Marcado en rojo teníamos en el calendario la noche del pasado viernes en el Razzmatazz, ya que el dúo de Baltimore se daba cita en una sala que rozó el lleno, pero sin colgar el cartel de sold out. Victoria Legrand y Alex Scally, acompañados por el batería James Barone (parte esencial en la creación de “7”), desplegaron un aura de misticismo y preciosa melancolía por toda la sala. Una sala que demostró que no estuvo a la altura en tema de sonido, muy lejos de lo que una banda como Beach House necesita para poder desarrollar un concierto con unos mínimos de calidad acústica. Problemas que no empañaron del todo una gran actuación gracias a la calidad y entrega que el dúo desplegó en todo momento.

Beach House puede presumir de una de las mejores discografías de las últimas décadas, difícil por no decir imposible, encontrar un mal trabajo en su trayectoria y eso se demuestra en sus repertorios noche tras noche, siendo la del viernes otra noche mágica, transportándonos a paisajes sonoros de una fragilidad evocadora, como fue el caso de Levitation inaugurando la velada, para dar paso a una tierna Wild, rescatada de “Bloom” (2012) del que también sonarían Myth o la colosal Lazuli en la primera parte del concierto, siempre arropados por un sencillo pero efectivo juego de luces.
A todo ello, el teclado y la voz de Victoria se funden en algo místico y futurista cuando Dark Spring, tema que abre “7”,  irrumpe en el set list.

Después de su paso por el Primavera Sound y con “7”(Sub Pop) mucho más rodado en directo, pudimos ver un enfoque distinto, más abierto a la improvisación y dejando nuevas perspectivas en su música, sin tanto arreglo de estudio. Hecho del que se ha encargado Peter Kember, quien ha sustituido al habitual Chris Coady en la producción de uno de los mejores discos del año y uno de los mejores en su cuenta particular, llevando a otras esferas el dream pop como es el caso Woo, Girl Of The Year o una Black Car con ecos de sutil indietrónica al más puro estilo Lali Puna, sintetizadores espaciales que iluminan de esperanza la oscuridad y el misterio que los de Baltimore nos tienen acostumbrados.

“Thank Your Lucky Stars” aportó su granito de arena con el magnetismo de la celebrada The Traveller, aunque ni rastro de One Thing o Majorette, temas que se echaron de menos. A diferencia del set list que tocaron en Madrid una noche antes, también se descolgaron aquí dos piezas vitales de “Teen Dream” (2010) como son Silver Soul o Walk In The Park, imprescindibles a mi parecer, para acabar de redondear algo que ya funcionaba a la perfección.

Beach House es una máquina perfectamente equilibrada, siendo capaz de crear música sensible y llevarla a lo infinito de la dulzura como pocos serían capaces, cerrar los ojos y dejarte llevar por Heart Of Chambers o Lemon Glow, tema que nos llevaría al final, es acierto seguro. Después de una gran ovación saldrían para rematar con Real Love del ya mencionado Teen Dream, consiguiendo callar a casi toda la sala, cosa difícil hoy en día. Dive que daría por finiquitado el concierto, dejó grandes sensaciones, derrochando fuerza en directo y recordando al shoegazing que gastan Slowdive. Seguramente la acústica y el sonido empañaron el nivel del directo al que nos tienen acostumbrados. Aun así, una gran noche.

Texto: Manel Ferrer  |  Imágenes: Toni Rosado

 

 

 

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