Magnolia Electric Co. – Josephine (Josephine, Secretly Canadian/Houston Party 2009)
En la muy buena película “Still Walking” (2008), del director japonés Hirokazu Kore-eda, la muerte de un familiar fallecido hace quince años planea sobre la mayoría de escenas. Está sin estar. No la ves, pero no dejas de sentirla: su presencia. De la misma manera, en este excelente disco, “Josephine”, de Magnolia Electric Co., la muerte de un músico fallecido en diciembre de 2007, Evan Farrell, planea sobre la mayoría de las notas. Está sin estar. No es un álbum conceptual estricto ni al uso. Jason Molina –líder de Magnolia Electric Co.: fundador, compositor, voz, guitarra y único miembro que ha permanecido en su seno desde 2003- había trabajado con Farrell (su bajista de confianza en las giras) en muchas de las ideas que sostienen a estas nuevas canciones. Iba además a tener una fuerte presencia en su grabación. A estar estando. Pero un incendio en su apartamento de Oakland (California) lo impidió. ¿A qué ideas nos referirnos? A caminar musicalmente sobre el lado minimalista de Jason Molina, a no quedarse en el terreno desde donde les llueven comparaciones con Crazy Horse. ¿Por qué las llaman Crazy Horse –a sus influencias- cuando (muchas veces) debería decirse Medio Oeste? Molina es de Ohio y a Ohio suena. Seguimos. Registrado en Chicago en el estudio de Steve Albini, con todos los músicos tocando en directo, batería incluida, “Josephine” es minimalismo rockero post-milenio, aunque enfocando las voces con un tratamiento digno del mejor country tradicional. Súmale letras tristes y los arreglos enfatizando el dolor. Molina y el dolor son una inseparable pareja de hecho. Por fortuna, él mantiene otra relación, igual de estrecha y desde la fuerza contenida, con la belleza. Dolor y belleza. Nos falta un eslabón de esta cadena: el desarraigo. El principal hilo conductor de este disco, si solo se pudiera escoger uno. En la última docena de años Molina se ha mudado de casa en una treintena de ocasiones. Ahora está en Londres. Su banda, en Indiana. Dolor, belleza y desarraigo. Elementos de ese blues que Jason anda gestionando desde 1996 –el año que montó Songs: Ohia-, que en “Josephine” se materializa con la forma de haikus musical de fuerza incontestable, no por los decibelios ni la densidad, sino por la gravedad invisible, de álbum importante, que lo sostiene. Ya desde la desnudez country-soul del tema inicial, “O! Grace”… Ya desde ahí y hasta la última nota de “An Arrow In The Gale”. (Texto: Bruno De Jesús, Houston Party Records).
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