Los 25 años que la banda californiana hacía que no visitaba Barcelona quedaron saciados con un contundente show que tiró de todos sus recursos. En lo musical, solos de guitarra que estremecían a cualquiera, himnos para parar un tren, versiones y covers que engrosaron un repertorio de hasta 31 temas, haciendo un setlist muy pero que muy generoso. En el aspecto escénico no se quedaron cortos para nada, un enorme escenario a diferentes alturas y custodiado por dos inmensas pantallas, una a cada lado, fueron el marco perfecto para un concierto que recurrió ocasionalmente a fuego y pirotecnia.

Las más de 50.000 personas de diferentes edades que se congregaron a modo peregrinación en el Estadi Olímpic fueron testigos de una reunión histórica. Desde que Axl Rose, Slash y Duff McKagan firmaran la paz hace un par de años, dejando atrás las rencillas del pasado, los fans barceloneses morían por un concierto de los ya no tan chicos de Hollywood y éstos firmaron un concierto casi redondo y que seguro será inmortal para muchos.

 

Desde que arrancaran con It’s So Easy después de una larguísima intro pudimos ver por dónde iban a ir los tiros y nunca mejor dicho, porque como tiros fueron los temas de “Appetite For Destruction”, disco que aportó el 25 por ciento del concierto y del que rescataron temas como Mr. Brownstone, Rocket Queen o una prematura Welcome To The Jungle que volvió loco al personal y que seguro se esperaba más en el tramo final del concierto.

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Los volúmenes I y II de “Use Your Illusion” fueron los otros grandes protagonistas de la velada, aportando el otro 25 por ciento y dejando dos piezas que, para el que firma estas líneas, fueron claves. La primera vendría de la mano de una tierna Don’t Cry con un Axl soberbio derritiendo a todo un personal, que terminaría por ser protagonista al poner los coros a una pieza de las grandes triunfadoras de la noche. La otra, y como no podía ser de otra manera, fue una November Rain celestial diría yo, con un Axl enfundado en su piano derrochando melancolía y dejándose una voz que poco después echaría en falta.

Los covers también estuvieron presentes a lo largo del setlist. Duff McKagan se encargó de capitanear a los Guns con una demoledora Attitude de los Misfits, Knockin’ On Heaven’s Door de Dylan, The Seeke de The Who que sonaría en los bises o el homenaje a Chris Cornell con Black Hole Sun de Soundgarden fueron los más destacables.

Lo de Slash a las cuerdas fue otra de las grandes atracciones, ya que nos deleitó con una auténtica masterclass a lo largo de todo el concierto, dejando momentos realmente increíbles, con solos como el de Speak Softly Love de la banda sonora “El Padrino” o en Sweet Child O’Mine. Pocos reproches a un concierto casi redondo, rozando las tres horas y media de disfrute que cerraría una Paradise City transportándonos por unos minutos a nuestra adolescencia y poniendo la guinda a uno de los pasteles más grandes que han pasado por la ciudad en lo que llevamos de año.

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