El trío americano Blonde Redhead saca muy buen nota de su paso la sala Razzmatazz. Su dream pop bañado por un post-rock melancólico y de lo más experimental arropó a una sala que rozó el lleno. Los diez años que han pasado de aquella modesta actuación en el Primavera Sound, tal vez eclipsada por nombres como The Smashing Pumpkins, The White Stripes, Patti Smith o Wilco, se han hecho eternos para unos fans muy devotos de la banda afincada en Nueva York.

Con la timidez que les precede y cabizbajos, aparecían los gemelos Amedeo y Simone Pace y la nipona Kazu Makino, entre una gran ovación. Acto seguido, una emotiva ‘Falling Man’ rescatada de su “Misery Is a Butterfly” (2004) sería la encargada de abrir un setlist meticulosamente escogido y que no dio concesiones de ningún tipo y menos al aburrimiento.

Bipolar’, de su tercer álbum “Fake Can Be Just as Good‘, (2007) sería la encargada de ir dando forma al viaje que acabábamos de emprender y del que nos dejamos impregnar por las texturas y sonidos psicodélicos, arreglos que cabe decir, muchos venían hechos de casa. Hecho que no empañó para nada un concierto que supo combinar la melancolía con la energía. Así lo pudimos ver en ‘Elephant Woman’, derroche de voz de Makino, al mismo tiempo que flirteaba delicadamente con su teclado. 
“Barragán”, su disco más reciente, aportó grandes momentos a la noche: el primero vino de la mano de Amedeo Pace, poniendo voz a una ‘Mind To Be Had’ ensoñadora, casi diez minutos de auténtico noise donde lo más acertado era dejarte llevar a su terreno. Sin dejar “Barragán”, enlazaban con una preciosa ‘No More Honey’, ‘Defeatist Anthem (Harry and I)’ y una increíble ‘Dripping’ que casi nos llevaría al final del concierto.

Antes repasaron su EP “3 O’Clock”, que verá la luz los próximos días y del que sonó gran parte, hasta tres de los cuatro temas: ‘Where Your Mind Wants To Go’, ‘Three O’Clock y abriendo el bis con ‘Give Give’. Ésta, después de un merecido paro que se hizo eterno entre los asistentes, dejando muy buen sabor de boca al ver la compenetración entre Amedeo y Makino al cruzar voces mientras que él se movía tímidamente en busca de una Makino estática y con mirada perdida.

Creo que nadie pondrá en duda que uno de los momentos más mágicos llegaría con ‘23’, tema que sonó rotundo y que dejó claro por qué siguen siendo uno de los grandes exponentes al mismo tiempo que precusores de la escena post-grunge americana de los 90. Llegaríamos al final de la misma manera que empezaron, tirando de “Misery Is A Butterfly”. Los riffs y la furia del estribillo de ‘Equus’ serían los encargados de romper la estabilidad emocional que se vivió a lo largo de la actuación, sacando la parte más grunge del trío y cerrando una noche que será recordada por mucho tiempo.

El único pero (por poner alguno) es la falta de algún tema de “Penny Sparkle” (2010). ‘Here Sometimes’ o ‘Will There Be Stars’ hubieran sido el colofón a una noche donde la versatilidad, los sofisticados sonidos y el saber estar tantos años después siguen haciendo más grande a un grupo que ya se les puede considerar de culto.

Texto: Manel Ferrer | Imágenes: Toni Rosado