A sus 83 años, la leyenda del blues blanco John Mayall volvió a demostrar porque es un mito viviente en la historia de éste género y del rock. Fundador de los “Bluesbreakers” con Eric Clapton, Peter Green (Fleetwood Mac) y Mick Taylor ( Rolling Stones), entre otros, el músico inglés sigue desbordando energía y sabiduría a raudales.

La nueva gira de John Mayall, “Livin’ &Lovin’ The Blues Tour 2017”, sirve como excusa para volver al ruedo y presentar algún tema de su nuevo disco, pero sobretodo, para recuperar algunas de las joyas de sus múltiples grabaciones. Con un setlist diferente en cada una de sus actuaciones realizadas en nuestro país, el multiinstrumentista británico sigue brillando como teclista, guitarrista y armonicista. Posiblemente, e indudablemente, sus fraseos no alcanzan la ejecución de antaño y sus capacidades vocales están sensiblemente mermadas, pero cualquier nota que entrega sigue siendo de una genialidad y maestría inalcanzables.

Sin su cómplice Rocky Athos a la guitarra y acompañado de Greg Rzab al bajo y Jay Davenport a la batería, arrancaron fervorosamente con “Mother in law blues” (“Find a way to care”-2015) para luego afrontar con el órgano Hammond “Ain’t no guarantees” del mismo álbum. Con la guitarra llegó una intensa “Voodoo Music” ( cover de J.B.Lenoir ) y con la armónica recuperó la espectacular pieza de Jimmy Rodgers “That’s all right”. La compenetración entre los tres músicos fue absoluta desde el primer acorde, con intensos solos con la armónica e inspirados fraseos al teclado. John Mayall sigue disfrutando con cada interpretación, y de forma cálida y jovial introduce las canciones, cambia de instrumento sin aparente esfuerzo, y aborda un recital de dos horas sin síntomas de cansancio. Habría que averiguar el secreto de su pócima. Y antes de tocar la más calmada “A special life”, repescaron “One life to live”, que grabó con sus “Bluesbreakers”.

Para finalizar, única concesión con el imperecedero clásico “Room to move”. Vítores, aplausos y reverencias. El maestro sigue en forma.

Crónica de Òscar Blanch | Imágenes de Meritxell Rosell