FIB Heineken 2009: Aún no nos hemos repuesto
- Wednesday, July 22, 2009, 11:30
- Especiales
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por Natxo Medina, Christian Len, Victor Tomi y Olga García
El domingo pasado se clausuró la 15ª edición del festival de música más emblemático del verano “alternativo” nacional. Claro que el FIB tiene cada vez menos de alternativo y más de evento de ocio para las masas. Eso, como ya se ha comentado y como podréis leer en esta crónica, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Sea como fuere, un reducido equipo de scannerfm.com estuvo allí para contar en primera persona todo lo bueno y lo malo que sucediera. Este es el resultado de 5 días bajo el sol del Levante.
JUEVES 16
Eran aproximadamente las 19.30 de la tarde cuando pudimos por fir instalanos cómodamente en nuestro garitillo privado en la zona de prensa. Un servidor se preparó un bocata de mortadela imperial (o al menos eso decía el paquete que la envolvía. A mí me supo a mortadela normal). Allí dentro reinaba el buen ambiente y el compañerismo y las risas y también las típicas carreras de un lado para otro y la gente con walkies y los típicos seguratas que te miran mal y te revisan la pulserita como si tuvieras cara de delincuente. Justo empezábamos a aterrizar y no veas lo que se agradecía poder sentarte a escribir con el fresquito del aire acondicionado de la carpa y los Redbules. Era la primera recompensa después de 24 horas de caos y arena y sol de justicia en toda la jeta.
Como ya sabéis este año la cosa para nosotros fue diferente que otras veces. Este año, forzados por las circunstancias y echándole un par de narices, fuimos de cabeza al cámping del festival, el que está justo al lado del recinto, el que está hasta la bandera de gente y bajo todo el peso del solaco del Levante. Sí sí, el que tiene 30 duchas para todo Birmingham y que huele un poco a chotuno. Pues ahí que nos fuimos, confiando en hacer un buen reportaje de campo, para ver el festival exactamente igual que cualquier fiber. Resultado: en menos de un día estábamos derrengados y un poco sucios. Ya habían empezado los conciertos pero aún estuvimos un rato tomando fuerzas para cogerlos con ganas.
Una de las primeras cosas de las que se daba cuenta alguien que, como yo, solo conocía el festival como periodista y que nunca había estado en el cámping, es que cuando la gente habla de vivir el FIB, lo dice con todas las de la ley. Las distancias entre los lugares (el cámping, el pueblo, el recinto, la zona de prensa) te obligan a patear de lo lindo, el calor dentro de las tiendas hace que te pases sudando la mayor parte del día, cargar con las mochilacas y las neveras y el material de trabajo con ese sol infernal no es moco de pavo, y encima las birras van a precio de champán (que por cierto, en un momento dado vi a unos mozalbetes bebiendo benjamines de champán, ahí a la sopa boba). Poco a poco fuimos haciendo nuestro huequito, instalándonos, comprando enseres de supervivencia (mortadela imperial, gazpacho, hielo, jamón serrano, pan de molde), encontrando las mejores sombras y acostumbrándonos a estar constantemente rodeados de peñuza.
Este año el FIB rompió todos los records de asistencia. Se vendieron todos los abonos, el miércoles los dos cámpings llevaban ya tres días hasta la bandera, el pueblo había sido literalmente invadido (lo que genera situaciones un poco grotescas como la masificación salvaje de los supermercados o la invasión de las fuentes públicas) y los comerciantes se frotaban las manos. Era verdaderamente asombroso verte tan rodeado de público extranjero, sobre todo ingleses. Era el idioma que más se oía (tanto que los españoles se gritaban los unos a los otros cuando se encontraban por ahí, es la cosa gregaria de la hermandad que surge cuando uno se siente extraño en un lugar) y lo que era un poquito más preocupante: muchos aspectos del festival parecían pensados exclusivamente para ellos. Por los alrededores del recinto había mocitas inglesas vendiendo programas de mano a 7 eurazos, el cartel estaba muy enfocado a los grupos que petan en aquellos lares y la paella se cobraba también a precio de trufa blanca. Nosotros por el momento de paella rien de rien. El día anterior pedimos una de bravas en un bar del pueblo y nos trajeron patatas crudas con chimichurri. Hay que ver.
Otras cosas que habíamos hecho hasta el momento: Christian Len pinchó en un local llamado Shangri-La en el que nos trataron muy bien,en el que estuvimos hasta altas horas y donde nos encontramos con Martí, el cantante de Underwater Tea Party, con el que conversé un rato sobre cómo habían cambiado las cosas por lo que al FIB respecta en los últimos años (cuando ibamos hacia el festival en el coche estuvimos escuchando temas de bandas nacionales de los 90 que tocaron en el festival cuando el indie sonaba a chino todavía, y cantando a grito pelao “Segundo Premio”. Hoy de eso más bien poquito). Por allí también estaba Jero, de The Sunday Drivers. Despertarnos doloridos y resacosos a las 10 de la mañana. Observar cómo la gente es capaz de dormir en cualquier sitio y de cualquier manera. Desayunar sandía. Echar la siesta en un cesped cualquiera. Caminar, caminar y caminar. Probar una sospechosa ensalada de pasta. Mirar a la gente. Ducharnos con agua helada. Reventar un camping gas sin querer. Reirnos y bailar. Así mirado no ha estado nada mal. Y lo que te rondaré morena. Aquí os dejamos algunas instantáneas de nuestros primeros ratos en Benicàssim.
La tarde del jueves, y casi el festival, empezó con Anni B. Sweet, la malagueña simpática, o la alternativa de Subterfuge a este nuevo revivir de las voces femeninas en el que nos encontramos inmersos desde que a Russian Red (que también tocaba en el festival) le diera por estar en todas partes a la vez. Y hay que decir que convenció y mucho. Repasando las canciones de su debut “Start Restart Undo”, se hizo desde el principio con el público (entregadísimo. Ocurre que en los conciertos de grupos nacionales, el sentimiento, real o no, de estar rodeado de los tuyos hace que la emoción suba un par de enteros. Y no es coña. Será porque todo lo demás es color gamba) con su voz potente y una timidez muy simpática (la chica no paraba de dar las gracias a todo el mundo. Se veía que le hacía ilusión estar tocando en el FIB), amén de una banda de acompañamiento que dió mucho la talla (al contrabajo sorprendió ver a Elías Ejido, antiguo bajista de Standstill y ahora en activo con su proyecto Eh!) y la arropó con calidad y buen rollo. Para cuando tocó su single “Motorway” ya tenía a todo el mundo rendido a sus pies. Aquí podéis escuchar cómo se las gasta Anni.
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Algo parecido sucedió con La Bien Querida, el proyecto personal de Ana Fernández, pintora reconvertida en cantautora pop, que tocaba mientras el sol se ponía por las montañas. El público se volcó con las canciones de su “Romancero”, si bien en este caso, a un servidor tanto revuelo le pareció injustificado. Ana trata de echarle gracia a su propuesta, pero debe de ser tímida o no tener suficientes tablas, y no le sale muy bien. Eso unido a que su cancionero parece simplemente una rebozado de cosas que a uno ya le suenan mucho (un cocktail de Sr. Chinarro, Planetas y La Buena Vida) provoca la sensación de estar ante algo que tampoco pasaría nada si no se viera. Una muestra de su directo, aquí mismo.
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Lo poco que escuché de los Mistery Jets me los mostró con una banda de pop vitalista en la mejor tradición británica, pero ni sus maneras ni sus canciones me llamaron especialmente la atención.
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Llegué de rebote a ver cómo Los Coronas se comían literalmente el Fib Club con toda la tranquilidad que da ser unos músicos como la copa de un pino. Su rock entre surfero y mariachi y su actitud de macarras veteranos, (camisas con el icono del grupo bordado, sombreros vaqueros) caló entre el público (incluso los ingleses bailaron que fue un gusto) y cuando los dos guitarristas hicieron su numerito (se colocaron uno detrás del otro y cada uno tocaba el mástil de la otra guitarra. Sugerente) se hundió el gueto definitivamente. Además tocan con la batería en primer término, una cosa que siempre da un plus escéncio considerable. Se despidieron con un sonoro “Grande el rock”. Amén.
Unos cuantos paseos más, una cervecita y a ver cómo empezaba el concierto de Fangoria. Con una escenografía un poco cutre, mezcla de callejón de dibujos animados y película expresionista (de hecho en un momento dado sacaron al escenario un par de Marías, la robot del clásico “Metrópolis”, y una nada más salir se cayó para atrás y se partió por la mitad), pero con la misma presencia de siempre, Olvido salió enfundada (nunca mejor dicho ¿se untará con grasa de ballena para entrar en esos modelitos?) en un traje de vinilo negro como su pelo negro azabache y olé. Desde todo lo alto, Mr. Canut controlaba el cotarro. Sigue siendo divertido verles, tiene un punto siempre entrañable, y Alaska es una mujer con un par, pero con Fangoria pasa un poco que vistos una vez vistas todas. Eso sí, esta vez Olvido no se dio de morros contra el suelo.
Y entonces, vino la marea. Llegaron Oasis y el FIB se rindió a sus pies. La esplanada sobre la que se yergue el Escenario Verde estaba literalmente a reventar, y desde donde estábamos nosotros, en la grada de prensa, el espectáculo daba hasta un poco de miedo. Verdaderas mareas de gente que llegaban para ver el concierto y no podían acceder porque no cabía un alma, y gente que se subía a las torres de iluminación poniendo en riesgo sus vidas. Se apagan las luces y la lluvia de litros, cubatas, cañas y vasos vacíos es bíblica. Todo para ver todo eso que rodea a un concierto de Oasis ¡Ay, Oasis! ¿Que te puedes esperar de los Gallagher? Pues eso, lo que te esperas. Chulería, alguna amenaza que otra, una pataleta de Liam que amenazó con marcharse enfundado en su parka y un buen concierto de rock para las masas. El público coreando todos y cada uno de los temas del concierto, que fue un repaso bastante equilibrado a su ya extensa discografía, y reservando para el final los que ellos ya saben que son sus clásicos (significativo que tanto “Wonderwall” como “Champagne Supernova” y “Don’t look back in anger” sean de un mismo disco grabado hace ya 15 años ¿no?). El público tuvo lo que quería y ellos se fueron con sus fucks a otra parte.
Mientras en el escenario FiberFib estaba Christian Len, o sea el que firma estas lineas, porque de momento Nacho no ha desarrollado el don de la ubicuidad, ¡y mira que nos come bien! Una vez cruzada la marabunta de Oasis (es toda una experiencia pasar entre 50.000 personas) me esperaban dos miembro originales de Gang of Four y el batería y el bajista de una banda de crossover o al menos el sonido que aportaban a Gang of Four era lo que parecía. Gang of Four tiene que sonar algo escacharrao y les faltó sonar a lo que fueron, como suele pasar en las reuniones si no hay un real pretexto artístico. La seminal banda de Post punk de Leeds estuvo bien, pero, desde mi punto de vista, desubicada. 30 años después de sacar Entertainment! no significas lo mismo porque la coyuntura histórica que te hizo “grande” e influyente ha desaparecido. Ahora bien, al escucharles en directo seguía entendiendo de donde vienen !!! o Radio4. Y escuchar Ether es un gustazo.
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Yo ya tenía los deberes hechos, así que fui al FibClub donde las chicas de Telepathe que ya estaban acabando su concierto de pop electrónico trancero. Ni para quedarse en babia ni para bailar, pero justamente ese terreno de nadie las situa. Aprobado pero justito. Y en el FibClub me quede espatarrado esperando que saliera Four Tet. Y resulta que salió Justus Kohncke porqué habían permutado los horarios. Se lió a repartir zapatilla minimalista y a mi me apetecían pies de rana, así que pa casa, perdón, para el campo de refugiados. Una cosa más tanto en Gang of Four como en Telepathe se podría transitar perfectamente. El garrulo inglés solo está preparado para Oasis, la cerveza y la comida basura.Prejuicio: SÍ(Christian dixit)
Después de ellos llegaron Glasvegas a llenar el Escenario Verde con su rock melodramático, oscuro y tan british como un fish and chips mojado en un galón de té. Arropados por un enorme luminoso con su nombre (puro Morrissey) exhibieron una arrolladora presencia escénica (mención especial para la baterista Caroline Mckay, todo contundencia y al vozarrón que luce James Allan, y temas como “Geraldine” o “Flowers and Football Tops” sonaron todo lo potentes que debían, una vez solventadas las primeras deficiencias de sonido.
En los otros escenarios empezaba la tralluza de los djs, muy enfocada ayer a la zapatilla y el subidón de bombo, así que esperamos un ratejo tomando unas cañas para despedirnos de la noche con el concierto de We Are Standard. Los de Bilbao vinieron con la intención de reventar el Escenario Verde y el público respondió, aunque en realidad, pese a las ganas y el confeti que soltaron en uno de sus temas, el concierto se quedó algo cojo, ganando enteros en las partes más punkis y haciéndose excesivamente formulario, limpio y profesional en terrenos más electrónicos. No han inventado nada, pero defienden su puesto, aunque visto lo visto, las proclamas de su frontman, Deu Txakartegui (abrió el concierto con un “Somos We Are Standard y se han acabado las chorradas”), no hicieron más que evidenciar que el Verde se les sigue quedando grande. Aún así bailamos y pal camping. Y todos tan contentos. Cuando pasaba por el control de acceso todavía había gente que entraba. La fiesta siguió hasta bien entrada la mañana, pero yo ya tenía suficiente fiesta con las raves que se habían montado alrededor de mi tienda de campaña. Me empezaba a sentir un poco como Doña Rogelia todo el rato gruñendo, pero es que uno tiene que dormir sus horas. Aunque sean 2, leñe.
Por si no sois muy de leer, aquí os dejamos un resumen en audio de lo que fue el primer día de festival, editado por nuestra incansable Olga Garcia.
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VIERNES 17
Sobrepasábamos ya nuestras primeras 48 horas como fibers en su edición 2009, y empezábamos a pensar que dicha edición sería recordada como un punto de inflexión en la evolución del festival ¿por qué, se preguntarán ustedes, mentes inquietas? Seguía habiendo 3 escenarios, seguía habiendo puestos de comida, seguía habiendo barras, gente que a las seis de la tarde ya no puede ni con su alma de lo borrachos que están; seguía habiendo fibers (¡sí sí, los vimos con nuestros propios ojitos! Los genuínos, los que vienen todos los años y se conocen entre ellos y aman la música) y seguía habiendo colas y grupazos y conciertos olvidables. En apariencia parecía que todo seguía igual. Pero ciertos detalles (aparte de la ya corroborada y comentada masificación extrema a la que se ha llegado este año) demostraban que algo ha cambiado, que el cotarro lo manejan manos que hacen las cosas de otra manera.
Por ejemplo: los escenarios Fib Club y Fiberfib. El primero era un escenario pequeñito, con un juego de luces correcto, bajo una carpa de capacidad media. El tamaño de la carpa se ha multiplicado por 2, así como la iluminación que ahora es de mil colores, que está por todas partes, que te hace flipar. Tres cuartos de lo mismo pasa con el Fiberfib, que ya no está bajo carpa y al que le han plantado delante una torre para la mesa de sonido con forma de platillo volante luminoso que no sabes si va a despegar de un momento a otro. En mitad del recinto hay sitios para comer, pero ya no son las típicas carpitas cutres (que sigue habiéndolas, pero están más escondidas), sino una especie de decorado selvático-tailandés en el que seguro que se han dejado los cuartos. La carpa Mustang es gigantesca, Vodafone ha echado el resto y Jack Daniels ha instalado un garito muy currado en una esquina, algo así como una réplica de un bar de carretera. Todo son luces y oropeles, la sensación de parque temático crece conforme va uno paseando por ahí. Eso, sumado a la irrealidad que ya de por si produce dormir apenas 3 horas y despertarte sudando al lado de un contenedor de plástico a rebosar, genera una inquietante situación mental. Pero vamos a lo que importa al final. ¿Y la música? La música bien, gracias. Eso sí que aguanta.
Nos habíamos despertado sobre las 6 de la mañana, cuando nuestros amables vecinos empezaron a sacudir nuestra tienda y al final les tuve que gritar. Haciendo amigos. Nos volvimos a dormir y a eso de las 10, cuando el bochorno empezaba a ser insoportable y estar en la tienda era estar empapado en sudor, una duchaza helada, calzoncillos limpios, un poco de gazpacho caliente (el sol no perdona) y a hacer una visitilla al Ship of Mates, un invento de los chicos de PIAS, que viene a ser un barquichuelo (propiedad de un viejete sueco que pululaba por allí hablando con voz de cazalla y echando colillas al mar) en el que algunos de los artistas del festival pinchan discos (uncolega dj de scannerfm, Infadels dj´s o we are standard dj´s) o hacen sets acústicos durante estos días. Allí hablamos con Gerardo Cartón, ideólogo del invento
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Aquel día, en el barco estaban los Maxïmo Park. Ver a Paul Smith (foto más arriba) subido a la pasarela de proa de un barco, con una elegante camisa blanca y su sombrero y haciendo aspavientos ante las escasas personas que estábamos por allí ha sido una experiencia de lo más raro. Yo creo que el propio grupo se estaba preguntando qué era todo aquello. Un rato más tarde tendríamos la oportunidad de entrevistar a Smith, ya en el recinto del festival.
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Después de comernos una lata de raviolis y una tortilla de patatas precocinada en un césped de por ahí (a estas alturas somo homeless expertos) y luego un poco de siesta, nos volvimos pal recinto. De camino escuchamos una impagable canción del Fary que le cantaba a su hermano “Tienes una casa lujosa y llena de detalles/pero donde está la foto de mamá”.
Nudozurdo abrieron el festival y no pudo empezar de mejor manera. No nos cansamos de decir que este cuarteto madrileño son la polla. Así, con todas las letras. Los temazos de su disco “Sintética” han ido cayendo uno tras otro ante el asombro de algunos y el arrebato de otros. Se lo han pasado bien sobre el escenario (Leo, el vocalista, incluso ha sonreído un par de veces) y se ha notado. Cuando ha sonado “Negativo”, al final del concierto, la gente ya estaba botando desde hacía rato. Mucha potencia eléctrica para encarar una tarde que prometía. Aquí os dejamos un trocito de lo que fue.
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A partir del concierto de Nudozurdo, se levantó el viento, y lo que empezó a pasar en el recinto del FIB Heineken fue de órdago. De pronto, después de varios días de calma chicha, con sólo 3 o 4 conciertos completados (Magazine, Nacho Vegas y poco más) y mientras media Inglaterra disfrutaba de Paul Weller se levantó un vendaval de impresión. Por cierto, aquí teneis una muestra del concierto de Nachete:
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Mientras escribimos nuestra crónica del día, la situación era que la carpa de prensa se bamboleaba de un lado a otro como si fuera de papel, y estábamos un poquito acojonados. Los conciertos empezaron a retrasarse, el escenario FIB Club se cerró hasta nueva orden. Por si fuera poco, cerca del recinto se declaró un incendio que, pese a no ser grave, de pronto, y con la gente siendo desalojada del Escenario Verde después del demasiado breve concierto del ex-lider de The Jam (el hombre está mayor y su música a estas alturas aburre a las ovejas, pero la gente parecía pasarselo bien,incluso rescató algun hit de Style Council), convirtió el recinto en un pequeño caos. Nosotros sólo esperábamos que la situación se restableciera pronto, que no se nos cayera encima el chiringuito, poder seguir la noche tranquilos y que nuestras tiendas no hubiesen volado por los aires. Pronto nos desalojarían de la zona de prensa. Ninguna de nuestras esperanzas se cumplió.

Una vez desalojados nunca más pudimos entrar a la zona de prensa donde teníamos todos nuestro bártulos. La carpa de prensa se movía más que un garbanzo en la boca de un viejo. Las luces del escenario verde eran culumpios, las pantallas se quitaron por motivos de seguridad, las lonas golpeaban al viento y todavía olía a chamuscado del incendio (dicen los periódicos que provocado por el cigarro de un fiber) que había levantado grandes columnas de humo al otro lado de la N-340. Después de precipitar el final de Paul Weller en el Verde, Magazine fueron los últimos en aparecer un rato en el FiberFib aunque parecía que la gente estaba más pendiente de la integridad física de Howard Devoto. A partir de ahí se pararon los conciertos: en el escenario verde la multitud esperaba a Kings of Leon y para pasar el rato lanzaba la cerveza al aire para ver hasta donde la llevaba el viento. Desde lejos hacía gracia; el chorretón en la espalda no debería
hacer ninguna. Kings of Leon no llegaron nunca. De hecho nadie más saltó a ninguno de los escenarios (el FibClub ya se quedó parado desde las 21 con Corcobado a punto de salir a la palestra). La organización anunciaba que en cuanto se pudiera se retomaría la normalidad y hubo un resquicio de ella sobre las 00:30. Salieron al escenario los ex-talking Heads Tina Weymouth y Chris Frantz con sus Tom Tom club. Nadie entendía nada. Ni salían Kings of Leon que tenían que hacerlo a las 23 ni Maximo Park que lo debían hacer a la 1. Y a parte de que Tom Tom Club no sea ni una brizna de lo que fue Talking Heads (o sea, que fueron un peñazo) la gente se empezó a enfilar hacía el camping, no sabemos si cansados de la confusión o temerosos de una desgracia en sus humildes moradas.
La verdad es que durante todo este tiempo los chicos de scannerFM nos lo pasamos muy bien. Había una excitación en el ambiente que te invitaba al desvarío. Las hordas de fibers se dirigían a la zona de acampada por cientos y al entrar en él se diluían por las calles deseando encontrar su tienda en su sitio y no en Marina d´Or pero recién entrar en el camping tus esperanzas se disminuian un 50%. ¡Vaya percal!El apocalipsis de SanFib. La octava plaga. El ruido del viento, los gritos de la gente, algunas risas, nuestro desvarío, los de seguridad intentando controlar lo incontrolable, kling klings , troc trocs…Pero nuestras tiendas seguían ahí aunque por momentos levitaban, rodeadas de telas y palos de las tiendas de 10 metros a la redonda. Era como uno de esos travellings de película en el que mientras el protagonista corre hacia su destino, a su alrededor no paran de pasar cosas. Y la peña se subía a los urinarios volcados y levantaba los brazos, y Natxo asegura que de pronto se encontró a un inglés pirado subido a un toldo roto gritándole al mundo “¡¡Es el mejor puto momento de mi vida!!”. Así que entre cachondeos apocalípticos y mensajes bíblicos cada uno entró en su tienda a esperar que amainara el temporal.

“Y mientras el cielo clamaba venganza Natxo comía patatas fritas”
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30 min duró nuestra estancia en las tiendas. Cuando estaba escuchando todo el guirigall (nunca mejor dicho) Natxo me dijo: “Christian, pilla las cosas que nos desalojan”. Pa fuera. Y el fin del mundo seguía allí, pero todos encantados de morir. Diría que incluso los que perdieron cosas, los que no tenían donde dormir (todavía no sabían que les alojarían en el polideportivo), los que no
sabían ni donde estaban sus gallumbos, todos, parecían alterados pero divertidos, tranquilos pero en guardia, así que, hasta donde pude ver, el desalojo fue fácil,el personal FIB se lo curró y los Fibers también. Después nos enteramos de que en realidad sólo habían desalojado a 1.500 de las 20.000 personas del cámping, a los que, como nosotros, estábamos cerca de la gran carpa en la que servían la birra. Maldita suerte. Y nosotros cuatro a dormir al coche: tres machotes y una moza distribuidos entre asientos delantero, trasero y maletero, escuchando como seguía arreciando el temporal, observando desde el camping de prensa como los Fibers, cargados con sus bienes, se marchaban a saber donde mientras intentábamos pillar en el utilitario una postura de entre un 10 y un 15% de comodidad. Llegó la mañana:
cuellos rotos, cuerpos sudorosos, legañas de polvo, mocos de polvo, pero en cambio todos con la sensación de haber descansado más que nunca. Definitivamente, nos estamos volviendo locos. POsnkljsdc xc xlknañ scksonm-asd. El Dios de la música castigó al FIB por vender el librillo con los horarios por 7€. Y tal cólera la pagaron precisamente los que hicieron lo propio con tal librillo: los pobres fibers. Sus espaldas quemadas dormirían en el Polideportivo de Benicàssim esperando la luz de un nuevo día y con la incertidumbre de lo que iba a pasar con el Festival.
Resumen Viernes (Editado por Olga Garcia)
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SÁBADO 18
Durante el sábado, la normalidad volvió a adueñarse del festival. El partido de fútbol Periodistas vs Artistas programado para aquella mañana en el que Christian iba a participar como todos los años se retrasó un día. Por lo demás, y pese a la baja de Lilly Allen, todo seguí más o menos su curso normal. Para que os entretengáis un rato hasta la próxima conexión, os dejamos con un breve video de lo que pudimos grabar durante todo el vendaval. Es un poco cutre y no tiene audio, pero así os podéis hacer un poco a la idea. Aunque sólo en parte. Esto es como la guerra. Si no has estado no puedes opinar.
La tercera noche de festival se preveía más tranquila que la del viernes (claro que, si fuera menos tranquila significaría que ha estallado la guerra y nos invaden los marcianos). Alrededor de las 20.30 de la tarde, The Unfinished Simpathy atronaban en el Escenario Verde con sus guitarras cada vez más enfiladas al hard rock melódico y menos al emopunk de sus inicios. Consiguieron congregar a un buen montón de público y sus canciones sonaron fuertes, pero su música poco dice a estas alturas. La gente, sin embargo, parecía ávida de marcha, suponemos que por la frustración que supuso el día anterior. En todo caso, juzgad por vosotros mismos:
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Poco después pudimos confirmar también que la organización se lo curró para que sus numerosos fans (entre ellos nosotros mismos) no se perdieran a Los Planetas, programados para el viernes, y que finalmente tocarían el domingo en el Fiberfib. Era una buena noticia, porque perdérselos (por mucho que se suela decir, un servidor siempre ha pensado que en directo tienen mucha garra, aunque sólo sea por acumular semejante colección de jitazos) hubiera sido una lástima.
Por la tarde la cosa fue de gente desconocida para un servidor, de sorpresas gratas y algún levantamiento indiferente de hombros. L.A. abrían el escenario FibClub con su rock a medio camino entre el neo grunge, el hard y la americana. Pese a moverse por un filo peligroso que en ocasiones les lleva a asumir algún que otro tic, derrocharon energía y buenas maneras y un cancionero al que seguro le daremos una oportunidad más.
Deambulando por el recinto nos encontramos con los Ratolines, grupo ganador del Proyecto Demo de este año. Andaban haciendo un pop de tintes teatrales, de ese que está a medio camino entre el tango, el soul, la música de cabaret, el blues y todas esas músicas que sientan mejor con un whisky en la mano, pero tocado al estilo indie. No estaban mal, pero quizás la hora no acompañaba, con el sol tan alto y en un escenario tan grande. Aún así, el hecho de tener una jaula de hamster al lado de la batería y sus melodías les hacía resultar simpáticos y sin pretensiones, cosa que se agradece.
Un poco después tuvimos la oportunidad de formarnos una impresión de primera mano sobre los tan comentados directos de TV Personalities. Y francamente, no entendemos por qué tanto revuelo y tanto halo de clásicos. Puede que el mero hecho de que Dan Treacy esté como una chota sirva para darles ese estatus de culto, pero lo que nosotros vimso fue un señor bastante triste que apenas podía tocar tres acordes seguidos y que cantaba muy muy mal. Sus esforzados compañeros de banda bastante hacían para acompañarle. La gente aplaudía y tal. Al menos Treacy no parecía enfadado, porque declaró que había venido a Benicàssim a “traer amor”. Bien por él, aunque con esta gente nunca se sabe. Podéis escuchar a Tracey aquí
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Mientras tanto en el Fiberfib, Bell X1 le daban a su pop suavecito con toques electrónicos. Bien para ver atardecer, pero con un tufillo pasteloso y acartonado en exceso noventero que no acababa de convencer. Aquí tenéis un trocito de su directo
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Después de escribir un rato, salí de nuevo al aire libre a ver qué se cocía por ahí. Sólo tuve tiempo de ver dos o tres canciones de unos irlandeses muy simpáticos llamados The Mighty Stef, una banda 300% UK, por sus pintas, su música (muy a lo Rumble Strips con un toque un poco menos soul y un poco más brit rock) y su afición a darle al frasco (el cantante dijo literalmente “quiero veros peor de lo que estáis, y mañana, peor que hoy”).
Justo después tocaban Maxïmo Park, tras su cancelación de ayer, y como tengo que admitir que soy muy fan, me fui corriendo para allá, y por primera vez en lo que llevamos de festival, cumplí con el ritual de la sudada, esto es, meterme en medio del meollo cueste lo que cueste. Hacer eso en pleno Escenario Verde a las 21.30 (es pronto, pero la mayoría de los ingleses ya llevan unas 6 horas borrachos) es un poco condenarse a los fluidos corporales ajenos y los golpes, pero precisamente de eso se trataba. Al final, el concierto bien, pero hay que admitir que la cosa fue perdiendo fuelle
conforme pasaba el tiempo.
Como siempre Paul Smith salió a matar y se confirmó como un frontman espectacular, con su amabilidad, sus contoneos, su pasión, su vozarrón, sus maneras elegantes (ha salido ataviado con una chaqueta azul de cocktail, pero le ha durado media canción) y su libreta de apuntes. Es verdad que hay mucho cliché en lo que hace, pero personalmente aprecio mucho su actitud, y puedo atestiguar que todo Newcastle también, porque he estado compartiendo espacio personal con toda la ciudad. Momento álgido: “Apply some Pressure” coreada a voz en cuello por el público, pogo apocalíptico, empujones y rociadas de birra. Es una pena que la cosa se haya ido apagando conforme iban cayendo las canciones de su nuevo “Quicken the Heart”, que si bien en disco funcionan mejor de lo que dicen muchos, en directo languidecen en comparación con sus primeros hits. Eso sí, “Graffitti”, “I want you to stay”, “Our Velocity”, “Nosebleed” o “The Kids are sick again” han sonado tan bien que ha dado un poco igual. Podría haber estado mejor, pero fue un concierto la mar de entretenido.
Poco después nos esperaban uno de los triunfadores de todo el FIB. Quizá no por una audiencia multitudinaria pero si por sinceridad, frescura y transparencia. The Wave Pictures es una banda que lleva tocando un porrón de años y que lo hacen fácil, natural, como la vida misma, y eso, a la gente le llega. ¿Quien son
The Wave Pictures? ¿Los conoce mucha gente? No,pero va a ser que cada vez más y sencillamente por esa actitud, por no tener ninguna pretensión y llevar años sacando disos que sonaban a culo pero que salían así. Ahora que tienen más medios, suenan mejor, más pros, pero manteniendo ese espíritu. Y no hay nada más importante en la música que el espíritu que las aprox. 5.000 personas que estaban en el FiberFib han bailado y se han contagiado de las impatía que deprenden todos y en especial el cantante que se comunica que da gusto.
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El sábado también fue día de seguir comprobando que la nutrida representación nacional continuaba dándonos alegrías, como escucharéis en estos dos directos que os ofrecemos.
Josele Santiago
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Underwater Tea Party
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Pero amigos, como se reveló después, lo mejor estaba todavía por venir.Después de un multitudinario y bastante bonito recital de pop cristalino a manos de Elbow, y mientras en el Fiberfib una siempre desmelenada Peaches (en la foto) la liaba parda (su concierto fue un verdadero despliegue de garra y transformismo, con la chavala lanzándose al público en cuanto tuvo oportunidad), las hordas de público se amontonaban en la esplanada Verde para ver a otro de los grandes. Había ganas de bailar y Franz Ferdinand iban a poner en pie hasta al apuntador. Salieron a arrasar y demostraron, ellos sí, que se merecen hasta el último segundo de su éxito. Pese a que sus discos siempre me han parecido un poco repetitivos más allá de su sobrehumana capacidad para facturar hits, mientras estaba sentado en la grada de prensa y veía como las cerca de 10.000 personas reunidas en el lugar botaban a la vez al son de “This Fire” y no podía evitar agitar las manos y golpetear con los pies, pensaba que tenía delante lo que se llama una gran banda. Un grupazo, un clásico. Sonaron certeros, rockosos, atrevidos, carismáticos, y se llevaron a todos de calle. Alex Kapranos, ataviado con una camisa de lunares y flecos (no sé si porque estaba en el Levante, cuna del flamenco) fue un verdadero lider y sus compañeros ocuparon perfectamente sus puestos a su alrededor. Cayeron “Take me out”, “Walking away”, “Do you want to”, “The Dark of the Matinée”, “Michael” y todos los temones que la gente esperaba, y se despidieron con un número de percusión a 8 manos sobre una batería que hizo enloquecer al público. Después llegó el bis, algo atropellado, en el que soltaron “Ulysses” y después se enfangaron en una minirave psicodélica que muchos no acabamos de entender pero que los confirma como unos tipos que a día de hoy pueden hacer lo que les dé la gana porque ellos lo valen de sobra.
Y todo el mundo que los quería ver acabo como unas pascuas. Unas pascuas pero sudadas.
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Después de ellos, nos acercamos a ver un ratico a Delorean, mientras en el Verde 2manyDjs hacían lo suyo: soltar jitazos archiconocidos (empezaron con el “Hey Girl Hey Boy” y se atrevieron hasta con Chimo Bayo en el que fue el momento álgido de la sesión) arropados por unas visuales de espectacular factura, y poner a la peña del revés. Muy populista, pero perfecto para no olvidarnos de para qué estamos aquí, y que el Tanned Tin está muy bien, pero ya hay uno. Volviendo a Delorean, los vimos, muy bien acompañados por los espectaculares juegos de laser del Fiberfib, desgranando su disco punk bailongo y sintético, con unos largos desarrollos instrumentales que a un servidor le recuerdan a unos !!! bajados de revoluciones, en los que prima el ritmo y los bajos, y para los que esta vez utilizaron incluso loops de El Guincho. Los nacionales haciendo piña. El público no acababa de arrancarse, y la propuesta de los bilbaínos, pese a estar bien facturada, no cuajó del todo. Os dejamos una pequeña muestra de su directo para ver qué pensáis vosotros.
Entrevista a Delorean
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Directo
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A partir de ahí, sólo oferta dj que no era nada del otro jueves pero que, si tenías ganas de fiesta, te cubría perfectamente las necesidades. Mucho Nu Rave, Nu Disco, y todas esas cosas que gustan ahora y son muy NUevas. Poco más, un paseito y a dormir que ya es hora.
Resumen Sábado (Editado por Olga Garcia)
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DOMINGO 19
Último día ya en el recinto FIB. Los Killers de Brandon Flowers (¿tendrá algún parentesco con La Faraona?) serían los últimos cabezas de cartel en aparecer sobre el Verde. Claro que la fiesta siguió hasta el amanecer. Aunque resulte sorprendente después de tanto trajín, el domingo estábamos bastante descansados y metidos ya en la rutina festivalera, así que todo nos parecía un poco mejor, los seguratas de los accesos nos parecían más simpáticos, los ingleses más guapos e incluso estábamos empezando a encontrarle cierto encanto a la acumulación de gente y basura. Al fin y al cabo el FIB es un festival ¿no? Además, mi querido amigo Eliseu (gracias, tío), que tiene un pisito la mar de apañao justo en primera línea de playa, me invitó a comer carpaccio y a echarme una siestaca delante de su megapantalla de televisión, con lo cual el domingo sí que no tenía ningún motivo de queja. Era la recompensa que el patrón de los periodistas musicales me tenía reservada por haber tragado tanto polvo.
La cosa se acababa por momentos. Llegábamos ya a ese punto del festival en el que se nos junta todo, un poco de pena porque se
acabe, ganas de irnos de una vez y dormir en nuestra camita después de tomarnos un colacao, el desvarío propio de llevar cinco días haciendo el recorrido que va del camping al pueblo, del pueblo al festival, de la sala de prensa a los conciertos, de los conciertos a la barra, de la barra al ordenador y vuelta a empezar. En la garita se nos acumulaban las botellas de agua vacías, las bolsas de plástico, las mochilas. Teníamos el coche cargado con las maletas, pero todavía quedaban conciertos por ver. Y cosas por contar. Por ejemplo:
Levantarse en un maletero de un coche es propio de una pelicula de Tarantino y de perder tu tienda de campaña en el Fib. Y no contento con ello, mi colega Christian se fue directamente a jugar el partido benéfico que organizaba Intermón entre Artistas y Prensa. Aquí tenéis una entrevista con Ana Claver, de la ONG en cuestión, para explicar de qué va el tinglado.
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Los periodistas erdieron. De hecho les pegaron una paliza de las buenas, pero en su descargo tenemos que decir que en el equipo de artistas, artistas nanai. La única cara conocida era la de Don Juan Asuategui y Roca del colegio castellonense con el pito colgado y la de Gaizka Mendieta, el hombre del gol increible de “Un buen día” de Los Planetas. Con el hemos charlado un poquillo del FIB y de música.
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Otro de los habituales desde la primera edición y además creador del mismo es Julio Ruiz, el hombre detrás del micro de Disco Grande de Radio 3. Con tal eminencia también hemos conversado sobre los 15 años del FIB
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Para quitarse el mal sabor de boca de la derrota, mis colegas disfrutaron de una buena paella casera que seguro que les hizo olvidar todos sus dolores. Reunidos de nuevo, de vuelta al recinto y a ver conciertos. Pero antes, la ya mencionada rueda de prensa, que tuvo mucho de lo que tiene siempre: datos poco interesantes que todos sabíamos ya (que si se han roto todos los records de asistencia, que si hay tantos artistas, que si tal que si cual), enjabonamiento institucional, agradecimientos a los perjudicados por el temporal del viernes y muy poco tiempo de preguntas para que nadie se pusiera a preguntar por qué los programas de mano de este año costaban 7 € y no había otra manera de conseguirlos, ni siquiera para los esforzados chavales de la prensa.
Rueda de prensa FIB 2009
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Pasando a asuntos más agradables, Flow y Klaus & Kinski empezaban la sesión de conciertos en el FIBClub, mientras que Calexico abrían el escenario FiberFIB. Para saber a qué sonaban los dos primeros, aquí tenéis parte de sus actuaciones.
Flow en directo
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Klaus & Kinski en directo
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En cuanto a los de y Covertino, sólo decir que empezaron a tocar mientras el sol se iba poniendo detrás de ellos. Qué mejor
momento para desplegar todas sus artes de rock fronterizo y aires cada vez más mestizos que con el atardecer de fondo. Las trompetas sonaban maravillosas mientras el público iba arropando a la banda, a día de hoy septeto, en el que alegra ver la cara conocida de Jairo Zabala, un veterano ya de la escena nacional al frente de Vacazul y a día de hoy con su proyecto en solitario Depedro. Cayeron muchos temas de su reciente “Carried to Dust” pero también tuvieron tiempo de repasar algunos temas pasados de su discografía, todos ellos tocados con la personalidad que les confiere la veteranía, las tablas, el cariño con el que se ve que hacen las cosas. Con un Joey Burns al frente tan simpático como de costumbre, Calexico fueronatrapando al público hasta que no quedó nadie que no se rindiera a sus encantos, y para rematarla hicieron la versión el “Alone again or” de rigor. Por cierto, que un rato más tarde empezarían en el FiberClub sus colegas Giant Sand. Howe Gelb y su tropa como siempre, con esa clase y esa actitud de sentaos en mi falda que os voy a cantar unas historias que os van a hacer viajar.
Después de Calexico, y en el mismo escenario, TV on the Radio se confirmaron como la que es, probablemente, la banda más interesante, estimulante y personal a nivel musical de todas las que participaban en esta edición. Y es que su carácter único es algo de lo que uno se percata nada más verlos subir al escenario. Y no sólo por su apabullante presencia escénica (el porte de Tunde Adebimpe, la barbuza de Kyp Malone, los aires de científico loco despistado de David Andrew Sitek) sino porque su música suena a todo para acabar sonando a algo que no has oido nunca antes, y que te pone burro. A medio camino entre el punk, el soul, el rap, el funk, el pop y la electrónica, a día de hoy suenan con un groove y una concreción que han ganado a base experiencia. Exhudan carisma y tocan de vicio. Para cuando sonaba “Cryin’” de “Dear Science”, ya tenían a la gente (bastante el público que se había congregado allí) bailando sin parar. Muy grandes, puro corazón.
A su lado, lo de White Lies, que tocaban al mismo tiempo que ellos con un público el triple de numeroso, fue una broma de mal gusto, con arreglos de campanillas y rollo épico de blandiblub incluido. Hay que ser bueno para moverse por esa frontera entre lo cursi y lo sublime. Y ellos, de momento y pese a la inmediatez de “To Lose my Life”, no lo son. El tiempo dirá. Antes que ellos, en el escenario verde, otros insulsos, CatPeople, el típico grupo que pese a sonar bien, currarselo y tener canciones dignas, no trasmite nada en directo. Rock bailable con toques oscuros que suena a tantas cosas que no suena a nada que quieras escuchar. Pero como lo cortés no quita lo valiente, y a pesar de que su música no sea santo de nuestra devoción, hay que decir que al menos son gente amable y dispuesta a mantener una charla de tú a tú con quien haga falta; y si no, comprobadlo en la entrevista que nos concedieron.
Entrevista con Catpeople
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The Psychedelic Furs era el siguiente grupo en el Verde, y había ganas de verlos. También las había de ver a Friendly Fires, pero las hordas británicas eran tan numerosas que, literalmente, solo Victor, nuestro fotógrafo, infiltrado como un guiri más, pudo llegar al Fiberfib. Pero en fin, sí que pudimos ver a los Furs, y las ganas se fueron transformando en decepción al ver que no sonaban como debían, que temas clásicos como “Love my Way” parecían más una canción de orquesta verbenera y que ese maldito saxo era más un incordio que cualquier otra cosa.
A mitad de show les llegó la hora a Los Planetas de contentar a la audiencia que esperaba impaciente desde el viernes, día en el que hubieran tocado si no se hubiera liado la mundial, así que para allá que fuimos, sólo para sufrir una nueva decepción, valgame Dios. Y no fue por el siempre tan comentado rollo estático de los granadinos, sino porque lo que hicieron no puede considerarse siquiera como una actuación. Más bien tocaron media hora, con un sonido patético, sin nada de cuerpo, encajados con calzador entre los grupos que los emparedaban. Así no se puede. Suerte que un repertorio en el que caben “Santos que yo te pinté”, “Pesadilla en el Parque de Atracciones”, “Segundo Premio” o “Si me diste la Espalda” pueden salvar cualquier descalabro y por lo menos invitarte a cantar. Pero lo dicho, una engañifa que seguro no contentó ni al propio grupo.
Mientras las grandes masas se amontonaban en el Escenario Verde, Lykke Li conseguía acumular una gran horda de fans en el
FibClub, quizás uno de los conciertos de este escenario que ha visto congregar a más público durante esta edición del FIB. La pequeña gran sueca manejó a sus fans como quería, pero a ellos les daba igual. Es más, deseaban hacer lo que ella les pedía: rapear, fumar, cogerse de las manos con el de al lado o simplemente chillar más. A cambio de pequeños regalos, como su versión del “Knocked up” de Kings of Leon, para compensar la ausencia de la banda. Ella bromeaba, exigiendo más aplausos en sus propios temas, que sin duda, consiguió. Lykke Li, se convirtió, al menos esta noche, en una diva star, con las poses bien preparadas, pero también con un repertorio musical sólido y contundente. Sin duda, le auguramos un buen futuro.
Mientras terminábamos nuestra crónica, The Killers esparcían el mal sobre el ingenuo público que abarrotaba el Verde. Personalmente, a un servidor le molesta el rollo purista, y no soy especialmente fiber (contando esta última, sólo he estado 3 años en el festival), pero no podía dejar de pensar que en otros años ese escenario lo han pisado, entre otros, Björk, Radiohead, Pj Harvey, Nick Cave, Sigur Rós, Wilco, Placebo o Primal Scream, y no podía evitar sentir un poco de pena al ver, como cuando el año pasado me tocó presenciar la actuación de Mika, cómo un producto blando, radioformulero, aburrido y rematadamante poco estimulante como el grupo de Flowers era el elegido para subir ahí y defender el pabellón de lo que el festival fue, a mayor gloria de la venta de abonos. Pero supongo que ese no es el tema.
El tema es que ya nos tocaba despedirnos desde nuestro chiringo en la zona de prensa en este FIB Heineken 2009, la edición del 15 cumpleaños de un festival que ha cambiado, y cómo, pero del que siempre uno se lleva algo, como todas estas aventuras que estuvimos contando durante 5 días mis compañeros Christian Len a los mandos (del coche, de la coordinación, de las cervezas y de la grabadora), Victor Tomi como fotógrafo de lujo (más abajo tenéis la galería completa de instanténeas) y Olga García como esforzada técnico de sonido que se ha pasado sus buenos ratos metida en el distribuidor de audio y delante del ordenador, sin ver la luz del sol. Un servidor Natxo Medina estuvo escribiendo todas estas letrujas con algo de ayuda puntual y poniéndose como el quico de todo lo que pilló por banda (de comer, no piensen mal). Esta fue nuestra aportación al festival y esperamos que la disfrutasen desde la seguridad de sus casas. Han pasado 3 días y todavía tenemos cara de sueño. Por el amor de Dios. Qué viejos estamos.
La gira de scannerFM
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