The Fast and the Furious: The Prodigy en el festival Cruïlla 2017

The Fast and the Furious: The Prodigy en el festival Cruïlla 2017

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miércoles, 12 julio 2017
Festival Cruïlla 2017

“Tranquilo, no me romperé” – Jessica Jones a Luke Cage

Con permiso de los eternos Pet Shop Boys y de un siempre efectivo y empático Residente (Ex-calle 13), el plato fuerte de la oferta del sábado en el Festival Cruïlla 2017 era el trio de Essex, un grupo que acumula más de 25 años de carrera y que, curiosamente hace apenas unos días, celebraban los 20 años de posiblemente uno de los LP más importantes de la historia de la música “The Fat of The Land”, para muchos, el Dark Side of The Moon o el Thriller de la música electrónica.

Pasaban eternos minutos de las 2 de la madrugada, exactamente 13. El escenario principal aguardaba y en él, muchísimas parejas de jóvenes pipiolos que en su mayoría no habían visto un directo de The Prodigy en sus propias carnes: “Bah, no será para tanto” llegó a replicarme una chavala en el instante en que le comentaba a otro joven Palawan que, sobre todo, tuviese a buen recaudo su móvil y el resto de sus pertenencias, pues si no se abrochaba fuertemente el cinturón saldría disparado en la primera bajada de la montaña rusa de decibelios que estábamos a punto de sentir, y no me equivocaba.

Liam Howlett, Maxim y Keith Flint salieron al escenario con su guitarrista y batería habitual en los directos, Rob Holliday y Leo Crabtree, para meter en vena del público y sin anestesia previa ‘Breathe‘. Ya era tarde: los altavoces estaban a máxima potencia y los pies no te llegaban al suelo. Había empezado la enésima sesión de furia sonora de los ingleses en Barcelona.

Divertido era ver salir a decenas de chicas de las primeras filas tapándose los oídos, algunas de ellas arrastrando de malas formas a sus novios, los cuales, no podían evitar esas muecas de decepción y resignación como cuando tu madre te obligaba a apagar la tele para acabar los deberes, justo cuando en Oliver y Benji por fin iban a llegar al final del campo para efectuar un puñetero disparo. “¡Señores, esto no es un concierto del Palau de la Música!” replicaba un señor parecido a Paulo Coelho que estaba a mi lado.

El directo iba como un vendaval. Eran cerveza negra, un puñetazo en la boca y un paseo descalzo por la cama de un Faquir. La combinación de temas del último álbum “The Day is my Enemy” con algunos de sus clásicos más emblemáticos -incluso se atrevieron con ‘No Good‘ o ‘Everybody In The Place‘- hicieron las delicias de los asistentes y mantuvieron un equilibrio perfecto para que no diera tiempo de bostezar, mirar el reloj, o coger aire mirando la preciosa luna llena que bañaba la noche barcelonesa. Estaban por lo que estaban y sabían que no podían bajar el ritmo. Según Guardia Urbana, The Prodigy hizo menos prisioneros que Kim Jong-Un en un día de mal café.

Y así fue, un guiño final con ‘Out of Space‘ como esos minutos de relax que te ponen en Pilates cuando estás a punto de terminar la clase, un palmadita en el culo y gracias por haber venido. La tormenta se alejaba mientras el arcoíris asomaba por el mediterráneo. Los supervivientes del concierto nos íbamos con las piernas temblorosas de un potrillo recién nacido y los organizadores del Festival Cruïlla felices y aliviados porque los altavoces no habían explotado en mil pedazos. Todos contentos.

Por Sam Danko

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