Texto: Marc Balcells
Fotos: Toni Rosado

En el marco del festival Primera Persona, llevado a cabo en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona del 6 al 7 de mayo, apareció James Rhodes, ya inteligentemente programado como el último invitado del primer bloque, sin olvidar a una ‘telonera’ de lujo, la mismísima Renata Adler: no estaba de más decir, pues, que la expectación estaba garantizada.

Del pianista ya lo sabemos (casi) todo, pues no en vano su fama, a parte de como concertista, le viene de escribir Instrumental (Blackie Books, 2015), unas memorias en las que él mismo describe el dolor por las agresiones sexuales sufridas de forma repetida cuando era menor de edad, y a partir de este hecho, su descenso a un mundo de drogas y centros psiquiátricos, pero también de música.

James Rhodes - 05.05.2016, Primera Persona, CCCB - 3

Y es ahí donde reside el gran mérito de James Rhodes y resaltado por todos: cómo una sola persona ha osado desafiar todos los convencionalismos del mundo de la música clásica y acercar la misma a tanta gente. Rhodes ataca el establishment de esta industria con toda su artillería pesada: explica las piezas que tocará cual showman, y lo hará ni más ni menos que, entre otros atuendos, vistiendo una sudadera custom made con el nombre de Bach en ella, cuál universitario en un campus americano. Y tatuado en alfabeto cirílico en su brazo (lo enseña orgullosamente), su pope de la música: Rachmaninov.

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James Rhodes - 05.05.2016, Primera Persona, CCCB - 5En su intervención en el festival, Rhodes tocó ni más ni menos que cuatro piezas, y sobretodo, cabe destacar una genial rendición de Schumann y un gran Bach. Fue la primera oportunidad que tendrá el público barcelonés de escuchar este año a Rhodes, antes del concierto que ofrecerá en el Sónar este junio. Durante la entrevista, dirigida por Javier Blánquez, iba desgranando su vida y su proceso creativo mientras se ganaba al público con su mezcla entre desenfado y timidez patológica (lo cual aún lo hace más entrañable a sus oyentes).

Según Instrumental, la música salvó a James Rhodes. Ahora es James Rhodes quien devuelve el favor (a la música clásica) llenando auditorios de savia nueva, de público llevando los mismos tejanos que él viste, y su estilo desenfadado. De público de siempre y de público nuevo: entre éstos últimos, los más atrevidos seguramente ya habrán escuchado la playlist que el autor curó para la promoción de su libro. Y ya fuera esa su primera vez en el mundo de los recitales de piano o no; ya sea que escuchen más música clásica o no; ya sea una moda pasajera o no… la cuestión es que el auditorio está lleno, la media de edad disminuye, y James Rhodes, después del fenómeno de Instrumental, puede darse por muy satisfecho: misión cumplida.

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