Primavera Sound 2019: crónica del viernes

Segundo día, mismas ganas. Tras un notable jueves el Primavera Sound se disponía a dar paso otro día y con ello, otras bandas y músicos. Si durante el jueves el Parc del Fòrum se sintió bastante vivo y lleno podemos decir que esta sensación se acentuó todavía más durante el viernes. No es de extrañar, ya que algunos nombres de peso esperaban.

Nuestro viernes comenzó con Beak>, que viene de publicar «>>>» el pasado año. Todo aquél que los conociera sabía que con ellos aguardaba una sesión de rock, kraut y electrónica, y así fue. Y es que el trío británico puso en práctica su talento para presentar largas y viciosas secciones instrumentales que de vez en cuando recibían la visita de las difusas voces de Geoff Barrow (Portishead) y Billy Fuller (Robert Plant). ‘Brean Down’, uno de los temas más destacables de su último trabajo, también hizo aparición.

Derby Motoreta’s Burrito Kachimba. Esa fue la siguiente parada, más concretamente en el escenario Rayban. Con su disco homónimo a la venta desde febrero, la banda andaluza nos trajo lo que ellos llaman kinkidelia. Y la verdad es que es una palabra bastante adecuada, porque DMBK revolucionó el escenario con una fusión de rock duro, psicodelia, stoner y sonido garage. Con un look y una entrega que recordaba al de algunas bandas de glam rock ochenteras, los españoles disfrutaron como un espectador más de su aguerrida kinkidelia.

En una jornada que no se vió tan azotada por el sol como el primer día, el siguiente paso de nuestra agenda era Janelle Monáe. La artista estadounidense nos emplazó en el escenario Pull & Bear para una velada que sin duda prometía. La diva cumplió de sobras primero gracias a una escenografía simple pero eficaz y a una séquito que la apoyaba continuamente en inspiradas coreografías en las que la propia Monáe demostraba sentirse en su salsa. Con varios cambios de vestuario durante el concierto, la cantante, actriz y productora movió a través de estilístico pop y R&B un público que cantaba con entusiasmo hits como ‘Electric Lady’ tanto como los nuevos temas de «Dirty Computer», que ocuparon una buena parte del repertorio.

Ahora apetecía un poco de rock noventero, así que la decisión estaba clara. Volver al escenario Rayban y disfrutar de Suede. Lo difícil es no hacerlo, porque como es habitual en ellos se volcaron para hacer disfrutar a la gente, en especial Brett Anderson. El frontman de la banda británica vivió el concierto como si fuera el último ya que nunca se paraba quieto, llegando a acceder al público, donde cantó rodeado de fans. El quinteto proporcionó una de las actuaciones más intensas y divertidas de esta edición, interpretando clásicos como ‘Beautiful Ones’ o ‘Trash’. Brett Anderson y compañía también se acordaron de su último disco de estudio «The Blue Hour», del cuál sólo tocaron 2 temas, cosa que nos llamó la atención.

Apenas cinco minutos después del britpop llegaba una banda muy interesante. Hablamos, cómo no, de Low. El grupo fundado por Mimi Parker y Alan Sparhawk y al que más tarde se uniría Steve Garrington prometía una velada profunda para la que había que venir mentalizado. Su último disco «Double Negative» fue el absoluto protagonista de su repertorio con hasta 6 canciones, destacando la sentida y sombría actuación de ‘Dancing and Blood’. Los reyes del slowcore (término que no les acaba de gustar) se caracterizan por su gusto en los tempos lentos y un enfoque minimalista, algo que por supuesto se mantuvo intacto desde el primer minuto. Las voces de Parker y Sparhawk se sentían como un oasis en un desierto, creando momentos tan tensos como mágicos, en una evento en el que a ratos se sintió más ritual que concierto. Más allá de su reciente trabajo, el trío no se olvidó de temas como ‘No Comprende’.

Corriendo, llegamos a Tame Impala, que como era de esperar congregó a mucha gente. Tardaron un par de minutos en aparecer, pero al hacerlo despertaron naturalmente muchos aplausos. Kevin Parker y los suyos arrancaron fuerte: ‘Let It Happen’ levantó al público enseguida y no es de extrañar con semejante hit, al que le continuaría ‘Patience’, el single que publicaron recientemente y que sonó realmente bien en vivo. Con un potente apartado visual que deformaba las imágenes que se proyectaban en las pantallas grandes hasta retorcerlas en psicodelia y colores verdosos, los australianos apenas se dejaron en casa los temas favoritos de los fans, ya que también interpretaron ‘Elephant’, ‘The Less I Know The Better’ o ‘Apocalypse Dreams’. Tras una breve pausa, Parker, aparte de declarar su amor por Barcelona, recordó al público los problemas de sonido que sufrió la banda en su última visita al festival el pasado 2016 y que les impidió tocar durante un cuarto de hora. Acto seguido, Tame Impala arrancó la mítica ‘Feels Like We Only Go Backwards’ como si pidieran perdón hasta ‘New Person, Same Old Mistakes’, con la que cerraron un buen concierto.

Para ir terminando nos presentamos en el escenario Primavera, con ganas de recibir a Jungle. Cualquiera que pudiera tener dudas de si estaban en el lugar correcto para ver a la formación británica las disiparía al echarle un vistazo al escenario, ya que del mismo pudimos ver un gran letrero con el nombre de la banda, empleando la tipografía de su nuevo disco. Con bastante puntualidad, el grupo originado en Londres salió dispuesto a pasarlo bien y a hacer bailar a la gente con un exquisito soul y funk moderno. Como era de esperar pudimos escuchar varias canciones de «For Ever», el último trabajo del grupo, tales como la pegadiza ‘Casio’, que no tardó en contagiar a los asistentes con su ritmo en una divertida noche.

Crónica de Marc Oliveras  |  Imágenes de Toni Rosado

También puedes ver la fotogalería del viernes en Primavera Sound 2019

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