Crónica del #sonar2013 pt.2

Crónica del #sonar2013 pt.2

Like
610
0
martes, 25 junio 2013
Eventos

Tras la crónica del primer día del Sónar 2013, Darth Mike ha estado unos días reflexionando sobre lo mejor y lo peor del 20º aniversario del festival y el resultado es esta crónica definitiva: 

“Day and Night”, que decía Kid Cudi. El gran debate de esta edición (bueno, a parte del de los críticos haters), que se ha zanjado con un merecido vencedor. Porque el Sónar Noche ha bajado algunos puntos y el Sónar día ha subido de manera exponencial para situarse en un nivel aún más serio del que ya tenía si cabe.

village

Pero vayamos por partes, empezando por las cosas que nos encontramos el mismo viernes después de la primera toma de contacto. Unos Za! que despertaron el interés de muchos y llevaron su música esquizofrénica y experimental al Sónar Hall.

Un inicio desde el suelo percutiendo las barras de la mesa de sonido y animando al personal a sumarse a una fiesta de ruido y locura. Pero muy bien. Ese mismo día estuvieron We Like Turtles, Drömnu y Begun, lo que hace pensar que Sónar sí tiene vista para los de aquí y lo que es aún mejor, que realmente existe un aquí.

Después de un comienzo de lo más loco con Za! el Sónar Hall se convirtió ese día en un escenario protesta muy curioso y atractivo. Una especie de antistablishment dentro del stablishment que supone Sónar. Empezando por Atom TM, quien arrancó la ira (no hacia él) y pasión de los presentes desde el primer tema con un vocoder y unos visuales pegadizos que se dedicaron a rajar de los grandes grupos que dominan el mundo (Disney, MGM, Warner, etc.), diciéndoles que nos dejen en paz ya, joder. Y la cosa funcionó. Un clima muy especial, de indignación y vanguardia artística que devolvió al Sónar a donde empezó, hará esos veinte años.

Le siguieron Diamond Version, que optaron por seguir el mismo camino de manera más sutil y subconsciente. Subieron el listón musical de complejidad (Atom sonaba, intencionadamente, retro) y pusieron a prueba los límites del soundsystem de la sala. Nos presentaron un futuro jodido, peor que con Skynet.

lidell

Así que huí como pude al exterior para recuperar la luz que alguna vez hizo brillar nuestra civilización, y ahí le encontré a él. Jamie Lidell que había viajado desde los 80 con un Delorean, armado con gabardina, sintes y hasta un peinado dignos del mejor Bret Easton Ellis. Eso sí, toda esta parafernalia responde a que realmente su voz, tiene un carisma que se sale de lo normal: clavó todos y cada uno de los descarados homenajes a la música pop pre 90’s. Y hasta se marcó un acapella final animando a la gente que estaba más por technasia que por popasia. Un grande. A todo esto, la masa fue aumentando respecto al día anterior y además de los estilismos típicos de Guiri-darlotodo & Mediterráneamente se sumaron los “Barbas Zombies”. Hang on, Kids.

Hubo una época en la que el techno dejó de molar. Llegaron Justice y su crepitar de bajos, exagerada bajada de pitch y gastadas chupas de cuero, y eso se convirtió en lo más. Los tipos delgaduchos y vampíricos de finos dedos que acariciaban vinilos se fueron, de golpe, a la papelera de reciclaje. Fingir lives y saltar al público se convirtió, más que en una religión, en la única manera de vender discos y conciertos. Y así nacieron muchos de los que a día de hoy navegan con barcas hinchables sobre el público mientras los platos pinchan solos.

justice

Pero mientras todo esto sucedía, en esa papelera se estaba gestando algo nuevo. Algo mágico. En un laboratorio de Berlín, dos científicos estaban manipulando la cadena del ADN del techno para insuflarle ese coolness que terminó por perderse entre generaciones. Y, aunque parezca paradójico, eso nos devolvió al mono. Porque con “MonkeyTown” Modeselektor devolvieron al techno la camiseta titular que durante tantos años ha estado cedida a otros jugadores. Un dj Set de golpe en la mesa para demostrar que se puede seguir siendo moderno aunque te guste el techno. Así que, después de presentar por sopresa a Siriusmo en su set durante media hora, cerraron el Sónar de día por todo lo alto.

En definitiva, un menú de lujo que realmente abarca toda la actualidad de la música electrónica en sus trillones de subgrupos. Recintos pensados para el máximo disfrute de los shows. Espacio para vivir y dejar vivir a los demás. E incluso propuestas experimentales, audiovisuales y de nuevas tecnologías. Así que, barcelonins, y gente que viene desde donde sea para el Sónar.

¿Qué más se puede pedir?

kraftwerk

Sónar de noche. Otro gallo canta.

La cosa empezó con la confirmación de Skrillex para el cartel de este año y siguió con los puristas indignados que preferían a Jeff Mills por dieciseisava vez consecutiva en el Sónar antes que verlo arder. EDM. El dichoso EDM se nos come el Sónar. Decían algunos. Pero era otra profecía sin fundamento que sólo sirvió para violar las mentes de los más sensibles.

Señoras, señores. El Sónar siempre ha tenido mainstream. Y eso no es algo negativo. Si se quiere abarcar algo inabarcable hay que traer lo que está petando, por muy comercial que sea. Ya seremos nosotros los que juzguemos si ha valido o no la pena. Así que dejémonos de debates absurdos porque en el cartel estaban Ángel Molina y Richie Hawtin que bueno, que vale, QUE YA ESTÁ BIEN. Así que ni hablar de que si Squirrellex es o no es Electronic Dance Music. Para mí lo único criticable del Sónar es que se vendan entradas a según qué individuos que estarían, seguro, mucho mejor en el antisonar, la playa de after o en cualquier centro de reinserción.

pet

En el fondo la oferta de noche tampoco era tan buena (como la de día), solo que se tiraba de cabezas de cartel tipo Kraftwerk y Pet Shop Boys que por sí solos ya llenan festivales. Lo más destacable, un Major Lazer que sorprendió positivamente a todo el mundo como pedazo de show que es. A caballo entre el Dj set y el directo, pero sin ser ni una cosa ni la otra. Parafernalia fina de la república independiente de los Lazers, visuales golosos, bailarinas de videoclips bootieros… y musicón. Claro.

lazer

Aunque finalmente lo más esperado, comentado y criticado fue el espectáculo de Skrillex. Que vino con lo que prometió, pero enfundado en una camiseta del Barça para deleite/o/crucifixión de muchos. Pero él a lo suyo y con solvencia. Sólo aguanté diez minutos de dinosaurios disparando lásers alternados con bombos y snares, pero la cosa sonaba bien. Un #oletú por Skrillex que demostró ser alguien a quien se puede invitar a casa si se trae su pijama.

Así que en resumen: mucho contenido, mucha calidad y muy buena organización en casi todos los ámbitos. Victoria a favor del Sónar de día por goleada, eso sí. Y sólo nos queda dar las gracias por tener la suerte de poder disfrutar de tal festival, como quien dice, en el jardín de nuestra casa.

Una crónica de Darth Mike. Fotos de Toni Rosado

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto:
XXX