Crónica de La [2] de Apolo, Barcelona, 24 de febrero de 2019

En tiempos en que los omnipresentes y cansinos ritmos urbanos invaden nuestra cotidianidad y nuestra paciencia, se agradece, y mucho, propuestas sonoras crudas y viscerales como la de Cloud Nothings. Y aunque el año pasado muchos medios coronaron el ruidismo de la banda inglesa Idles como uno de los mejores discos, demasiadas listas obviaron el cuarto largo de la banda capitaneada por Dylan Baldi, un tratado de escaso minutaje literalmente incendiario, lleno de rabia y contundencia, como su título, “Last Building Burning”. Lejos de su fallido anterior trabajo, y totalmente acorde a su mejor disco “Attack on Memory” (2012), los de Cleveland parieron un disco atronador cercano al hardcore, con su cantante vociferando y desgañitándose como si no hubiera mañana. Y a pesar de semejante martillazo en la cabeza, el disco, producido por Randall Dunn ( Sunn O ) y que parece haber sido grabado en una sola toma, es un ejemplo de cómo el noise más rudo y severo puede albergar emocionantes y subyugantes melodías.

En directo, repasaron de cabo a rabo las ocho canciones con una energía e intensidad apabullante, en un set perfectamente diseñado para entender las multiplicidades sonoras que ha tenido el grupo desde sus inicios, con ecos del post punk, indie rock y del post hardcore. El cuarteto empezó sin pausa ni respiro con On a edge, Leave him now, In shame y Offer an end. Con The echo of the world los alaridos en la parte final estremecieron, para después dar una clase magistral de cómo construir un tema a través de los fascinantes casi once minutos que dura Dissolution, que hacia su mitad vira hacia la experimentación y el jam instrumental, recobrando su crudeza en sus últimos compases. Menos mal que la calma tensa de So right so clean nos hizo recuperar un poco el aliento. Pero duró poco.

Fotografía por Xavier Mercadé

Después de recuperar la indie rock Modern act y Enter entirely , lo mejor de su inane disco anterior, rescataron Stay useless de “Attack on Memory”, arrollaron con Now hear in y Psychic trauma, y finalizaron con I’m not part of me”, todas de “Here and nowhere else” (2014), interpretadas con más fiereza que en las grabaciones. En el bis, Wasted days fue su ultima píldora punk. En definitiva, la banda y su líder se sienten cómodos recrudeciendo su temario, alejándose, en cierta forma, del indie rock. La noche también ofreció una entretenida, vistosa, ordenada y nada subversiva sesión de pogo y stage diving , realizada con todo cariño por adolescentes millenials para amenizar la velada. Lejos quedan los moratones, heridas y pérdidas de prótesis dentales del extinto público punk de antaño.

Crónica de Òscar Escabia  |  Fotografías de Xavier Mercadé

Fotografía por Xavier Mercadé
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