«Obverse», la nueva electrónica de Trentemøller

En el último año hemos mencionado en un par de ocasiones «Obverse» y difícil sería no hacerlo, porque en los últimos meses Trentemøller, el artista que nos ocupa, ha publicado varios adelantos realmente interesantes procedentes del álbum que publica hoy. Sin ir más lejos en agosto comentamos la introspectiva ‘Try A Little’, pero hoy no venimos a hablar sobre un tema en concreto sino de la última obra de Anders Trentemøller, un trabajo que desde el primer momento nos deja claro que a lo mejor otra cosa no, pero el músico danés ha estado cuidando y puliendo esta creación hasta el más mínimo detalle.

Para empezar, hay que decir que la electrónica sigue siendo el motor fundamental de su sonido. Una electrónica que ahora más que nunca cambia constantemente y según lo requiera la situación. Desde loops de techno y dub que parecen no terminar hasta fases erráticas que juegan con la experimentación, una constante en la discografía del también productor y DJ, y que por supuesto no iba a ser menos en esta quinta referencia para su carrera.

El disco juega un poco con ambos lados, y decide comenzar con ‘Cold Comfort’, donde nos recibe la inconfundible voz de Rachel Goswell de Slowdive en un opener con un registro algo más pop y relativamente grácil. En este primer corte nos vemos envueltos en un sutil dream pop de graves prominentes que de tanto en tanto decidirá arrancarnos cualquier atisbo de calma con breves explosiones sonoras a compañadas por la gran voz de Goswell.

‘Church of Trees’ toma ahora el timón de la aventura para llevarnos de la mano por un momento más introspectivo. El tema confía en un apartado instrumental aparentemente minimalista para generarnos una sensación de calidez y seguridad, con un final que transiciona a la perfección con el inicio de ‘In The Garden’, una vieja conocida de la que ya hablamos hace un tiempo. Lina Tullgren interviene aquí como una de las voces invitadas del disco (además de letrista), en un tema que va sobre cómo escribir una canción. ‘In The Garden’ nos sitúa en un limbo de electrónica ambient tan simple como encantador y que para cuando nos hayamos dado cuenta todo habrá terminado, aunque en realidad no, porque es el momento de ‘Foggy Figures’. El título, aunque un tanto abstracto, es realmente acertado, porque el tema parece dibujarnos una difusa sección instrumental, por lo menos en sus primeros minutos, porque en su última parte decide subir las revoluciones gracias a, entre otras cosas, una excepcional fase de percusión.

Prácticamente en el ecuador del viaje, es el turno para la ominosa ‘Blue September’, un tema que además de tener la primera intervención vocal de Lisbet Fritze cuenta con una guitarra que toca la danesa. La canción decide virar en su último a lo puramente electrónico, abandonando cualquier punteo de guitarra en un ejercicio de deconstrucción. Entonces llega ‘Trnt’, un constante juego de bases, graves y ocasionales ecos que en una escucha superficial pueden dar la impresión de ser un pasaje puramente ambiental con función de interludio entre temas más melódicos, pero que no resulta ser menos que otras piezas de «Obverse», ya que con la atención necesaria se convierte en un viaje igual de disfrutable que el resto del disco. Es en estos momentos en que es más complicado seguirle la pista a Trentemøller, además hablamos de un tema de ocho minutos. Pero el resultado es desde luego satisfactorio, sobre todo cuando después de este trance irrumpe ‘One Last Kiss To Remember’ para abrumarnos con un ola ruido tan inesperado como agradable. La canción tarda poco en recomponerse de semejante shock, tomando forma y convirtiéndose en uno de los momentos más pegadizos del álbum, gracias a la maravillosa voz de una Fritze que repite papel, fundiéndose con la distorsión del tema hasta desaparecer.

‘Sleeper’ decide bajar las revoluciones una vez más, y nos ofrece unos melancólicos cuatro minutos para, entre otras cosas, reflexionar y tomarnos un respiro gracias a una simple pero agradable progresión que nos permite evadirnos por un momento. Por supuesto el disco nos ofrece algo más, y ése algo es ‘Try A Little’, uno de los singles que Trentemøller adelantó con anterioridad. Con la emocionante voz de Jennylee de Wairpaint, el danés decide ir cerrando «Obverse» en una nota más optimista con una canción que funde el new wave y la electrónica, recordándonos a bandas como Siouxsie and the Banshees o Joy Division y eso siempre es algo positivo. Pero el verdadero cierre del disco llega con ‘Giants’, un final mayormente ambiental que parece querer despertar y rememorar a lo largo de sus cinco minutos las sensaciones vividas en todos los anteriores temas.

Podría decirse que «Obverse» termina en un punto un tanto amargo (en el buen sentido), animándonos a volver a pulsar el play para examinar una vez más la nueva experiencia de Trentemøller. Y desde luego eso es algo que vale la pena, porque el danés nos descubre en cada nueva escucha nuevas pinceladas y matices que uno probablemente pasará por alto en su primer contacto. Si «Obverse» es mejor o peor que sus predecesores eso lo decidirán el tiempo y sus seguidores, pero lo que salta a la vista es que Trentemøller ha presentado una obra realmente detalla y minuciosa que debería interesar a cualquier fan de la electrónica alternativa.

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