Slow Six – “Tomorrow Becomes you” (Western Vinyl, 10)

por Natxo Medina

El tercer disco largo de los neoyorkinos Slow Six (que curiosamente, o no, son cinco y no seis como podría pensarse) lleva ya unos meses en el mercado, concretamente desde el 16 de enero pasado. Nacido con el frío del invierno (más frío todavía en Nueva York, esa ciudad en la que los inviernos se imaginan como aquel de “Solo en Casa 2″, con gente patinando en el hielo y corriendo de un sitio a otro bajo la nieve, llamando taxis amarillos conducidos por hindúes), “Tomorrow Becomes You” es, sin embargo, pura calidez. Una calidez de lenta y amable digestión, un buen menú que te deja saciado pero que a la vez te estimula el apetito futuro, el del gourmet, el del que tiene ganas de probar más cosas que le dejen tan buen sabor de boca.

Nacidos con el nuevo milenio, empezaron siendo un combo experimental que navegaba tímido en los mares del ambient, el noise, la psicodelia y el minimalismo, bregándose en cantidad de escenarios sobre los cuales poco a poco fueron dando forma a un lenguaje que hoy, en este su nuevo disco suena exultante, pletórico, seguro de sí mismo, abrazando todas y cada una de las influencias comentadas y aunándolas en una gramática post rock melódica, lírica, llena de arreglos, estructuras vibrantes, pasajes de música concreta, ritmos jazzies, explosiones eléctricas y firmeza estructural.

El disco empieza casi en susurros, con tintineos de piano y cuerdas apenas esbozadas, envueltas en una reverb que parece un abrazo, y pronto llegan las notas de guitarra, cristalinas, melancólicas. Así pasan un par de minutos, invitándote a entrar, el rato que tardas en ponerte una copa y sentarte en el balcón, de noche, cuando todos duermen. Estás escuchando “The Night You left New York”, tema en el que se recogen muchos de los logros de un disco expresivo y rico que empieza a dar muestras de su grandeza en el momento en el que el tema empieza a viajar a lomos de un violín que será casi omnipresente a lo largo de todo el recorrido, y que normalmente se encarga de trazar melodías en espiral, a las que se van uniendo otras melodías, arreglos de cuerda y guitarra, electricidad, baterías que empiezan con leves toques de aro para acabar encabritándose en crescendos rock que sientan de maravilla. Son nueve minutos deslumbrantes tras los cuales ya estás rendido a lo que el disco tenga que traerte.

Tras esta joya de ritmos sincopados y arreglos perfectos, que termina en un océano de calma, ya has podido darte cuenta de las coordenadas en las que se mueve esta gente, y has pensado en los Balmorhea más distorsionados (los de “All is Wild, all is Silent”), has pensado en los fantásticos My Education, en Yndi Halda, en unos GY!BE menos oscuros, en compañeros de la escuela neoyorkina como Lymbyc Systym, has pensado en Cougar y en toda esta nueva generación de postrockers norteamericanos que no tienen miedo de sonar bonitos a la vez que potentes, que no les hacen asco a las melodías ni a la lírica de cámara, que saben cómo ponerse oscuros (en las dos partes de “Cloud Cover”, que siguen al primer tema, los violines se vuelven repetitivos, las atmósferas se enrarecen, los ritmos duelen) y que saben que la dinámica calma ruidaco está ya más que superada y se necesita transitar por nuevos caminos.

“Because together we resonate” es el tema más ambiental del disco, seis minutos de psicodelia y cuerdas, de voces filtradas y paisajes de amanecer, que nos introduce en las dos partes de “Sympathetic Response System”, en las que la banda juega con sintes oscuros a la mejor manera de unos The American Dollar, trabajando muy cabalmente las atmósferas electrónicas y los ritmos de inclinación kraut (al fin y al cabo los miembros del grupo son, como ya apuntábamos, hijos directos de la escuela minimalista neoyorkina y su afición por los ritmos repetitivos), que juegan de nuevo a favor, y nunca en contra de su lenguaje. Cuando después de esto llegan los siete gloriosos minutos de “These Rivers Between us”, en los que abrazan de nuevo el lenguaje cristalino y contundente del inicio, sientes que estos grandes músicos podrían llevarte a cualquier parte. Porque tienen confianza en lo que hacen y saben transmitirla, porque han conseguido hilar un discurso que suena propio y excitante, y porque de pronto te das cuenta de que llevas casi una hora escuchando un señor disco. Y créanme, y supongo que estarán de acuerdo conmigo, que eso cada día se agradece más.

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