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Crónica del concierto de Sufjan Stevens

Escrito por el 01/10/2015

Daniel Paul Schreber fue un jurista alemán de principios de siglo XX que describió  en su autobiografía: «Memorias de un enfermo de nervios» sus propios delirios. Un libro de estos de referencia para psicoanalistas y seguidores de Sigmund Freud y Jaques Lacan desde hace más de cien años. En ese libro Schreber fantasea con la idea de ser “penetrado por Dios”. Un Dios que flirtea durante años con Schreber con sus rayos de luz celestiales que contactan con el bueno de Daniel Paul a través de manos y cabeza. Claro, Paul se va poniendo “horny” y lo que acaba queriendo es que Dios le de duro. EH, esto es una crónica del concierto del 29 de Septiembre de 2015 de Sufjan Stevens en el Auditori del Fórum. Por si habéis gugueleado Schreber y de repente os encontráis unas fotos de un tío muy mono (Sufjan siempre me ha parecido muy guapo y sensible. Y un tarado. Si fuera una tía me enrollaría con él y seguramente, en la cama, a su lado pensaría “donde coño me he metido” ) como iluminado por un ser divino.

Sufjan Stevens 03 Barcelona Fot Dani CantoA ver, no me voy a pegar el moco cultureta ni me quiero poner excesivamente trascendente ( para eso ya está Sufjan ). Si he empezado con todo este rollo psicoanalista es porque ayer, fumando un cigarrillo con birra en mano en el bunker habilitado para fumadores del Auditori del Fórum, charlaba con una amiga y vecina de butaca en el concierto, sobre los paralelismos de Sufjan con los rayos divinos que coqueteaban con Schreber y los delirios del de Detroit. Ella es psicoanalista así que me ilustró certeramente. Y a mí me pareció muy interesante. Desarrollamos algo más el tema después de constatar durante el show todos los guiños evangélicopastorales y de conexión con un ente superior. Y más allá del sarcasmo, lo que convierte a Sufjan en un genio es que consigue transmitirte su conexión divina ( “dicen” que el arte tiene que ver con esa conexión con lo superior ).

Está claro que Sufjan Stevens tiene delirios desde el principio de su carrera y está interesado por los delirios de otros. Hay una constante relación con Dios y el cristianismo durante toda su carrera. Todo crítico que haya hablado de Sufjan Stevens ha nombrado la ya archiconocida e inalcanzable promesa de dedicarle un disco a cada uno de los Estados Unidos, la suite dedicada a la “Ronda de Dalt” newyorquina Brooklyn-Queens Expressway ( «The BQE» ), un disco dedicado al alucinado artista plástico Royal RobertsonThe Age of Adz») y canciones que hablan de avistamientos ovni y de asesinos en serie. Discos de villancicos revisitados y de temática cristiana.  Tampoco voy a indagar mucho sobre la temática de «Carrie & Lowell» por que está también resobado – os podéis leer cualquier crónica en los medios amigos –. A Sufjan lo abandonó su madre en repetidas ocasiones. Varios bofetones vitales. Una madre psicótica y alcoholica. Ese demoledor “When I was three, three maybe four she left us at that video store” de “Should Have Known” lo dice todo. Y este disco es una especie de redención, para él y para su madre, que murió hace unos años. Una manera, de hecho, de comunicarse con el más allá.

Sufjan Stevens 05 Barcelona Fot Dani Canto

Lo que viene estando claro es que Sufjan lo pasa algo mal. “Es difícil para mi tocar estas canciones pero a la vez bonito compartirlas con vosotros” dijo. ( Hubo quien en las primeras filas lo vió llorar; ha corrido ese mito ) para acabar manifestando un “Thanks for being totally present” como si hubiera bajado a la tierra para poder tocar. Este hombre tiene un universo propio y lo pasea. Y eso le mantiene anudado a la realidad aunque de vez en cuando esté más p’allá que p’acá. Lo qué pasaría si se rompiera ese nudo parece estar bastante claro. Y sí, menudo topicazo, el genio loco que utiliza la música como vía de escape. Pero como dice mi partenaire psicoanalista esa es su compensación para no desiquilibrarse. Lo que pasa es que Sufjan Stevens lo expresa tan crudamente, tan épico pero frágil, tan precioso que te toca el corazón con el dedito como Árale tocaba los truñitos.

«Carrie & Lowell» es una vuelta a la simplicidad. A los instrumentos de cuerda y a los coros pastorales y para trasladar eso a escena no necesitaba la parafernalia que llevaba para la gira de “The Age of Adz” que presentó hace tres años en el Primavera Sound (promotores de este mismo concierto), precisamente en el Auditori del Fórum, el espacio de Barcelona que suena mejor. Con diferencia. Una banda de cinco + uno, armados con batería, guitarra acústica, eléctrica, slide, ukelele, banjo, una especie de laúd moderno, piano, synthes, trombón de varas y coros a tutiplén. Todos vestidos de negro, modernos. Ni rastro de aquellas alas que le crecieron en la gira de “The Age of Adz”. Angelico (léase con acento en la Í ).

Sufjan Stevens 04 Barcelona Fot Dani Canto

Los paneles de las visuales recordaban a las vidrieras de una girola de Iglesia. Unos visuales que mostraban imágenes de conexión con lo divino a través de la naturaleza: un sol poniéndose entre un mar de nubes y otras imágenes de naturaleza grandilocuente. Y luces que venían desde arriba para iluminar al de Michigan.

Respecto al set, básicamente repasó todo “Carrie & Lowell”, adaptó algunas joyas del Seven Swans  y le añadió arreglos. Jugó con falsetes y coros espectrales de gallina de piel. Recuperó maravillas de Illinoise como Concerning the UFO Sighting Near Highland, Illinois (que le salió descafeinada), John Wayne Gacy Jr y cerró con «Chicago» ( en una versión cercana a la que aparece en “The Avalanche”). Algo que parece ha llevado a discordia a parte de la crítica han sido los devaneos sintéticoprogresivos en “All of me want all of You”, “Vesubius” o en una especie de cierre de algo más de 10′ entre King Crimson, el shoegaze y el new age de “Blue bucket of Gold”. Atisbos de rock progresivo y electrónica siempre naif que a mí, y nunca mejor dicho, me supieron a gloria.

En 4th of July  recita un “We´re all gonna die” como llevándonos siempre a esa luz que conduce a la muerte entre dolorosa y placentera. Esa conexión con lo divino que nos funde con la inmensidad y nos hace sabios a la par que vulnerables. A unos menos.  A otros más. Sufjan Stevens está, como Schreber, recibiendo rayos de Dios, flirteando con él, deseando enrollarse con el Todopoderoso. Y eso es lo que nos hizo sublimarnos.

*Crónica: Christian Len
*Fotos: Dani Cantó


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