La superficial sexualidad de una prostituta adolescente.

Que a los franceses les gustan mucho las chicas guapas está claro, pero si son igual de vacías que nuestra protagonista cualquiera querría que le devolviesen su dinero.

El director François Ozon vuelve a tropezar tras remontar con la aplaudida “En la casa” de hace 2 años con la que dejó boquiabiertos a crítica y público, en un trabajo que se queda a medias y no consigue transportarnos al mundo interior de sus protagonistas.

Vista a través de la mirada de su hermano pequeño, nos introducimos en el relato como voyeurs detrás de los prismáticos con los que la observa en la playa. Ella es Isabelle, una bellísima adolescente que envuelta en unas melancólicas vacaciones en la playa se desflora y empieza a descubrir su cuerpo y el poder que tiene sobre el sexo masculino.

Dividida por las estaciones del año y con su correspondiente canción, vamos observando su paso de tímida adolescente a independiente prostituta de lujo mientras avanza el año y la confusión se adueña de nosotros. ¿Qué pretende Isabelle?

A priori interesante a pesar de que la historia nos suene,  el último trabajo del cienasta se queda en eso, mucho lirili y poco lerele, ya que a diferencia de la “Belle de Jour” de Buñuel, en “Joven y Bonita” no acabamos de empatizar con nuestra fría y distante protagonista ni en los peores momentos. Y no son muchos, pero uno en concreto revolvería el estómago a cualquiera y a ella no parece importarle demasiado.

Una fotografía impecable y unos buenos secundarios como el del hermano o el padrastro ayudan a digerir mejor el largometraje, que por mucho sexo y morbo que desprenda la protagonista no basta para dejar claro cuál es el trasfondo de la historia. Si lo que quería Ozon es hacer una crítica contra la sociedad y los contados roles en los que se encasilla a la mujer se quedado corto. Le falta provocación y le sobra nostalgia. Aunque sea sólo para acabar de descubrirla, Marine Vacht tiene asegurado el futuro en el séptimo arte.

Nuestra nota:

5

Lo mejor:

El hermano pequeño.

Lo peor:

No saber más de su familia.

Y nuestra pregunta:

¿Qué hay detrás de la mirada de Marine Vacht?

Isabel Sánchez-Vallejo

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