arrived provocó una ovación inmensa y coros por parte del público. Una entrega que no volverían a verse en los hangares de Tempelhof. Conor O’Brien, vocalista y líder absoluto de la banda merece un puesto de honor en la historia del folk.

Get Well Soon

No podíamos ir hasta Tempelhof y no descubrir artistas alemanes, así que cuando en el escenario grande le tocó el turno a MIA. (que no M.I.A.) nos pusimos en primera fila. Fue una muy agradable sorpresa conocer una nueva diva de las que hacen pop bailable y accesible y que se cambia de traje cada dos o tres temas. Muy, muy recomendables los cortes Fallschirm, Zirkus y Kapitän. Una fiesta en todos los sentidos.

Fenech-Soler, una de las boybands alternativas más en forma, revolucionó a las adolescentes con sus caras bonitas, sus pitillos negros, una energía desbordante y los himnos del nuevo tecnopop como Demons, Lies o Stop and Stare. Y ahora que se menciona, la notable presencia de familias en este festival es, para los asiduos a los festivales españoles, una novedad sin precedentes. No hablamos de padres indies con bebés y niños pequeños aparcados en la guardería, sino de padres de mediana edad con sus hijos adolescentes o incluso mayores de edad. ¿Habéis ido vosotros de festival con vuestros padres?

Y llegó la hora, el primer cabeza de cartel estaba a punto: Pet Shop Boys salieron a defender un show que los asistentes al pasado Sónar conocen muy bien. La cazadora de cañitas para las bebidas, el casco de bola de discoteca, los rayos verdes, los circuitos de la placa base… y un reparto casi igual. Y como se demostró en el Sónar, un set que combinaba los temas de los recientes Electric y Elysium con himnos ya de la cultura pop como It’s a sin, Always on my mind, West End Girls o Go West hicieron reventar el bailómetro al educado y discreto público del festival. Lástima de los problemas técnicos que hicieron que en más de una ocasión se cortara el sonido durante milésimas de segundo.

Aún con las melodías de Pet Shop Boys en la cabeza, el escenario grande daba paso a otro de los cabezas de cartel: Blur. Empezaron fuertes, con Boys and Girls, Popscene y There’s No Other Way… Como en el Primavera Sound. Así que, ni cortos ni perezosos, fuimos a ver al único artista patrio del festival. John Talabot, junto a su inseparable Pional repasaron su gran fin en una ejecución impecable. Si el primer directo del productor, en el Primavera Sound 2012, me dejó con la boca abierta, este fue incluso mejor, más orgánico. A través de las voces, la percusión y los loops secuenciados al momento, Talabot y Pional crearon una atmósfera oscura y pausada que metía a los presentes en un bucle rítmico de placer. Depak Ine, Oro y Sangre, So Will Be Now o la reciente I’ll be watching you, no puede elegirse sólo una.

En la segunda jornada pudimos disfrutar de dos bandas capaces de llevarnos al éxtasis con sus ritmos acelerados y sus guitarras endemoniadas. La primera fue Savages, las chicas de Londres abanderadas del postpunk reciente y una de las bandas femeninas con más actitud de la actualidad. Su vocalista, la bella y elegante Jehnny Beth, se entregó con toda su alma a sus canciones y a su mensaje: gritó hasta la saciedad consignas feministas y antisistema mientras hacía peligrosos equilibrios sobre los altavoces. La más contundentes: No Face y Husbands.

Después de descansar junto un Douglas DC-4, el avión que presidía el festival y que abasteció a Berlín occidental durante la Segunda Guerra Mundial, seguimos con el shoegazing y el postpunk, esta vez por parte de los mismísimos My Bloody Valentine. Una temprana When You Sleep sirvió al público para entrar en calor y cogerle al ritmo a los irlandeses. Una vez más, banda y público se unieron en un plano superior creado por el ruido de las rítmicas guitarras.

Y llegó la hora. Después de diez minutos de espera –una barbaridad en tierras alemanas– y la aparición de los músicos y una quincena de chicas con trajes vaporosos y apariencia adolescente, llegó ella: Björk. Ataviada con un robusto vestido amarillo y con un casco de pinchos alrededor de toda la cabeza –cara incluida–, empezó con Cosmogony, perteneciente a Biophilia, su último trabajo de estudio. Al cabo de pocos segundos, su mágica voz, los espectaculares visuales sobre el espacio y la candidez con la que se relacionaba con el grupo de chicas, que hacían de coros y bailarinas a la vez, hicieron meterse al público en el bolsillo. Después de más temas del último álbum, llegamos a Crystalline, con la que los presentes se animaron a corear junto a las chicas, que según el tema que tocara interpretar parecían Vírgenes Suicidas o unas auténticas Khaleesi. Y bien, llegamos a Joga, recibida con una grandísima ovación. Momento cumbre de la actuación, hasta tres cortes más tarde, en que Army of me convirtió el escenario grande y la pista en algo muy parecido a una rave. Björk y sus chicas bailaban enloquecidas bajo una enorme bobina de Tesla que creaba impresionantes rayos al ritmo de la música. Una vez llegó la calma, volvimos a Biophilia con Mutual Core pero rápidamente llegamos al combo celestial: Hyperballad mezclada con Freak de LFO y Pluto, en la que la bobina de Tesla, las chicas y el público volvieron a darlo todo. Y Björk, danzando como una niña parapetada tras su casco de pinchos, volvió sólo para deleitarnos con una potentísima Declare Independence y desapareció, discretamente por un lateral, antes de que acabara.

Y eso fue todo en el Berlin Festival 2013, un festival emplazado en un lugar único, con una organización excelente –imposible encontrar retretes portátiles más limpios que los del recinto–, un cartel de primera, gente tranquila, y sobre todo, ninguna aglomeración. ¡Esperamos repetir el año que viene!

Puedes ver todas las imágenes del Berlin Festival en el Flickr de scannerFM.

Con las actuaciones de Björk, Blur, Fenech-Soler, Get Well Soon, John Talabot, Klaxons, MIA., My Bloody Valentine, NYPC (New Young Pony Club), Pet Shop Booys, Savages y Villagers.

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