Éxito rotundo en la primera edición del Movistar Curiosus Fest

A las doce del mediodía arrancó la primera edición del Movistar Curiosus Fest. Sabíamos poca cosa sobre el festival pero seguramente iba a ser un festival diferente en muchos sentidos: de los tres espacios uno de ellos estaba dedicado íntegramente a conferencias; había batallas de bandas, conciertos hablados… Parecía un festival ideado para aquellos que disfrutan la música tanto escuchándola y bailándola como hablando y aprendiendo sobre ella. ¿Sería esta sensación acertada?

Las DJs Ivana Ray Singht y Gatasanta –menorquina y colombiana afincadas en Barcelona y artífices de Amas, su proyecto de música experimental,– inauguraron la jornada con una sofisticada selección de temas las más diversas ramas de la electrónica desde los 70 hasta la actualidad.

La sala de conciertos se estrenó con la primera actuación poco convencional del día: una batalla de bandas entre Hidrogenesse y Papa Topo. La apuesta fue de lo más singular. Dos presentadoras ataviadas a modo de griegas se encargaron de ordenar, con desternillantes discursos que relacionaban leyendas de la mitología con la vida mundana, la interpretación de diversos temas. Empezaron con el tema más triste (que fue La Llamada de Papa Topo y No Hay Nada Más Triste de Hidrogenesse), para continuar con diferentes peticiones como el tema más sexi, el que tuviera más letra o, incluso, aprovecharon el mito de Edipo para exigir un tema que pudiera ser cantado por la Pantoja. En este caso las elegidas fueron Elizabeth Taylor por parte de Hidrogenesse y Ópalo Negro por parte de Papa Topo. La competición fue muy reñida. En cada ronda los grupos dieron lo mejor de ellos y los dioses, mediante los aplausos y sonrisas del público, dictaminaron un justo empate con coronación incluida a los seis participantes del combate.

Hidrogenesse vs Papa Topo

Ubicada en la última planta, la DJ, bailarina y youtuber Levanna McLean realizó una masterclass sobre su pasión, el Northern Soul. Ayudada de infografía, fotos, audios y vídeos explicó la historia, de este género, la evolución de la escena a través de diferentes salas inglesas y la evolución del sonido, desde James Fountain a Ramsey Lewis Trio. Explicó también el porqué de su amor al Northern Soul: le encanta porque no es generacional. Le gusta el hecho de ir a bailarlo y conocer a gente de todas las edades que de otra forma no conocería. Risueña en todo momento, la joven de Bristol acabó la clase con una parte práctica en la que enseñó pases de baile en la que quedó patente la poca destreza y el buen humor de todos los asistentes.

Bajo el nombre de Evripidis & Friends: Metamúsica, Evripidis Sabatis interpretó al piano, acompañado de diversos cantantes, canciones sobre música de diferentes época y estilos. En menos de una hora sonaron Video Killed The Radio Star de The Buggles, La canción de tu vida de Joe Crepúsculo, Make Your Own Kind of Music de

Mientras tanto, tres plantas más arriba, Antònia Folguera capitaneaba un debate actual y necesario: ¿Hace falta hablar de diversidad de género en la música? Junto a ella, Maite de She’s in control, Laia de Shesaid.so y Natalia de Femnoise, tres plataformas que promueven la presencia de mujeres en la industria musical, abordaron diferentes cuestiones. ¿A qué se debe que la inmensa mayoría de artistas programados en salas y festivales sean hombres? ¿Es una solución justa imponer la paridad en estos casos? ¿Qué hay que hacer para que las creadoras den a conocer su trabajo? Si reflexionas un momento sobre esto ya habrá servido para dar un paso más hacia la igualdad.

Antonia Folguera presenta “Mujeres que…”: ¿Hace falta hablar de diversidad de género en la música?

Cuando Orellana y Telexketch finiquitaban una divertida sesión con hits noventeros, Pina empezaba su concierto explicado. Una ocasión única para entender la parte de “directo” de las actuaciones de los artistas de techno. Arriba, en las charlas, más DJs. Cinco figuras clave para comprender la escena nocturna barcelonesa de los últimos cuarenta años. Luis Costa, Raúl Orellana, Abu Sou, Toni Bass e Ivana Ray Singh contaron sus batallitas, explicaron las diferentes etapas del clubbing en la ciudad y las pusieron en contexto, como cuando Orellana contó que en los ochenta en Madrid estaban a tope con el pop y el rock y aquí ya se escuchaba música disco aunque en el fondo la música spaghetti era “el reggaetón de la época”.

Y llegó la sorpresa: veinte minutos antes de la actuación de Putochinomaricón la cola para entrar en la sala de conciertos daba vuelta y media al patio de la fábrica Damm. Cuando la sala estuvo llena, sin duda el momento en el que hubo más público de todo el festival, Chenta Tsai (su nombre real) apareció con maquillaje extremo, camiseta a rayas y pantalones a cuadros. Empezó con Tu Puta Vida Nos Da (Un Poco) Igual que coreó toda la sala y no bajó el ritmo. Repasó su álbum de debut ‘Corazón De Cerdo Con Ginseng Al Vapor’ y con Tú No Eres Activista y Gente de Mierda se hizo evidente que su tecnopop tan reivindicativo e irreverente como costumbrista ha hecho mella en los melómanos contemporáneos. Cantó con el mismo éxito Marikapikapika, su broma reggaetonera previa al álbum y, al acabar, tuvo el detalle de repetir Gente de Mierda en la pista de baile dejando el micro a los fans más entusiastas. Me asalta otra duda ¿Son las melodías pegadizas las artífices de su éxito o es el morbo que provoca cantar una letra que critica lo que en el fondo sabes que son tus propias miserias?

Putochinomaricón

En el ágora de DJs se pasó de una radiante y bailonga sesión yeyé a cargo de Eneida Fever y Levanna McLean a la electrónica fría y contundente de DJ Fra y Ángel Molina: dos tótems de la ciudad imprescindibles para entender la escena de clubs que tenemos.

Pero las cabezas pensantes del Curiosus dejaron la sorpresa más estrambótica para última hora. Volvemos a la sala de conciertos. En el escenario una pared de sintetizadores modulares con mil cables y un cuerpo extraño tapado con una manta negra eran el atrezzo elegido por el londinense Sam Battle a.k.a. LOOK MUM NO COMPUTER. Sam se había dejado ver durante el día: iba vestido con un mono gris y peinado como Vyvyan Basterd de la serie británica ochentera The Young Ones. Sam salió al escenario mostrándose orgulloso de sus creaciones (se define como inventor de instrumentos musicales electrónicos en su canal de Youtube) y empezó a cantar con un estilo muy punk y música industrial. Cantaba hacia el público, como la gente normal, pero luego tenía que darle la espalda para ir cambiando los cables de sitio. Tras un par de temas mostró el aparato hecho expresamente para el evento: bajo la manta negra se escondían cinco guitarras españolas a las cuales había soldado cinco controladores Arturia BeatStep Pro, todo ello unido a una superficie de madera. A partir de este momento el artefacto pasó a ser un instrumento más de la actuación que se fue sucediendo entre ritmos, melodías y ruidismo extremo ante el entusiasmo del público. Entre tanto ruido destacó una maravillosa versión del Loneliness de Tomcraft. Desde este momento el significado del término electropunk ha cobrado una nueva dimensión.

Diez horas duró la primera edición del Curiosus Fest. Diez horas intensas, agradables, en un entorno acogedor en el cual se mezclaban artistas y público. Diez horas en las que bailar, reír y reflexionar a partes iguales. Cuando parecía que en materia de festivales estaba todo inventado llegó el Movistar Curiosus Fest para recordar que todavía hay espacio para la innovación y que, ahora que lo hemos vivido y sabemos lo que es: ¡necesitamos otra edición!

Texto: Laura Villanueva  |  Imágenes: Meritxell Rosell


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