El prolífico cantante y multiinstrumentista de Philadelphia entregó nuevo material hace pocos días después del disco conjunto con la cantante y guitarrista australiana Courtney Barnett en 2017. El ex-guitarrista principal de The War on Drugs sigue creando en “Bottle it in” canciones largas, con las mismas estructuras y acordes desde que debutó en solitario hace exactamente diez años. Sus melodías transmiten la sensación de escuchar clásicos imperecederos, canciones escritas en los 70 con claras reminiscencias de autores como Neil Young o J. Mascis, entre otros, y en algún punto intermedio entre el rock clásico y el indie lo-fi.

Acompañado de sus Violators, Kurt Vile aparece en escena con su característica vestimenta –melena largaondulada, zapatillas, camisa de cuadros– y su aspecto de chaval relajado a pesar de sus 38 años y ser padre de dos niñas. Centró, como era de esperar, su setlist en su último disco, con sugerentes tomas de Bassackwards, Loadingzones, Check baby, Cold was the wind y Skinnymini. Sus canciones  se convierten a lo largo de su minutaje en piezas absorbentes y más eléctricas, con multitud de detalles y deslumbrantes arpegios a la guitarra. Su voz, expresiva y evocadora, a veces rayana al recitado, siempre resulta sugerente, jamás monótona como algunos equivocadamente proclaman.

Kurt Vile | Foto: Jordi A. Sintes (Eargasm)

También rescató Wakin on a pretty day, KV crimes, Goldtone y Girl called Alex de su alabado “Wakin ona pretty daze” (2013) y de “B’lieve i’m goin down…” (2015) escogió la preciosa Wild imagination y Pretty pimpin, posiblemente su mejor composición y único bis de la noche. Aunque el momento más mágico fue la interpretación del tema Runner ups sin su banda y en formato acústico. Sabiduría y grandeza.

Para abrir la velada nada menos que Meg Baird, cantante del grupo Espers y de Heron Oblivion, a la guitarra, con Mary Lattimore al arpa, creando piezas intimistas, extrañas, oscuras, pero sorprendentemente fluidas. Su psych-folk experimental y etéreo, convenció por su riesgo y musicalidad, aunque algunos espectadores prefirieron contarse en voz alta sus actividades cotidianas.

Texto: Òscar Blanch  |  Foto: Jordi A. Sintes

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