El Festival Cruïlla supera con éxito su edición más complicada

Escrito por el 16/07/2021

El Festival Cruïlla 2021 se mantendrá grabado en nuestra memoria como el primer festival que en plena pandemia fue capaz de congregar a más de 50.000 personas durante las tres jornadas que duró el festival, sin distancia de seguridad, pero con la obligatoriedad de llevar bien colocada en todo momento la mascarilla, norma olvidada por una parte del público a medida que iba avanzando la puesta de sol.

Han sido pioneros en llevar a cabo un festival casi como los de antes, tanto en España como en Europa, después del desbarajuste ocurrido una semana antes en el Vida festival que causó cabreos históricos a muchos asistentes que en la primera jornada del festival no pudieron entrar al recinto después de más de cuatro horas de espera para hacerse la prueba de los antígenos. El Cruïlla tomó nota y superó con creces el reto poniendo a disposición una perfecta estructura organizativa que realizó las pruebas con más rapidez y eficiencia que en cualquier barra de bar del Fórum. Orden, cumplimiento de la normativa y sensación de control y seguridad.

Fuel Fandango

En los tres escenarios del festival se fabricó mediante riguroso control una especie de cordón de seguridad anti-covid en la que era imposible beber y fumar. Numerosos controladores vigilaban el cumplimiento de tal directriz y ordenaban a los asistentes a resituarse la mascarilla correctamente para no dejar ningún orificio nasal a la intemperie. El problema, lógicamente, apareció con el consumo de bebidas alcohólicas u otras sustancias que provocó que cierto público relajara la normativa, sobre todo fuera de este espacio, donde el público vaso en mano y cigarro en la otra hizo que la mascarilla brillara por su ausencia. A veces es imposible controlar lo incontrolable. Aun así, la mayor parte de los asistentes cumplió con su deber.  

Dicho esto, y dadas las circunstancias, la organización hizo un esfuerzo enorme en conseguir un buen cartel, a pesar de la baja anunciada de Editors, la de Tom Walker por problemas de visado y, curiosamente, la de su substituto Xoel López.

Dos grupos internacionales fueron los que finalmente pudieron actuar en el festival.  Two Door Cinema Club presentaron algunos de los temas de su reciente álbum «False Alarm», con sus singles Talk y Satellite, en un directo en que básicamente repasaron los hits de su ya larga carrera. El grupo norirlandés, que ya había actuado anteriormente en el Cruïlla, hacía más de un año y medio que no actuaba fuera de su país y nos incitó al baile con su indie-rock cocinado con sintetizadores creando ritmos y melodías totalmente adictivas.

Two Door Cinema Club

Morcheeba actuó presentando los irrelevantes temas de «Blackest Blue» (2021), en un concierto soporífero donde sobresalen llamativamente la poderosa guitarra de Ross Godfrey, y la voz elegante de Skye Edwards. Pocos temas como Otherwise, The sea y Rome wasn’t built in a day dan sentido a un grupo que suena caduco con el paso del tiempo. Su pase programado casi a las dos de la madrugada no ayudó en absoluto.

Morcheeba (Skye Edwards)

La excelencia la firmó el radiante concierto de Manel, que a cada nueva entrega discográfica añaden experimentación a su pop, alejándose del indie folk de sus inicios para añadir capas a un sonido con graves potentes y con una ejecución en vivo cada vez más poderosa y sorprendente. El mejor concierto con diferencia de todo el festival.

Manel

La Casa Azul ofreció también un concierto para desgastar la suela de los zapatos, con su pop fiestero y su banda ataviada con gafas y auriculares espaciales. Guille Milkyway ofrece siempre el mismo espectáculo y aunque algunos temas tienen tonalidades demasiado similares, uno jamás deja de gozar con La revolución sexual, que incluyó un fragmento de Rumore de Raffaella Carrá, como homenaje a la estrella italiana.

La Casa Azul

León Benavente y su crudo rock cautivó por la voz y la actitud de Abraham Boba, que ya  no debe acordarse a estas alturas de esos años en los que tocaba sus preciosistas baladas al piano. El grupo, formado por músicos que precisamente no debutan, sabe trasladar al directo la fuerza y la épica de sus canciones.

León Benavente

En definitiva, a lo largo de sus tres días hubo espacio para disfrutar de infinidad de géneros musicales que, como siempre en el Cruïlla, se entrelazan y se fusionan de manera natural, sin prejuicios ni etiquetas.  El principio de la nueva normalidad.

Texto: Òscar Blanch
Fotografías: Meritxell Rosell


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