En un emplazamiento único y con una exquisita propuesta no apta para públicos mainstream, el pasado sábado 23  SOHN, Maïa Vidal, Joan Colomo The Suicide of Western Culture entre otros inundaron el interior de la Costa Brava con la mejor música alternativa.

A medio camino entre Caldes de Malavella y Llagostera y perdido entre cabras y patos, el Festival’Era se ha ganado merecidamente el título de festival de culto. Y no nos extraña… ya que tan sólo pisar  el césped de su escenario principal nos dimos cuenta de lo especial de la propuesta. A pesar de la fuerza del sol, un Joan Colomo de lo más simpático y divertido (para variar) nos recibía mientras más de uno se refugiaba bajo las pocas sombras del lugar.

Sin embargo, no fue hasta que salieron al escenario los barceloneses Inspira cuando la esencia de l’Era empezó a notarse. Todavía sin todo el público presente, la banda liderada por Jordi Lanuza ofreció un set de pop delicado y exquisito perfecto para el momento.

¿Qué mejor después de abrir el apetito con Inspira que dejarnos llevar por las brillantes y psicodélicas guitarras de Baywaves? La joven banda de Madrid y su hipnopop atraía a los asistentes hacia sus melodías a medida que caía la noche hacia el escenario Roures, un escenario que se les hacía pequeño y confirmaba lo que ya sabíamos: tienen un prometedor futuro por delante y no piensan dejar títere con cabeza.

Sin ser una de mis bandas favoritas del cartel, la propuesta de Hola a todo El Mundo es de lo más redonda y cuidada, hasta el punto de ir uniformados por La Casita de  Wendy y acompasados no sólo en los ritmos y acordes. Siguen sin engancharme, pero lo que está claro es que han madurado, y con el trepidante repaso de su repertorio y de “Away” lo demostraron.

Te guste o no, el buenrollismo y la actitud de Maïa Vidal sobre el escenario se contagia. Bailes y luces a parte, pegadizos temas como “Katerina“, “Bones” o el cover de “Drunk in Love” cautivaron al público como siempre lo hacen en un directo enérgico y que funciona tanto en salas pequeñas como en grandes festivales. Mucho más que “la canción de Estrella Damm“: ¡Maïa Vidal está aquí para quedarse!

Pero si hubo un rey de la noche, él fue sin duda Sohn. Acompañado de sus secuaces y rodeado de teclados y cajas de ritmos, Christopher Taylor reinó desde su elevado trono durante los sesenta minutos que duró el show en el que repasó lo mejor de su debut: “Tremors“. Un show minimalista, intenso y estremecedor digno de los más veteranos sobre las tablas que se nos hizo de lo más corto. Si ha conseguido todo esto con sólo un álbum ¿cómo será después?

Y aunque todavía quedase noche por delante con The Suicide of Western Culture, Julio BashmoreMarc Piñol, la “experiencia rural de música alternativa” ya estaba más que probada y no hay más que hablar… ¡el año que viene repetimos!

 

 

Crónica: Isabel Sánchez-Vallejo