Fue notable la cara de boquiabiertos que se nos quedó cuando la diva del r&b, Beyoncé proclamó de noche al día que lanzaba su quinto disco al mercado. Así sucedió una inesperada noche del pasado jueves 13 de Diciembre cuando, sin avisar, Beyoncé publicó su nuevo “álbum visual” de 14 canciones y 17 vídeos en iTunes, sin la más mínima promoción ni publicidad de adelanto. ¿Una vacilada total? Tal vez, pero la estrategia probablemente le hubiese fallado si no fuera por la calidad y singularidad del disco, que en tan soló cinco días le obtuvo un millón de ventas. De entrada y recuperados del shock de la sorpresa, nos intrigaba saber si la calidad musical del álbum estaría a la altura de la atrevida campaña de marketing de Lady B. La respuesta fue un sí sin titubeos.

Sin tener en cuenta la magistral compilación de videos que acompañan individualmente a cada una de las canciones, dirigidos por artistas  consolidados como Terry Richardson o Hype Williams, la variedad de géneros y estilos que explora el álbum es realmente excepcional. Desde el pop más tradicional hasta canciones semi rapeadas/semi cantadas que se acercan más al r&b o el soul electrónico, Beyoncé nos demuestra una vez más su amplio abanico de registros. Claro está, que esto no lo podría haber logrado sin tener a su lado un equipo de productores de la talla de Drake, Pharell Williams, Timbaland, Justin Timberlake y ni más ni menos que su propio marido, Jay Z.

Además de experimentar con nuevos estilos musicales, Beyoncé nos invita a celebrar con ella una nueva etapa en su vida: la maternidad y el matrimonio, vistos por ella como los dos ejes que constituyen la más elevada cima de felicidad a la que puede aspirar una mujer.

Beyoncé comparte, sin escrúpulos,  algunas de las situaciones y reflexiones más íntimas de su vida personal y matrimonial, desde temas como la bulimia, la depresión post natal, la inseguridad provocada por el matrimonio y la maternidad y sobre todo su lado más sexual, que destaca en el álbum. Y es que lo más llama la atención del disco es el cargado contenido explícito de las letras. Pero curiosamente, imaginarnos a Bey frotándose encima de su marido en la bañera a modo de un “Surfboard” (letra extraída de Drunk in Love), a cuatro patas en el asiento trasero de una limosina (Partition) o siendo lamida por su amado “can you lick my skittles” (Blow) no nos resulta vulgar sino casi enternecedor y romántico, ya que nos la figuramos con su marido, el emperador del rap Jay Z y nos parece la más atractiva historia de amor. Desde luego, la monogamia nunca había sido tan sexy como con Beyoncé.

Aparte de las canciones más sensuales, existen baladas más sensibles como Jealous, Heaven y Blue, canción dedicada a su hija, y la excepcional pista ocho del álbum, Rocket, que por su tempo y harmonías recuerda al estilo neo-soul de D’Angelo.

Por otro lado, algunos de los temas más tralleros del disco son Flawless, en que la artista utiliza un extracto de la charla TED realizada por la escritora e activista nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie para ilustrar el feminismo y el poder de la mujer,  uno de sus temas más recurrentes o la viral canción XO, que se parece más a un éxito de Pop pero conserva la frescura y el aire sin pretensiones de Beyoncé.

Si algo nos llevamos de este álbum es que Beyoncé no tiene que justificarse ni reinventarse como lo hacen muchas  otras estrellas del pop. Es una artista de indudable talento, carácter y perfección y simplemente puede permitirse hacer lo que le da la gana. ¿Por qué? Porque es Beyoncé.

 

El próximo 24 de Marzo, Beyoncé actuará en el Palau de St Jordi como parte de su gira Europea, The Mrs. Carter Show World Tour 2014. Los que  tuvieron oportunidad de verla en su anterior gira 2009 saben lo que les espera!

 

Texto por Camila Peters