Crónica del VIDA Festival 2017

Crónica del VIDA Festival 2017

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jueves, 06 julio 2017
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El Vida Festival ha llegado a su cuarta edición, la más ambiciosa hasta la fecha. La ascensión meteórica de este festival dentro del emplazamiento bucólico que es la Masia d’en Cabanyes en Vilanova i la Geltrú hace que nos replanteemos hasta dónde puede crecer el festival, para evitar que se masifique y siga manteniendo ese equilibro entre los festivaleros y las familias que no quieren renunciar a la música en directo. Pero de lo que no tenemos ninguna duda es que el Vida Festival se ha consolidado como un evento de referencia de nuestro país.

La principal novedad de este año ha sido la ampliación de dos a tres jornadas principales, una ampliación que probablemente para muchos fuera innecesaria ya que la medida de dos días de festival es perfecta: bien por los asistentes de la comarca ya que así se puede disfrutar de un día más de festival, aunque el jueves registró la menor entrada de espectadores de los tres días (datos no oficiales), pese a haber agotados los abonos tres semanas antes del festival. Según la organización, 32.000 personas son las que han pasado por esta edición (7.000 más que en 2016), lo cual confirma que el festival puede crecer a lo ancho (en un día más), pero no más en número de asistentes diarios, pues perdería esa magia que ha conseguido y podría masificarse como cualquier otro festival (situaciones que hemos atisbado en algún momento muy puntual pero nada más allá de lo normal).

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JUEVES

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Dimos el pistoletazo de salida al Vida con Joan Miquel Oliver en el escenario Estrella Damm. El mallorquín presentó los temas de “Atlantis” (2017), un trabajo que retoma la senda del tropicalismo que siguió con su anterior álbum “Pegasus” (y que ahora forman parte de una trilogía casi involuntaria, con el tercer largo aún por publicar más adelante). Parcels fueron una de las gratas sorpresas de esta primera jornada, una banda de cinco jovencísimos amigos que si os decimos que firmaron por el sello francés Kitsuné ya os podéis hacer una idea de qué sonido os espera, pero no hay mejor carta de presentación que la de tener como productores a Daft Punk, con quienes también han co-escrito algunos de los temas de “Overnight”. Grooves con mucha pegada, funk y sintes que nos hicieron bailar sin parar.

El momento más esperado del jueves fue el concierto de Phoenix. Los franceses vinieron a presentar su último álbum “Ti Amo”, un álbum un tanto edulcorado y sin demasiada chicha pero efectivo para la temporada festivalera. “Wolfgang Amadeus Phoenix” (2009), su gran pelotazo con permiso de sus otros hits anteriores (‘If I Ever Feel Better’ y ‘Long Distance Call’), sigue siendo el gran estandarte de sus conciertos, tocándolo prácticamente en su totalidad en directo. Thomas Mars (marido de Sofia Coppola) empezó el concierto más estático de lo habitual para acabar lanzándose al público en los últimos temas de su set. La banda irradió energía por todas partes, con una puesta en escena muy resultona donde los músicos tocaban sobre una pista de baile de cristal de donde emanaban juegos de luces resultones (lástima que solo se viera reflejado por las pantallas con una cámara cenital, ya que horas antes de su concierto se rompió el espejo que tenía que hacer de reflejo).

Y para cerrar la primera jornada… ¿qué mejor que un directo de Las Bistecs? El dúo de electrodisgusting más famoso del momento (solo hay uno, vaya) sigue cosechando éxitos y paseando su flamante debut “Oferta”, una retahíla de hit tras hit a cada cual más bizarro y gamberro que tiene enamorada a toda su parroquia. Y no éramos pocos.

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VIERNES

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En la segunda jornada estrenamos el escenario El Vaixell con la murciana Lidia Damunt, quien presentó su reciente “Telepatía”, un álbum más pop que sus anteriores entregas. La ex-Hello Cuca estuvo muy dicharachera, dominando las distancias cortas. Enganchamos su directo con el de Dr. Dog en el escenario Masia. El quinteto de Pennsylvania lleva a cuestas una muy prolífica carrera (9 álbumes en 15 años e innumerables EP) que bebe tanto del sonido de los años sesenta como de los noventa. Uno de los pilares escondidos del indie rock que presentó “Abandoned Mansion”, un álbum que puede mirar a la cara a sus clásicos “Fate”, “Shame Shame” o “Be The Void”, sin embargo nos dio la sensación de que había poca química entre ellos, cumpliendo el expediente. No fue para tirar cohetes.

Es el turno de Devendra Banhart, quien abrió el escenario grande del festival envuelto de una mística… ¿un tanto excesiva? Nos gusta el Banhart amigo de todos los seres vivos de este planeta y que habla de temas románticos, pero ciertamente fue un inicio de concierto un poco desconcertante con parlamentos demasiado largos. En cualquier caso, el de Houston de adopción venezolana vino a presentar “Ape in Pink Marble” (2016), un álbum que recoge el testigo de “Mala”, bastante más oscuro que su predecesor y que defendió en el Vida parapetado por una banda de lujo. Banhart encandiló a todo el mundo, muy comunicativo con el público, quien respondió acorde a los  gestos mesiánicos del artista. Con él llego el primer homenaje a Bowie en el Vida, con su particular versión de ‘Sound And Vision’.

Como no podemos estar en misa y repicando, optamos por ver un poquito de Real Estate (que no se diga…) pero optamos por el combo Tversky + Los Punsetes. ¡Y fue una buena elección! Por lo menos la más divertida. Los locales Tversky pusieron el escenario La Cabana Jägermusic patas arriba con su house y electrofunk; hace tiempo que ya quedamos prendados de la voz de Alan Imar (también saxofonista y flautista) y de las mezclas de Xavier Paradís (ex-miembro de Boreals). Geniales, como también lo estuvieron Los Punsetes en el el escenario La Cova Movistar. Este grupo de amigos de Madrid lo tiene todo: ironía a raudales, hits generacionles incontestables del indie patrio, guitarreros y un rollo arty genial (la estática pose de su cantante Ariadna hizo incluso sufrir a aquellos bailongos incapaces de no mover el cuerpo al ritmo de la música). Y el nuevo álbum “¡Viva!” suena de fábula.

Con el tiempo justo llegamos a The Flaming Lips en el escenario principal, el gran reclamo del festival. Seis años han pasado ya desde su última actuación en el Primavera Sound 2011 y parece que nada ha cambiado para Wayne Coyne. El guión vendría a ser el mismo de los últimos 15 años: inicio espectacular tirando la casa por la ventana, confeti a cascoporro, globos por doquier, todo realmente apabullante, ¡paseíllo en unicornio incluido! Pero Wayne Coyne lastra problemas de voz, con llamadas continuas al público para hacer sing-alongs, y en los agudos donde Wayne no llega, llega su banda. Por el contrario, los espectaculares altavoces de subgraves del escenario principal compensaron las limitaciones de Wayne e hicieron vibrar todas y cada una de las células de los espectadores de las primeras filas, que tuvieron que recular por el bien de sus oídos. Fue reconfortante ver las caras de felicidad de todos aquellos espectadores que veían a The Flaming Lips por primera vez,  y no se dejaron ninguno de sus hits más célebres (‘Raze For The Prize’, ‘Yoshimi Battles The Pink Robots’, ‘The Yeah Yeah Yeah Song’, ‘Do You Realize’), y protagonizaron el momento más emotivo del festival con una versión del ‘Space Oddity’ de Bowie cantada por Wayne dentro de una bola paseando por encima del público, quien animó al resto de bandas del festival a tocar una versión del Duque Blanco. Sin embargo, seguramente una retirada a tiempo sea una victoria y la mejor manera de dejar el nombre de The Flaming Lips en lo más alto del olimpo indie.

Después de varios años sin directos de La Casa Azul, el retorno del proyecto principal de Guille Milkyway volvió con una imagen renovada, más sobria pero igualmente impecable y una formación más cercana a clásico de grupo indie que lo que nos tiene acostumbrados. ‘Podría ser peor’, el primer sencillo del próximo álbum abrió una ristra de hits incontestables de toda su carrera, desde ‘Chicle Cosmos’ hasta ‘Superguay’ pasando por la aclamadísima ‘Cerca de Shibuya’ o ‘No Más Myolastan’. Guille pasó del keytar a la guitarra, y a medida que avanzaba el concierto las canciones sonaban cada vez más power pop, exceptuando el momento al piano con una delicada ‘Como un fan’. ‘La Revolución Sexual’ fue el broche de oro a lo que fue, dicho por él mismo, “uno de los mejores conciertos de su vida”.

Cerró la jornada del viernes el catalán John Talabot. Lo hizo con un set ecléctico y muy festivo; afrobeat, disco clásico o italo contemporáneo que creó debate, agradó a una parte del público y disgustó a otros tantos.

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SÁBADO

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Encaramos la última jornada del festival con uno de los conciertos más esperados: el de Rosalía & Raül Refree, quienes presentaron su álbum conjunto “Los Ángeles”, todo un éxito de crítica y público. Pese al bonito emplazamiento del escenario El Vaixell (ideal para este tipo de directos acústicos), hubiera sido mejor haber ubicado este concierto en el escenario Masia. Sí que perdería un poco de magia, pero lo cierto es que en El Vaixell no cabía ni un alfiler y se hizo un poco incómodo poder disfrutar del arte de Rosalía: la voz de la cantaora se fundió con los acordes de Raül Refree, a veces un tanto anárquicos revistando las leyes del flamenco. Toda una demostración de la química que tienen ambos artistas.

Los catalanes Mishima consolidan su estatus de estandartes del pop rock catalán, saboreando un momento dulce, disfrutando de una fiel legión de seguidores. A medio camino entre el indie y el folk, con letras cercanas a su público, presentaron su nuevo álbum “Ara i res” en muy buen estado de forma. Sorprendió el buen rollo que desprendían entre ellos, y los nuevos temas (‘L’Or’, ‘Jimi’, ‘S’haurà de fer de nit’, ‘Qui més estima’) se fueron alternando perfectamente con sus clásicos de siempre (‘Tot torna a començar’, ‘La tarda esclata’, ‘Un tros de fang’ o ‘Guspira, estel o carícia’).

Pocos artistas han tenido la suerte de actuar en diferentes ediciones del Vida, y este es el caso de Maarten Devoldere: lo vimos en 2016 con su banda Balthazar y en esta última edición lo hemos visto con su proyecto Warhaus, un concierto intenso y elegante, acompañado de la voz y los sensuales movimientos de Sylvie Kreusch. Muy a tener en cuenta su debut We Fucked a Flame into Being (Pias, 2016).

A una hora de la medianoche, el esperado retorno a los escenarios de Fleet Foxes ya era una realidad. La expectación generada fue acorde a los allí presentes, aunque para muchos costó entrar en el directo de los de Seattle: “Crack-Up” es su retorno tras seis años de parón y, pese a que fue un concierto perfecto en ejecución, los nuevos temas no acabaron de cuajar entre el público. Este tercer álbum apenas lleva dos semanas en el mercado, seguro que con un poco más de margen hubiera tenido una aceptación mayor, como sí tuvieron hits de su debut como White winter hymnal’.

Chico y Chica se presentaron desenfadados y teatreros, como dan a entender a través de sus canciones. A la vista, solo un ordenador y un micrófono. Suficiente para que Alicia y Madelman ofrecieran un espectáculo tan divertido como cercano. Entre tema y tema ella no paraba de hablar e interactuar con el público y él, más tímido, le dejó todo el protagonismo. En ‘Findelmundo’, ‘No me preguntes la hora’ o ‘Cenas y cines’ los presentes cantaron tanto y tan alto que hicieron que en algunos momentos Alicia pasara desapercibida. Aún así, nada comparado con el momento ‘Tú, lo que tienes que hacer’, un himno y una declaración de principios que dieron sentido al concepto “felicidad” durante todos y cada uno de los segundos que duró y que dejó a gran parte de los oyentes coreando “otra, otra” hasta pasado un buen rato.

Camino de cerrar esta edición del Vida, los músicos de Jagwar Ma aparecieron en el escenario principal pero no fue hasta un buen rato después que salió su líder Gabriel Winterfield tras solucionarse una serie de problemas técnicos relacionados con los altavoces. El trío de Sydney pasó como una apisonadora sobre la pista principal del Vida, donde éramos pocos pero muy bien avenidos. Jagwar Ma nos propinaron un viaje de acid y psicodelia que nos recordó a toda la escena Madchester, de quienes son dignos herederos.

Del remate final se encargó The Magician, el DJ belga con los remixes más bailados de los últimos años ofreció una sesión de house con pinceladas de EDM que hizo las delicias de los festivaleros más verbeneros. No faltaron temas de su cosecha como ‘Sunlight’, su hit con Years and Years o los celebérrimos remixes del ‘Rather Be’ de Clean Bandit y Jess Glyne o ‘I Follow Rivers’ de Lykke Li, que a pesar de lo que pudiera parecer encajaron perfectamente con el público y le hicieron despedir el festival con una sonrisa de oreja a oreja.

Imágenes: Toni Rosado

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