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20 Mil Leguas de Viaje Submarino – Recuerdos de un Bibliotecario Anarquista; (Una Infancia construida de retazos)
Género: Destacados, Electronic, Festivales, Pop, Rock, Shows, Soul
Programa: 20 mil leguas de viaje submarino
16 Nov 2011
Tracklist / Contenido del programa:
Aunque sin demasiada claridad, de manera un tanto imprecisa, turbia e incluso un poco paradójica, sé de mi fibra anarquista desde mi más temprana juventud, pese a no haber logrado clasificar, conceptualizar o nombrar a esta sensibilidad que eclosionaba en mis viseras y en mi alma. Algo intuía cuando a la edad de 13 años, mis padres me enviaron al internado de los jesuitas y vi alzarse sobre mí una mano amenazante que, regla en mano, intentaba poner cordura donde no la había. Así, desde los primeros horrores a los que nos sometían los curas y las otras humillaciones de mi infancia, o más tarde cuando trabajé en una pequeña fábrica de quesos cercana a Likantén y después en el cuartel de la Quinta Compañía del Ejército donde me tocó realizar mi servicio militar, siempre me he encontrado con la rebelión, siempre he conocido la insumisión. Desde esa temprana juventud sureña y espinilluda, se han conjugado en mis pensamientos y en mis acciones una política de la rebeldía.
Toda autoridad me resulta insoportable, todo rastro de sumisión, toda orden, exigencia, mandato o amenaza me revuelven las tripas, me perfora la garganta y me hierve la sangre. Apenas atisbo cualquier tipo de influencia moral, mi humanidad explota y busca desesperadamente la salida. De mi se consigue todo sin exigencias, pero nada en cuanto asome la más mínima posibilidad de un poder que amenace mi libertad.
Sólo a los 17 años descubrí que existía un archipiélago de rebeldes, de irreductibles, todo un continente de resistentes, de insumisos que se llamaban anarquistas. Conocí la obra de Max Stirner que me abrió un mundo de posibilidades acerca del sujeto soberano, luego Bakunin fue un destello que iluminó toda mi adolescencia. “La libertad de cada uno –nos dice Bakunin- necesariamente asume la libertad de todos, y la libertad de todos no llegará a ser posible sin la libertad de cada uno… No hay libertad real sin igualdad, no sólo de derechos sino en la realidad. Libertad en igualdad, ahí está la justicia”.
Mientras evoco estos recuerdos, mientras releo a esos viejos sabios anarquistas, el Nautilus viaja sombrío hacia un destino profundo. Camino por su laberíntica biblioteca en busca de un sitio donde ubicar un ejemplar de Proudhon donde el filósofo y político francés denunciaba que “la propiedad es un robo”. Me quedo pensando en esta sentencia y por los parlantes de la biblioteca suena una música plagada de un caos y sin sentido sonoro y contradictorio, pero colmado de libertad.
Mis recuerdos me llevan por allá lejos, hacia mi infancia infinita. De pequeño yo estaba hecho de pedazos, de múltiples retazos que a veces entraban en cortocircuito unos con otros, un poco esquizo por los bordes –luego he pasado añas y años intentando pegarme. Mi truco era que al pegarme arrastraba cabos de realidades fragmentadas y múltiples que se iban adhiriendo a mi existencia.
Ahora que las reminiscencias de mi infancia llegan por borbotones en la tranquilidad de esta biblioteca submarina, me doy cuenta que de niño vivía en una especie de sueño, y que esa percepción onírica del mundo continúa internalizada de alguna u otra manera en mi actual forma de ser. En mi contemporánea visión de mundo y de las cosas que dentro de él suceden como pequeñas piezas teatrales, como sutiles fotogramas cinematográficos. Estos recuerdos oníricos golpean mi memoria como destellos incesantes en los que, literalmente hablando, un nudo en la garganta se apodera de mi ser como el primer síntoma de una crisis de angustia horrible, como un sentimiento de pérdida existencial irremediable.
Todo comienza con la angustia de un niño atemorizado por la fábrica de quesos del pueblo que exhala vapores y humo, emite sonidos alarmantes conjugados con ruidos sordos, regulares, largos y lentos que bullen en su vientre como si de un animal de fábula se tratara. Así me represento la quesería de mi pueblo donde di mis primeros pasos. La fábrica expulsaba brumas insulsas o saturadas de olores repugnantes, era en sí misma una amenaza para el niño que era. Iba regularmente de la casa de mis padres al borde mismo de ese animal furioso para llenar un cubo de leche y regresar con las sensaciones, en la mano ahuecada, del peso y la abollada redondez del mango de madera con escamas de pintura roja. El líquido pesaba y me tiraba del brazo. Recuerdo la diferencia entre la ida, ligero, con recipiente vacío que se balanceaba libremente en mi puño y al que de tanto en tanto hacía sonar rozándolo con alguna muralla pintada de cal, y el regreso, cargado de leche que se balanceaba incesantemente y por ello debía aplicarme al máximo para mantener la estabilidad y que no se desbordara su contenido. A veces la leche chorreaba y formaba hilos de color crema sobre el aluminio y deja una huella fina sobre la tierra y, en verano, incluso sobre mis rodillas.
Un giro a estribor me trae de vuelta de estos recuerdos de mi infancia. El Nautilus viaja por aguas poco profundas, puesto que nos dirigimos hacia alguna misión que aún no ha sido revelada a la tripulación. Sólo Nemo y su grupo más cercano conocen nuestro destino. Mientras esperamos saber cuál es nuestra futura misión la música nos sorprende y nos transporta en un viaje de sonidos diversos.
Camino por uno de los pasillos del Nautilus. Veo mi rostro reflejado en un tablero de luces verdes, rojas y amarillas. Soy Ildefonso Buscapiedras, mi cara ya no es la misma, mis pensamientos ya son otros y los recuerdos vagan extraviados. Observo mi rostro iluminado por el parpadeo tricolor: primero amarillo, luego verde, después rojo. Se van sucediendo como una cadena infinita y mi rostro resquebrajado adquiere una nueva fisonomía con cada color que lo ilumina.
Continuará…
NOTA DEL MISMÍSIMO CAPITÁN NEMO
A quienes han accedido a Scanner FM, a escuchar un Programa que les resultaba desconocido desde la ribera mediterránea, queremos agradecerles – el que hayan premiado, nuestra nueva presencia allí, a los Programas allí enlazados – y con tantísimas recomendaciones a otras Redes Sociales ¡inesperadas del todo, para ésta Tripulación! Aprovechamos a recordarles, o darles a conocer la existencia del Grupo de Amigos y Amigas del Programa, en la red social de Facebook! Será cosa de indagar y así lo encontrarán. Nuevas Aventuras Musicales se aproximan, y por ello les estaremos esperando, desde la radio-cabina y el gran Archivo Musical, de éste nuestro querido Submarino. Será hasta muy pronto que un nuevo episodio les vuelva a sorprender!
El track list de este programa lo podéis revisar aquí: http://20milleguasviajesubmarino.wordpress.com/
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