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20 Mil Leguas de Viaje Submarino – Diario de un grumete anónimo (Parte V). Una Discontinuidad invertida cerca de Veracruz
Género: Destacados, Electronic, Pop, Rock, Shows, Soul
Programa: 20 mil leguas de viaje submarino
07 Dec 2011
Tracklist / Contenido del programa:
El Nautilus merodeaba las costas de Veracruz, cuando de pronto despierto con la imagen del Quijote que tengo colgada junto a mi litera dando vueltas desesperadas de un lado para el otro, invirtiéndose hacia arriba y hacia abajo, como si del mismísimo péndulo de Foucault se tratase. Al parecer nos había alcanzado una de esas malditas corrientes submarinas, tan propias del golfo mexicano y que hacen divagar hasta a los peces más robustos. No quedaba otra que dejarse llevar en la inversión discontinuada de esa oscilación inquietante y agarrarse con todas la fuerzas al canto de la litera para no quedar repartido en el helado suelo.
Mientras el Nautilus bregaba contra esta especie de fuerza centrífuga maldita, que nos hacía oscilar como una frágil campana mecida al viento, recordé un ligero juego que hacía cuando era pequeño.
Cerraba a medias los ojos hasta no dejar más que un resquicio, por el que miraba intensamente lo que quería ver. Después, giraba tres veces sobre mí y pensaba que así había atrapado, cogido en la trampa, lo que había visto, y que podía guardar indefinidamente no sólo eso sino también los olores, los ruidos. Por supuesto, a la larga, caí en la cuenta de que mi truco no funcionaba, y sólo a partir de entonces recurrí a las herramientas técnicas para conseguir el mismo efecto.
También caí en la cuenta de que hace mucho tiempo había prometido que a Veracruz y a sus playas lejanas, no pensaba volver nunca más en mi vida. Fui feliz allí, en una noche de luna llena, en Los Portales, ni antes ni después de esa noche, en el último mes de octubre de mi juventud. Pero no pienso en la vida nunca volver, pues sé muy bien que la nostalgia de un lugar sólo enriquece mientras se conserva como nostalgia, pero su recuperación significa la muerte, como escribió hace un tiempo en un lejano libro Enrique Vila-Matas.
Fui a México cuando la desesperación y el olvido me habían conducido a la incertidumbre, el desasosiego y a la mismísima desesperación que me llevaron incluso al extremo de creer que oía voces y que los distinguidos y habituales clientes de la librería en la que trabajaba como dependiente se dedicaban a observarme con una mirada distante y oblicua recomendándome que, dado mi actual estado de locura abandonara cuanto antes mi solitaria existencia y viajera.
Recordé entonces que el dueño de la librería me ofreció que lo representara en la feria del libro de Guadalajara en Jalisco, que hablara con algunas editoriales para importar directamente y no tener que pasar por esos insufribles intermediarios. En fin, hice lo que tenía que hacer, y cuando ya todo hubo terminado regresé a Ciudad de México en un tren cargado de botellas de tequila y de mezcal, y durante el viaje una música descarriada y oblicua fue el acompañante ideal de tal travesía.
Una vez dejado atrás el bullicio de Jalisco, donde reí y bebí como nunca lo había hecho, y canté rancheras y hasta disparé –me habían vendido un pequeño revolver negro- al cielo sereno de la mañanita mexicana, me di cuenta que había sido tan feliz durante aquel viaje que, al llegar a mi hotel en el Zócalo de la Ciudad de México, sentí que era muy doloroso tener que volver a la vieja librería de Ñuñoa. Lo sentí principalmente aquella mañana en la que desperté con la fuerte sensación de vacío, golpeado por una misteriosa voz interna que me conminaba a escribir cuanto antes un relato que debía llevar por título Es que no soy de Veracruz.
Aquel mismo día partía en avión rumbo a Santiago, pero decidí quedarme, prolongar mi estancia, me fui a caminar por los bares de la avenida Bucareli y allí, en el bar El tiempo en la botella, mientras degustaba una cerveza Modelo, casi por azar, un parroquiano me habló largo y tendido, de la ciudad de Xalapa, en el estado de Veracruz.
Me fui a Xalpa esa misma noche. Fui a Xalapa porque el parroquiano me dijo que ahí andaba quedándose a vivir Enrique Vil-Matas. Emprendí el viaje en un autobús destartalado, un bus que hacía la ruta histórica y algo extraña que une la capital de México con el puerto de Veracruz y que en el pasado colonial sirvió de puente entre México y el Reino de España. Pase todo el trayecto dormitando, soñando que me extraviaba, que de pronto me llegaba la hora y entraba la policía a buscarme a mi casa y yo escapaba por la puerta trasera. Soñé que la policía me tomaba preso frente a una iglesia bizantina muy antigua, y el inspector me preguntaba por qué le disparé a Dios en Veracruz
-Lo maté porque era español, de Valladolid para ser más preciso
-Chistosito el hombre
-Es que soy de Veracruz
Desperté con el brinco del autobús haciéndole el quite a algún animal. Desperté con la sensación de que había logrado escapar de la policía, por la puerta de atrás. Desperté sin remordimiento, pero con una cierta angustia desbocada de que en cualquier momento me pueden descubrir y ser muy alto el precio que pague por ello. Desperté con una música ambigua e inquietante.
El Nautilus ha logrado sortear con dignidad esas inquietantes corrientes submarinas que nos hacían oscilar de un lado para el otro, invirtiendo no sólo nuestros cuerpos sino también nuestros recuerdos. Ahora viajamos de incógnito al puerto de Veracruz, pero yo a Veracruz no pienso volver.
Mucho pero mucho mas en nuestro blog: http://20milleguasviajesubmarino.wordpress.com/
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