Elegancia y humildad solo son algunos de los infinitos atributos (todos positivos) que se le pueden conceder a Jay-Jay Johanson. Así lo pudimos ver el pasado sábado en la sala Apolo, donde se presentó bajo el lema 20th Anniversary of Whiskey  y que sirvió para dar vida de cabo a rabo a uno de los mejores debuts de la década de los noventa, justo cuando el trip-hop más melancólico estaba en la cresta de la ola gracias a grupos como Portishead, Massive Attack o Tricky.

Como viene siendo habitual, su paso por nuestro país es motivo de celebración, ya que a sus más de dos décadas de carrera intachable se le han ido sumando nuevos adeptos, amantes de un sonido frágil y siempre en constante experimentación: funk rock, jazz, electrónica sutil o la pista de baile son solo algunos de los caminos que el sueco ha trazado a lo largo de su celebrada trayectoria y sus más de diez discos.

 

Enmarcado en el Festival del Mil·leni, llegó a La [2] de Apolo con todo el papel vendido y una puesta en escena muy parecida a la que pudimos ver hace dos años en la sala Razzmatazz, donde presentó el que fuera su último trabajo, “Opium”, con un excelente pianista y un brillante batería.

Los scratches de ‘It Hurt Me So’ daban por inaugurado un concierto que se preveía mágico, con un Johanson nada andrógeno y muy cercano. El setlist repasó casi en su totalidad los nueve cortes que dan grosor a “Whiskey” y que intercaló casi de forma ordenada. ‘The Girl I Love Is Gone’ o ‘Tell Me Like It Is’ fueron poesía en estado puro, esta última siendo a mí parecer la más celebrada. Una melancólica voz y derroche de sutileza te sumergía por un downtempo de bonitos paisajes sonoros, que siempre evocaban en efusivos aplausos al final de cada tema. Los cuarenta segundos de ‘Skeletal’ dejaron un solo del sueco donde coqueteó con su micro, mientras sus ojos rebosaban alegría por estar en perfecta comunión con el público. ‘I’m Older Now’ y ‘Extended Beats’ se llevaron la parte movidita del show, synth-pop futurista donde las cajas de ritmos brillaron.

El sueco tuvo tiempo de repasar algunos de sus éxitos; en el repertorio pudimos escuchar una ensoñadora ‘She’s Mine But I’m Not Hers’, rescatada de su segundo trabajo “Tattoo” (1998) y del que también rescató ‘Milan, Madrid, Chicago, Paris’. Tampoco se olvidó de su tema más celebrado de aquel “The Long Term Physical Effects Are Not Yet Known” (2007) y es que ‘She Doesn’t Live Here Anymore’ fue un auténtico tapiz de arreglos orquestales, hasta nos deleitó en el bis con un adelanto del que será su próximo álbum, siendo ‘NDE’ el único guiño que hizo a su última referencia, “Opium” (2015).

Los bises fueron de una fragilidad hipnotizadora, primero con él solo en el escenario y totalmente a capela para dar forma a ‘Whispering Words’ de aquel “Poison” (2000) y que cierra la trilogía de su primera etapa. ‘Rocks In Pockets’ pondría el broche definitivo a una noche llena de sentimiento donde Jay-Jay Johanson brilló de nuevo.

Texto: Manel Ferrer | Imágenes: Toni Rosado