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20 Mil Leguas de Viaje Submarino – “La Tropical AM 1610KHz o la historia de una Esperanza. (Primera Parte)”

Tracklist / Contenido del programa:

Había salido del nido, tenía un pequeño taller de Radio Reparaciones. Una tarde cualquiera llaman a la puerta y un huracán de verborrea coherente se instala en ella a exponer la causa y la razón de su visita: “Soy el Director Propietario de Radioemisora La Tropical de la Pincoya*,  le solicito algún tipo de colaboración relacionada con la actividad, sea esta material o intelectual… un viejo tocadiscos, válvulas de radio, resistencias, condensadores, tester,  alguna grabadora que usted no ocupe, circuitos, almanaques… cualquier colaboración me será de utilidad… estoy comenzando y después haber sufrido en una operación de la CNI* el decomiso de todos mis materiales y herramientas su colaboración me resulta de vital importancia…”

Así comienza el inicio de una amistad que se prolongaría por años con un ser humano poblado de desequilibrios y grandezas… sufrimientos, agonías y excentricidades…

Se fue de casa cargado con materiales, un viejo tocadiscos con capsula de cristal, una pequeña grabadora de casettes y otros elementos de radio… Por aquel entonces (1979) no dimensionaba el peligro que esto significaba. La Dictadura Militar hacía estragos con los disidentes o cualquier forma de expresión independiente, y yo volaba junto a mis ideales sin apreciar la magnitud de lo que había hecho. A la noche siguiente y ha la hora convenida escuchaba “La Tropical” en el 1600 Kilociclos con muy buena señal y un audio pastoso y antiguo. En algún momento podían suceder muchas cosas: micrófonos abiertos que delataban la precariedad del sistema, emergiendo desde el fondo de una llorada y lastimera canción los improperios contra el perro que orinaba la puerta de los estudios, o una discusión acalorada sobre las deudas que mantenían algunos comerciantes con los pagos de  publicidad, y cosas peores que estas aun. Sexo, garabatos, insultos de toda clase y ruidos variados y desconocidos en su origen…

Esa era la AVENTURA de escuchar La Tropical. No se sabía qué venía después. Todo era impredecible. Su Director propietario, dueño de un torrente de ideas vertiginosas, arriesgadas e imparables, podía en cualquier instante detener la marcha de un disco e irrumpir  pidiendo una ambulancia para una parturienta o hablar sobre el estado de la misericordia humana por horas. Las propagandas, parecían sacadas de viejas revistas de los años 20… todo parecía fuera del tiempo, extemporáneo… surrealista.

Un buen día acudí a una invitación para visitar la radioemisora. Estaba, en aquel tiempo emplazada en un sector de Santiago considerado pobre,  cuna de delincuentes y drogas, sin teléfonos públicos, mala locomoción, y un ambiente claramente hostil hacia los visitantes extraños. Siempre amparado en una especie de candida inocencia (que ya creo haber perdido completamente) llegue a los estudios y planta transmisora.

Quedé perplejo. Una pequeña pieza de madera rustica, sin ventana, el piso era de madera y en un rincón se notaba claramente que habían cortado las tablas sobre el suelo para enterrar  la barra de cobre que haría las veces de tierra eléctrica. Una cama atiborrada de discos y cintas de grabaciones, papeles y algunos elementos de cocina, así como también cumplia la misión de sofá para atender a las visitas. Frente a la cama una mesa precaria, sobre ella en un lado, el transmisor construido sobre un chasis repleto de perforaciones y elementos distribuidos sin lógica mecánica… dos cables se elevaban unos 50 centímetros sobre el transmisor,  y llegaban hasta la bobina del circuito de acoplamiento principal, la cual (de proporciones bastante grandes) colgaba amarrada a una cuerda plástica desde el techo. No había equipo  mezclador. Bajo la superficie de la mesa una llave de cuatro posiciones  direccionaba  el micrófono, o la grabadora de casete, o el tocadiscos, o todo lo anterior, también un brasero de carbón. Un  mantel de nylon protegía una parte de la esta… Una tetera, ollas, platos, unas tazas humildes… algunos diarios. Un calendario pegado en la muralla. Desde el patio un mástil de madera de escasa altura sostenía un alambre que recorría el cielo hasta una casa próxima… esa era la antena… 30 o 40 metros, aproximadamente, y miles de toneladas de energías que latían desde el pecho de su Director Propietario: Herbert Sigerkoul Abarca. Herbert tenía un carné de Radio Operador de Planta Clase 1 ( o de primera categoría), había trabajado en diversas Broadcasting: Radio Balmaceda, Radio Cruz del Sur, Radio Nuevo Mundo, entre otras. Había sido Radioaficionado desde muy joven y su permiso sancionado de por vida, con una suspensión permanente. Causas: su locura.

• La Pincoya: Barrio popular y modesto en el sector Nororiente de Santiago, ubica en los faldeos de cerros precordilleranos.

• * CNI: Central Nacional de Informaciones ex DINA (Dirección de Inteligencia Nacional). Aparato represivo de investigaciones sobre grupos, entidades o personas disidentes al régimen militar.

RADIO LA TROPICAL AM 1610KHz

Mas y mas en nuestro blog; www.20milleguasviajesubmarino.wordpress.com

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20 Mil Leguas de Viaje Submarino – “La Tropical AM 1610KHz o la historia de una Esperanza. (Primera Parte)”

Había salido del nido, tenía un pequeño taller de Radio Reparaciones. Una tarde cualquiera llaman a la puerta y un huracán de verborrea coherente se instala en ella a exponer la causa y la razón de su visita: “Soy el Director Propietario de Radioemisora La Tropical de la Pincoya*,  le solicito algún tipo de colaboración relacionada con la actividad, sea esta material o intelectual… un viejo tocadiscos, válvulas de radio, resistencias, condensadores, tester,  alguna grabadora que usted no ocupe, circuitos, almanaques… cualquier colaboración me será de utilidad… estoy comenzando y después haber sufrido en una operación de la CNI* el decomiso de todos mis materiales y herramientas su colaboración me resulta de vital importancia…”

Así comienza el inicio de una amistad que se prolongaría por años con un ser humano poblado de desequilibrios y grandezas… sufrimientos, agonías y excentricidades…

Se fue de casa cargado con materiales, un viejo tocadiscos con capsula de cristal, una pequeña grabadora de casettes y otros elementos de radio… Por aquel entonces (1979) no dimensionaba el peligro que esto significaba. La Dictadura Militar hacía estragos con los disidentes o cualquier forma de expresión independiente, y yo volaba junto a mis ideales sin apreciar la magnitud de lo que había hecho. A la noche siguiente y ha la hora convenida escuchaba “La Tropical” en el 1600 Kilociclos con muy buena señal y un audio pastoso y antiguo. En algún momento podían suceder muchas cosas: micrófonos abiertos que delataban la precariedad del sistema, emergiendo desde el fondo de una llorada y lastimera canción los improperios contra el perro que orinaba la puerta de los estudios, o una discusión acalorada sobre las deudas que mantenían algunos comerciantes con los pagos de  publicidad, y cosas peores que estas aun. Sexo, garabatos, insultos de toda clase y ruidos variados y desconocidos en su origen…

Esa era la AVENTURA de escuchar La Tropical. No se sabía qué venía después. Todo era impredecible. Su Director propietario, dueño de un torrente de ideas vertiginosas, arriesgadas e imparables, podía en cualquier instante detener la marcha de un disco e irrumpir  pidiendo una ambulancia para una parturienta o hablar sobre el estado de la misericordia humana por horas. Las propagandas, parecían sacadas de viejas revistas de los años 20… todo parecía fuera del tiempo, extemporáneo… surrealista.

Un buen día acudí a una invitación para visitar la radioemisora. Estaba, en aquel tiempo emplazada en un sector de Santiago considerado pobre,  cuna de delincuentes y drogas, sin teléfonos públicos, mala locomoción, y un ambiente claramente hostil hacia los visitantes extraños. Siempre amparado en una especie de candida inocencia (que ya creo haber perdido completamente) llegue a los estudios y planta transmisora.

Quedé perplejo. Una pequeña pieza de madera rustica, sin ventana, el piso era de madera y en un rincón se notaba claramente que habían cortado las tablas sobre el suelo para enterrar  la barra de cobre que haría las veces de tierra eléctrica. Una cama atiborrada de discos y cintas de grabaciones, papeles y algunos elementos de cocina, así como también cumplia la misión de sofá para atender a las visitas. Frente a la cama una mesa precaria, sobre ella en un lado, el transmisor construido sobre un chasis repleto de perforaciones y elementos distribuidos sin lógica mecánica… dos cables se elevaban unos 50 centímetros sobre el transmisor,  y llegaban hasta la bobina del circuito de acoplamiento principal, la cual (de proporciones bastante grandes) colgaba amarrada a una cuerda plástica desde el techo. No había equipo  mezclador. Bajo la superficie de la mesa una llave de cuatro posiciones  direccionaba  el micrófono, o la grabadora de casete, o el tocadiscos, o todo lo anterior, también un brasero de carbón. Un  mantel de nylon protegía una parte de la esta… Una tetera, ollas, platos, unas tazas humildes… algunos diarios. Un calendario pegado en la muralla. Desde el patio un mástil de madera de escasa altura sostenía un alambre que recorría el cielo hasta una casa próxima… esa era la antena… 30 o 40 metros, aproximadamente, y miles de toneladas de energías que latían desde el pecho de su Director Propietario: Herbert Sigerkoul Abarca. Herbert tenía un carné de Radio Operador de Planta Clase 1 ( o de primera categoría), había trabajado en diversas Broadcasting: Radio Balmaceda, Radio Cruz del Sur, Radio Nuevo Mundo, entre otras. Había sido Radioaficionado desde muy joven y su permiso sancionado de por vida, con una suspensión permanente. Causas: su locura.

• La Pincoya: Barrio popular y modesto en el sector Nororiente de Santiago, ubica en los faldeos de cerros precordilleranos.

• * CNI: Central Nacional de Informaciones ex DINA (Dirección de Inteligencia Nacional). Aparato represivo de investigaciones sobre grupos, entidades o personas disidentes al régimen militar.

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