Iceland Airwaves’09: Día 1

por Natxo Medina

101 Reykjavik
Vale, partimos de la base de que Islandia es un país bonito, frío, y un pocoIMG_8370 (Small) raro. Igualmente partimos de la base de que estoy escribiendo con un teclado escandinavo lleno de símbolos que probablemente nunca en mi vida tenga que usar. Y sólo para poneros en antecendentes, partimos de la base de que servidor de ustedes ahora mismo escribe desde una casa blanca y verde situada en la calle Hverfisgata, número 88, en el distrito 101 de Reykjavik (el de las calles comerciales, el del meollo). Hace un día chulo, sol y tal, pero el clima aquí es bastante hijo de perra, así que nunca se sabe.

Llegué a Reykjavik el pasado sábado después de una verdadera odisea de aviones y de pasar una agradable tarde noche en Londres (gracias Marta!) en la cual tuve la oportunidad de ver en directo a un grupo galés llamado Race Horses que me pareció realmente bueno. Estoy ahora mismo inmerso en un campo de trabajo internacional, currando como voluntario para el Iceland Airwaves’09. Esa es básicamente la razón de que os esté escribiendo estas líneas, queridos amigos. Pero vale ya de anécdotas y metámonos en el ajo.

Un poco de historia
IMG_8380 (Small) Iceland Airwaves tiene ya una larga trayectoria como el punto caliente de la escena musical alternativa del Atlántico Norte. Desde su bautismo en 1999, artistas internacionales, tanto consagrados (Flaming Lips, Suede, Fatboy Slim, Thievery Corporation o The Hives) como en pleno crecimiento (Florence and the Machine, White Lies, Friendly Fires) se han paseado por sus escenarios, para tocar junto con bandas punteras de la escena local como Gus Gus, múm, Sigur Rós (sí, ahora son muy internacionales pero una vez fueron cuatro chavales de Reykjavik), FM Belfast o Quarashi.

El festival tiene una filosofía bastante ecléctica, ofreciendo una gama estilística muy amplia, que va desde el ambient, el noise o la electrónica experimental al dance pop pasando por todos los estadios intermedios (hardcore, punk, electro, folk y todo eso que ya os sabéis). Prueba de ello es el cartel de la edición 2009, en el que os podéis encontrar a Ben Frost junto a Metronomy, a Olafur Arnalds junto a Crystal Antlers o a Cancer Bats junto a Kings of Convenience.

Aparte de estos nombres internacionales más o menos conocidos por cualquier aficionado que pueda estar leyendo esto, el Airwaves siempre funciona como un espectacular escaparate de todo el talento musical que se puede rastrear en la isla. Todo el que ha salido de Islandia en la última década ha pasado en algún momento por aquí.

La mandanga
El festival tiene lugar en unas 10 salas, casi todas ellas situadas en lo queIMG_8373 (Small) podríamos considerar el centro de la ciudad y casi todas de capacidad media (excepto el Nasa que es bastante grande, y que vendría a ser como El Clubaco de la noche islandesa). Antes de entrar a trabajar en mi turno (empezaba a las 22.30 en el Nasa precisamente) me estuve paseando por algunos de los clubes, y todos están bien cuidados, llenos de personal de seguridad y detalles decorativos a la escandinava, llenos de chicas a la última moda élfica y en todos una mísera birra cuesta alrededor de 6 € (mis cuitas para conseguir alcohol en esta ciudad son historia aparte. Seguramente cuando vuelva a Barcelona voy a tener que vender mi cuerpo a la ciencia para pagar el alquiler).

Durante ese rato de vagabundeo no vi nada especialmente interesante: en el Sódóma (pese al nombre es un sitio muy agradable, el típico local de conciertos oscuro pero muy bien cuidado) tocaba un trío de punk pop con teclados y bases programadas llamado Bummer bastante sosaino pero cuyos miembros llamaban bastante la atención (básicamente el cantante era un tío enorme y fofo, la teclista era casi más enorme que el cantante y elIMG_8381 (Small) bajista era una especie de enanito encorvado de manos larguísimas). Justo al lado, en un local llamado Batterið, un dúo rap llamado Ramses (foto) que eran bastante malos (el sonido de la sala tampoco ayudaba) pero que por lo menos me dieron la oportunidad de escuchar un poco de rap en islandés (y sí, suena tan poco nigga como os podéis imaginar, más bien tenía que ver con una fiesta de gangsters balcánicos). Muy cerca de estos dos clubs estaba el Jacobsen, un local que parece una discoteca de las que en Barcelona están por encima de Diagonal, o sea, de las pijas. Pero el caso es que ayer la noche allí estaba dedicada a algo llamado Weirdcore, que por lo que entendí suena básicamente a techno breakcore 8bit hecho por chavales de 15 tacos ciegos hasta las trancas (otro fenómeno curioso de la escena local, hay un montón de bandas muy jóvenes y muy talentosas, lo cual mola bastante). En el Jacobsen vi a unos jovencitos llamados Yoda Remote que le estaban alegrando la noche a un hombre con pinta de vocalista black metal con sus teclados trepidantes y unos bombos rotos bastante majos.

De ahí me fui directamente al Nasa, local en el que, por exigencias del guión me pasé el resto de la noche. Luces azules, un tipo vestido de domador de monos grabando con una cámara a un lado del escenario, copas ultracaras, una especie de pecera llena de hielo y birras, un montón de trendy people que parecía conocerse entre sí, chicas guapas, chicos con bigote, botasIMG_8404 (Small) altas de piel, caras largas (los sobrios), gente gritando (los no tan sobrios)… Muy parecido a la imagen mental que en el sur tenemos de los clubs escandinavos.

Allí la noche parecía dedicada al rocanrol de trazo grueso, más o menos punk, más o menos emo, más o menos hardcore, en el marco de un showcase del sello Kimi Records. Por el camino se metieron Juvelen, un grupo sueco de disco pop rock que a la gente pareció gustarle mucho pero que a mí me parecieron de lo más insulso, y que iban vestidos como The XX (mira que la gente tarda poco en subirse al carro del éxito). Será que en realidad ahora ya cuando alguien mete una batería disco en una canción directamente dejo de escuchar o será que mientras ellos tocaban yo estaba en la entrada de artistas pasando frío, charlando con el guitarrista de Kimono sobre el Primavera Sound e impidiendo que las adolescentes borrachas se colasen en el backstage (las groupies son iguales en todos los rincones del universo).

IMG_8398 (Small)Pero antes de Juvelen, tocaron Morðingjarnir, unos locales que hacían punk rock old school con ramalazos pop y metal que en sí era un poco aburrido pero que ellos defendían con mucha garra (Haukur, su vocalista, resultó ser un fiera, y los coros que hacían entre él y el bajista Atli molaban cacho, con toda esa fonética islandesa de por medio) y justo después el que para mí (y me parece que para el público en general) fue el concierto de la noche. Reykjavik! salieron a partir la pana desde el minuto cero y a demostrar por qué hoy por hoy son una de las propuestas más interesantes y con más proyección de la escena rock del país. No en vano, si el maestro Ben Frost les ha producido su disco “The Blood”, algo han de tener. Y lo que tienen es un vocalista chiflado que saltó al público más o menos a mitad del primer tema y que estuvo chillando entre nosotros la mayor parte del concierto, un segundo vocalista/guitarra, que desde el escenario manejaba el cotarro y se iba dirigiendo al público entreIMG_8399 (Small) canción y canción y una sección rítmica brutal y efectivísima. Sonaron salvajes como una mezcla bastarda de The Stooges con Blood Brothers y las melodías taberneras de The Pogues, regado con una gotas de Nation of Ulysses. Really fucking good shit. Ojalá algun día pasen por nuestro país.

Después de Juvelen, pude volver a la sala para encargarme del foso de prensa (me descojono solo de pensar en mí mismo haciendo de segurata, pero así era, con una camiseta amarilla horrible además). A partir de aquí la noche no aportó nada especialmente remarcable. Kimono, el trío que actuó acto seguido, resultaron bastante aburridos con su sonido oscuro de corte británico (una especie de versión post rock de los primeros Placebo) y no consiguieron motivar demasiado a un públcio que ya parecía haber tenido suficiente y que en parte había abandonado la sala para ver otras cosas. Para cerrar, los jovencísimos IMG_8420 (Small)Sudden Weather Change, que si bien resultaron sorprendentes en su apuesta por una especie de screamo de estructuras pop y melodías chirriosas, y le echaron energía al asunto, resultaron todavía poco hechos y sin toda la garra que sus melodías apuntan, cosa por otra parte lógica teniendo en cuenta su edad. Igualmente, en disco suenan bastante bien.

Los conciertos en Nasa acabaron sobre la 1.30, y después llovía, y estábamos cansados y hacía un frío terrible, así que simplemente nos fuimos a casa y en un rato cada uno estaba en su cama y Dios en la de todos.Al día siguiente nos esperaba una nueva sesión de rocanrol a la escandinava y para algo así hay que estar descansado.

Dentro de una hora (en Islandia hay dos horas menos que en nuestro país) estaré en la puerta de un garito viendo desfilar al público islandés. Y al terminar mi turno, más musicón. Veremos qué tal se porta la noche.

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