Crítica: Damien Jurado – “Brothers and Sisters of the Eternal Son”

Crítica: Damien Jurado – “Brothers and Sisters of the Eternal Son”

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martes, 21 enero 2014
Discos

Damien Jurado era aquel chico de tu clase -que por desgracia nunca solías ser tú- al que el primer día de curso el profesor le ponía cara de notable y que, durante el resto del año, hiciese lo que hiciese, siempre tenía esa nota asegurada. No obstante, y pese a esa chamba, Damien nunca se relajó y mucho menos renunció a que sus trabajos bajasen de esa nota, llegando a alcanzar la matrícula en alguna que otra asignatura, como en lite.

Si el hilo argumental de su anterior trabajo “Maraqopa” tejía una historia a través de diez canciones en las que su protagonista, tras sobrevivir a un grave accidente de tráfico, termina llegando a una comunidad que espera la llegada de un Mesías, para esta ocasión, en su nuevo “Brothers and Sisters of the Eternal Son“, Jurado vuelve a tirar de imaginario para parir un álbum que continúa la saga iniciada con su predecesor. En este undécimo trabajo de estudio del artista y secuela de “Maraqopa“, su protagonista principal continúa el viaje iniciando hacia el fondo de su propio ser, rodeado por un mundo en el que se siente desconocido, extraño, y donde debe hacer frente a nuevas  sensaciones, atravesando nuevos caminos por explorar y aventurándose en rutas hacia lo desconocido o, al fin y al cabo, hacia sí mismo. Una idea que Jurado capturó en un sueño y que plasma a lo largo de un álbum donde el folk intimista habitual en él coge de nuevo cuerpo gracias al trabajo de Richard Swift, aquel músico que un día le dijo eres bueno chaval, pero podrías ser mejor con unos buenos arreglos y con algo más de ropa. Desde entonces, su colaboración ha sido un acierto. “Saint Barlett” en 2010, “Maraqopa” en 2012 y ahora este nuevo largo que viene a completar la trilogía Jurado-Swift que tan bien ha sentado a la música del artista de Seattle, dejando a un lado al cantautor acústico y austero para dar paso a un artista rico en matices y expresividad.

“Brothers and Sisters of the Eternal Son” es la muestra definitiva del cambio. Sus canciones ganan fuerza a medida que avanzan,  la desnudez y la fragilidad que aparentan en un principio se desvanecen a medida que pasan los segundos… El rock, el folk y la psicodelia más tímida se disputan la mano a  través de delicados dibujos sintéticos, arreglos orquestales y finura acústica marca de la casa que no hacen más que poner de nuevo en relieve la capacidad musical y literaria de un artista que diecisete años después de su primer examen, sigue sin bajar el codo, firmando notables altos como el que parte nueces con las nalgas. Sin duda, el primer imprescindible del 2014.

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