Ayer se celebraron los Classic Rock Awards en el Roundhouse londinense por donde pasaron leyendas del rock (Jimmy Page, Tommy Iommi, Zakk Wylde…) y también savia nueva como la formación que hoy nos ocupa, The Temeperance Movement, que por cierto, ganaron el premio a mejor nueva banda.

Su álbum debut (The Temperance Movement, 2013) se publicó hace apenas dos meses con gran acogida entre el público rockero que ya les compara con bandas de la talla de The Black Crowes y la verdad es que tienen bastante parecido con la banda de los hermanos Robinson, no lo negaremos.

El disco empieza con “Only Friend” y “Ain’t No Telling”, dos temas para sacarse el sombrero que le dejan a uno pensando, pero de dónde ha salido esta gente? Pues ni más ni menos que de Inglaterra, donde han conseguido, de momento, llegar al número 12 de los más vendidos, igual que aquí!

Después de los dos bombazos que abren el disco llega la calma con “Pride”, una delicia para tomar aire ante lo que prosigue. Llega “Be Lucky”, un tema rock de la vieja escuela, esta gente ha mamado The Rolling Stones. La combinación de los temas nos recuerda otra vez a la estructura usada muchas veces en los discos de The Black Crowes que siempre intercalan temas calmados en medio del huracán.

Con “Midnight Black” aumentan aún más el ritmo, es uno de los cortes más cañeros del disco, y “Chinese Lanterns” nos hace viajar entre pasajes del country y folk americano, temazo.

Los guitarrazos vuelven a coger el protagonismo en “Know for Sure” y “Morning Riders” y Phil Campbell se deja las cuerdas vocales en cada tema. En “Lovers and Fighters” le escuchamos con otro tono de voz, nada que ver a cuando saca la fuerza para los temas rockeros, pero con una voz igualmente envidiable.

“Take it Back” es uno de esos himnos de directo que ponene al público a 100, rock en estado puro.

Y vuelven los momentos acústicos antes de cerrar el disco, “Smouldering” es otra belleza a la altura de los anteriores medios tiempos, parece que se les da bien lo de hacer temas tranquilos, en total son 4 las canciones que bajan el ritmo del disco y que hacen que este gane en variedad.

“Serenity” pone el punto y final con una mezcla de las dos vertientes del grupo; los primeros minutos son una balsa de aceite que se acaba rompiendo cuando la banda arranca de nuevo con toda su fuerza dejando claro que no podían acabar el álbum sin dar unos últimos gritos y sacando todo el potencial que llevan dentro, perfecto final para un disco de rock con todo lo que este género le puede dar al cuerpo.

*Texto de Fran Arnaiz