Lo intenté. Doy mi palabra que lo intenté. Y ahora no sé si es que no lo conseguí o que, rindámonos a la evidencia, es imposible con esta banda. Disfrutar, sentir, descubrir. Esa son las cosas que tienen el trabajo con el que tanto sueño. Ir, ver y contar, son las que el, siempre puesto en entredicho en estos tiempos, periodista musical tiene que hacer. Ni más ni menos. Sintético y lo más aséptico posible. Entonces ¿no lo conseguí? ¿No ha sido posible que la admiración que tengo hacia la banda madrileña me dejara ser objetivo ante el brutal espectáculo que pudimos disfrutar el pasado viernes en la Begood barcelonesa? Juzgar por vosotros mismos. Yo he llegado a una conclusión: es imposible.

Por eso voy a dejar a un lado dilemas morales y dándome igual la objetividad o no de mis palabras quiero deciros una cosa: Havalina es la banda más grande de rock que existe a día de hoy en este país. Y el final de su concierto, esos diez minutos de “Incursiones” que, en mi mediocridad como narrador de tres al cuarto, no soy capaz ni de definir, es lo mejor que he disfrutado en un concierto en años.

¿Begood? Es una sala pequeñita, modesta pero coqueta, de esas que siempre agradeces para disfrutar de los artistas en petit comité. Cómoda y con una calidad de sonido más que aceptable para disfrutar de un buen concierto de rock. ¿El público? Ni poco (la sala, con su limitada capacidad, estaba llena, cosa que agradecieron Havalina a los asistentes) ni mucho (se merecen bastante más que los casi 200 que allí nos reunimos), pero el justo y necesario para dar un ambiente ideal a la noche. Se dividía en dos tipos. Aquellos que conocían de sobra a la banda y que pusieron la pasión e intensidad suficiente para arropar a los madrileños. Y por otro lado, los que se acercaron o por casualidad o convencidos por algún (buen) amigo y que se quedaron con la boca abierta ante lo que presenciaron. ¿El set list? Casi da igual. 15 temas. 1h 25min. La mitad, algunos de sus mejores temas de siempre (“Imperfección”, “Sueños de esquimal”, “Desierto”, “Las hojas secas”…). La otra mitad fue casi todo su recién estrenado largo duración que en directo alcanza cotas espectaculares. Trallazos de apenas tres minutos como “Norte” y “Viaje al sol” conviven a la perfección con esos temas largos, con largo desarrollo musical tan marca de la casa, que han vuelto a componer para “h”. “Animal dormido / Animal despierto” y, sobre todo, “Música para peces” son como dos pequeñas operas rock que nadie (quizás Toundra, pero sólo instrumentalmente o, a otro nivel, los lucenses Holywater) es capaz de crear e interpretar como ellos. Y el otro día en la Begood sonaron épicos. Puede que muchos indies se rasguen las vestiduras con solos de guitarra como con el que el gran Manuel Cabezalí nos deleitó en “Música para peces””. Ellos se lo pierden. Junto a su inseparable Javier Couceiro, un verdadero monstruo a los parches, y el buen hacer de Jaime Olmedo, que tenía la complicadísima tarea de sustituir a Ignacio Celma, de baja por paternidad, Manuel es la H de Havalina. El alma de la máquina de la que Javier es el motor. Que sigan encontrando gasolina para seguir rodando. Como le recordamos a Manuel antes, cuando,todo amabilidad, nos concedió una interesantísima entrevista, y después del concierto, les necesitamos para añadir la nota rock de calidad a nuestra escena nacional.