Café y cigarrillos a la alemana.

Jan Ole Gerster dirige su primer largo encumbrándose como el líder del nuevo cine alemán con Berlín como guía.

En blanco y negro y con una banda sonora de jazz que recuerda al mejor Woody Allen, “Oh Boy” sigue a Niko durante una jornada que empieza con mal pie y acaba con peor.

Entre el drama y la comedia negra a ratos, en el día de Niko todo sale mal y ni su padre está de su parte al descubrir que hace dos años que dejó la universidad. Tropezándose con personajes de todo tipo a los que les une el sentimiento de soledad, la ciudad parece ir en contra de todos ellos en este viaje hacia lo desconocido en el que Niko se  deja llevar mostrándose bastante indiferente a priori.

Muy acorde con los tiempos que corren, cualquiera que esté en su veintena o treintena seguro que siente que tiene algo en común con el personaje caracterizado por Tom Schilling, un chico que no sabe ni de dónde viene ni a dónde va y se siente totalmente ajeno a su entorno y a sus conocidos. Una generación perdida en grandes urbes hostiles que parecen a veces reírse de nosotros. Parece que el sueño alemán no es tan dulce como nos lo quieren pintar.

Fresca y ágil como los primeros trabajos de Jarmusch, referente indudable del director al igual que la Nouvelle Vague, esperaremos ansiosos el próximo movimiento de Gerster.

 

Nuestra nota:

7

Lo mejor:

Nunca nos cansaremos de Berlín.

Lo peor:

La desolación con la que nos deja.

Y nuestra pregunta:

¿Es el café gourmet el gran timo moderno?

Isabel Sánchez-Vallejo


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