El regreso de The Jesus and Mary Chain a Razzmatazz 25 años después

Muchos años han pasado desde que los hermanos Reid se mataran en el escenario y sus conciertos terminaran siendo un absoluto caos. Los de Glasgow firmaron el sábado 29 de abril un concierto que pasará a ser recordado como histórico, y no solo por ser quiénes son y lo que han aportado a un género que ellos mismos inventaron.

Más de dos décadas sin tener a los Jesus en nuestro país (festivales aparte) es mucho tiempo y además haciéndolo con un notable nuevo disco bajo el brazo, y es que «Damage And Joy», primer álbum que publican en 19 años y que ha visto la luz hace apenas unas semanas, ha vuelto a poner a los hermanos en el punto de mira y haciéndolo con muy buena nota.

 

La expectación y emoción contenida dio paso a la alegría y euforia cuando Jim y William aparecieron en el escenario acompañados de dos guitarras y un batería. Se escondieron en todo momento detrás de una nube de humo que los acompañó a lo largo de la hora y media que duró una actuación muy digna y que fue un auténtico festín en forma de temazos. Un repertorio cargado de sentimientos donde los finales de los 80 y la década de los 90 tuvieron parte importante gracias a un montón de distorsión y ruido, estribillos hipnóticos y un saber estar que han ganado con el paso de los años; ¿serán cosas de la edad?

‘Amputation’, tema que abre su último trabajo, también fue la encargada de abrir un setlist de nada más y nada menos que de veintitrés temas, dos bises incluidos. A partir de aquí, un viaje que nos llevaría por toda la trayectoria de un grupo que no pierde adeptos, si no que los gana. Las nuevas como ‘Always Sad’, ‘Mood Rider’ o una pegadiza ‘All Things Pass’ encajaron a la perfección con clásicos como ‘April Skies’, ‘Cherry Came Too’ o ‘Some Candy Talking’ de su segundo disco «Darklands».

‘Blues From a Gun’ y ‘Halfway to Crazy’ de «Automatic» sonaron a gloria, pero fue con ‘Teenage Lust’ del «Honey’s Dead» cuando la oscuridad y la psicodelia nos transportó a un frenesí escalofriante de melancolía que necesitaba ser expulsada por la voz de Jim. ‘Reverence’, también de «Honey’s Dead», daría por finalizada la primera parte del show.

«Psychocandy» sigue inalterable treinta años después. Firmaron un primer bis que estuvo marcado por su debut, una conmovedora ‘Just Like Honey’, ‘You Trip Me Up’, el estruendo acelerado de ‘The Living End’ y una ‘Taste of Cindy’ que levantaría los ánimos del más muermo de la sala. Lástima que las plegarias de un servidor por escuchar ‘Taste The Floor’ cayeran en saco roto. Solo ‘Nine Million Rainy Days’, encargada de abrir el ya mencionado «Darklands», se colaría junto a una ‘War on Peace’ de crudos riffs.

Tras unos minutos y súplicas, volvían para rematar con ‘Never Understand’ y no se olvidaron de «Munki», del que rescatarían una ‘I Hate Rock ‘n’ Roll’ que pondría punto y final a una noche mágica y de la que seguro no olvidaremos en mucho tiempo.

Texto: Manel Ferrer | Imágenes: Toni Rosado

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