La revolución ya está a tu alcance
- Wednesday, December 2, 2009, 9:36
- Cultura
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Blackie Books es la editorial de Jan Martí que durante las últimas semanas ha llamado la atención en la redacción de scannerFM por su variada temática a la hora de confeccionar un catálogo donde parece cabe de todo. Sobretodo nos ha atraído su primer libro, la reedición en castellano del manifiesto yippie redactado a finales de los 60 por su ideólogo Jerry Rubin. Voy con el libro hasta las dependencias de la joven y arriesgada editorial ubicada en el barrio de Gràcia para hablar con Jan y de paso que me explique de sus aventuras editoriales. Por el camino me saluda un hombre de unos 50 años con pinta de eso mismo, de yippie norteamericano, algo ajado pero yippie a fin de cuentas. Cuando se da cuenta del libro que llevo en la mano me pide que se lo deje para enseñárselo a un chico bastante más joven que está a su lado y acto seguido le dice: “Cuando en España dictadura. En EE.UU. tiempos de revolución”. Eso mismo quería decirles a ustedes, ahora tocan tiempos de revolución. O por lo menos de intentarlo.
“El objetivo final de este proyecto no está decidido: dejaremos que los libros se ocupen del asunto, pero seguramente acabe teniendo que ver con lo que entendemos por belleza”, Blackie Books de Blackie Books.
Primera pregunta obligada: ¿Se puede adivinar la línea de publicación de Blackie Books.
Nuestra línea es muy heterodoxa. Todavía no sabemos a donde queremos llegar. Para muestra un botón de los cuatro libros que hemos sacado hasta ahora: Do it es quizás el más político-social, el otro, el de Los Simpson está centrado en la filosofía desde una óptica más bien pop, el tercero son las memorias de Mark Oliver Everett frontman del grupo Eels y el último que está al caer es un libro de 1891 jamás editado que explica la historia del Tutú. Vamos a seguir así más adelante con el diario del director Werner Herzog mientras filmaba Fitzcarraldo. También tenemos pensado sacar Peyton Place que es un bestseller medio prohibido de los años 50 que se considera el padre de la serie Twin Peaks. También queremos sacar algo de literatura infantil. En resumen, estamos hablando de una sola colección que se llama Blackie Books y que si algo tiene claro es que no sabe a donde va a ir a parar.
Entiendo que hacéis un poco de arqueología cultural que es algo que se está practicando mucho en nuestros días gracias a internet… Recuperar esas joyas que en su momento pasaron de puntillas.
Sin duda. Soy uno de esos hombres para los que el mundo real ha pasado a ser internet. Me pierdo en esos saltos que hago de link a link. Sobretodo porque alucino con la cantidad de cosas que han pasado desapercibidas y que no deberían. El mercado literario está abusando del concepto novedad. Cosa que no entiendo porque está claro que un libro no tiene por qué ser bueno por ser nuevo. Hay que intentar frenar ese ímpetu incesante por lo nuevo.
De hecho el criterio novedad está algo demodé, se lleva más aquello de lo nuevo de lo viejo. Por lo que te decía antes. Parece como que se busca remover el pasado para poner de actualidad algo que pertenece al pasado pero que tiene vigencia en el presente. El manifiesto “Do it” sería un ejemplo de esto.
Nosotros no tenemos en cuenta el factor tiempo cuando estamos leyendo un libro. Cuando leí el libro me pareció adecuado sacarlo en español sobretodo por dos motivos: por la gente que lo leyó a escondidas en su momento y por mi generación que no sabíamos de la existencia del movimiento “yippie”.
Si existieran, los yippies tendrían ahora un campo abonado para sus acciones en internet…
Pues no sé si existen. Los yippies eran de la opinión que había que utilizar los medios sin ningún tipo de prejuicio para expandir la protesta que debía ser global. Abogaban por hacer la revolución a través de la televisión en color. La suya era un tipo de protesta muy original y divertida. Y sobretodo muy mediática.
Jerry Rubin concibe la televisión como instrumento de agitación. Lo cual leído ahora, parece hasta inocente por su parte.
Rubin lo que hace es meterse en el vientre de la bestia. Busca la provocación para expandir su protesta. De hecho nosotros estábamos pensando en hacer algo parecido. Me comentaban que en el programa Sálvame de Tele 5, Karmele Marchante -que por cierto en su juventud fue yippie o casi- siempre tiene un libro en la mesa del plató. Y yo pensaba en que sería un buen homenaje post-yippie conseguir que el Do it apareciera en ese programa. Nuestra forma de promoción es siempre gratis y para eso está internet.
En internet los medios oficiales están muy desprestigiados. La promoción ahora es más sutil. Se utilizan preescriptores que a su vez llegan e influyen a micro-audiencias.
Desde mucho antes de que se inaugurara la editorial cree una falsa identidad en Facebook que era Sam Cedarro que se convirtió en alguien muy famoso en la red con más 4500 amigos. En realidad no era nadie más que yo. Cuando todo le mundo lo conoce, el tipo va y monta una editorial. Esa fue la estrategia que nos inventamos para dar a conocer a Blackie Books. Todo el mundo en el sector editorial conocía a Sam Cedarro, por lo tanto era público de nuestra editorial antes incluso de montarla. La editorial casi se promocionó sola.
Volviendo a Rubin. Me interesa mucho como define a sus contrincantes que tal y como el explica no fueron tanto los republicanos si no más bien los demócratas liberales de Kennedy.
Es una de las grandes propuestas y causas por la que se ha ocultado quienes eran relamente los yippies. Se ha hablado de Praga y París pero nadie habla de esta gente porque protestan contra la izquierda oficial. Me parece muy adecuado sacar esta confrontación a la palestra en tiempos en los que todo el mundo sabe que la izquierda no es realmente izquierda. En general, en los que hay mucha gente que no encuentra quien le represente en el Parlamento. Rubin deja claro que los que están en la derecha en realidad les están ayudando porque son precisamente los republicanos los que refuerzan sus tesis revolucionarias y de esta manera los hacen justifican. En cambio los yippies no se pueden categorizar en ninguna de la gamma de colores del ala izquierda. Ni siquiera son anarquistas. Se quejan de la izquierda instalada en el poder que además manda jóvenes a luchar en Vietnam.
Se podría establecer un paralelismo con Obama que es el actual salvador de las libertades pero se ve maniatado para cerrar Guantánamo.
Obama es el primer demócrata que desde Europa nos parece un poco de izquierdas. Es grave lo de no poder cerrar esas bases de tortura, eso es cierto, pero casi más grave (y sintomático) va a ser su incapacidad para reconvertir el sistema sanitario de su país.
Una de las reflexiones que quedan al leer el libro es que, a riesgo de ser reduccionistas, el capitalismo se impone al comunismo porque es más divertido.
Si, es una buena idea que también justifica la reedición de Do it. Por eso Rubin quiere hacerse con las armas del capitalismo. Quiere que la tele a color forme parte de su protesta. Que la propaganda teatrera forme parte de su discurso. Demuestra que detrás del hedonismo se puede esconder un discurso tan válido como el de los “yippies”. Querían convertir esa atracción en algo puramente estético para engrosar las filas de su movimiento revolucionario. A ellos les identifica la provocación por eso ondean siempre la bandera del Vietcong. El colorido de sus manifestaciones también busca seducir al público. En resumen, intenta atraer la atención de la clase media sin necesidad de utopías ni falsos manifiestos.
Utilizan algo muy moderno como es la “incorrección política” que visto lo visto y utilizada de manera inteligente hoy en día podría justificarse como algo higiénico.
Ahora cualquier provocación se la come rapidísimamente el sistema. Incluso la cuida y la trata bien. Berlusconi tiene en sus canales varios programas en los que se satiriza su figura. Pero es que a él le va bien. De esta manera lo tiene todo en sus manos: las corrientes afines y las más críticas hacia su gestión.
Rubin hace una definición del mercado musical que me ha encantado: “El beneficio ha domesticado a la bestia impulsiva que llevamos dentro”.
La música estaba muy ligada a la protesta. Sintomático por ejemplo el momento en el que el amigo de Rubin, Abbie Hoffman, interrumpe el concierto de The Who en Woodstock para protestar por el encarcelamiento de un Pantera Blanca. Pete Townshend le increpó para que dejara el escenario argumentando que eran los Who los que tocaban en ese momento. Lo que intentaba Hoffman con aquella desesperada acción era hacer reaccionar a los hippies que tal vez se habían dejado llevar por el hedonismo. Habían descuidado de este modo la acción social. Ahora muchos artistas se afilian a la protesta para ser acogidos por un partido pertinente y conseguir las subvenciones consecuentes. Eso es muy peligroso. Como lo es mostrarlas en tu música cuando nadie te lo ha pedido. Encasillarte en una ideología política para obtener un público fiel al margen de la música, me parece muy perverso por parte del artista o músico en cuestión. Hay muy pocos discursos que se salven de la sospecha. En cambio en lo musical intento no tener prejuicios.
Y que hay del sentido del humor que practica Rubin para activar a su “público” y que vosotros con Mendetz intentáis practicar.
Si, primero porque somos amigos desde hace mucho tiempo y después porque nos gusta la ironía. Nos activa como creativos o músicos. Esto nos ha hecho parecer modernos impostados. Nos debemos a una música que se basa en el ritmo que a fin de cuentas es lo más espontáneo y primigenio de este arte.
De hecho las bandas con el humor por bandera han sido desprestigiadas por la crítica, a excepción de algunos pocos ejemplos como Devo.
Menos mal que están Devo de los que somos fans. ¿Por qué si presentas un discurso divertido tiene menos valor que uno introspectivo y sesudo? Parece que es más honesto llorar que reírse y estoy en contra de eso.
Me gustaría acabar el cuestionario con una pregunta difícil: ¿cómo definirías la década que estamos a punto de finalizar?
Es la década que he vivido más en plenitud. Se le define como la década del vacío. Y quien dice nada, dice todo. En la época de internet todo se pone en un mismo plano en una especie de democratización, sobretodo, en cuanto a los medios de expresión que se ponen a disposición del público en general. Se han acabado los privilegios de esas antiguas voces autorizadas que han quedado sepultadas por otras muchas que antes no tenían altavoz con el que hacerse notar. La historia se está escribiendo por si sola. Me ha dado mucha rabia desde siempre no saber qué ocurría en Barcelona que es mi ciudad durante la famosa movida madrileña. Excepto contadas excepciones como Pepe Ribas nadie habla del periodo bisagra entre los 70 y 80. Las jornadas llibertarias fueron más trasgresoras que la movida de Madrid que a fin de cuentas se institucionalizó. Nadie habla de La Paloma en la que a finales de los 70 la gente se llegaba a pinchar mientras otro pedía un cubata en la barra. En esa zona ciega de la década de los 70 editoriales como Blackie Books tiene también mucho que decir y reivindicar.
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Bravo, realmente interesante el tipo este. Buscaré el libro