La [2] de Apolo (Barcelona), miércoles 28 de noviembre de 2018

A simple vista, los tres componentes de la formación londinense parecen un decálogo nerd: jóvenes gafapastas con pajarita o corbata, clásicos en la vestimenta, aparentemente cultos y sabios y poseedores de tropecientos másteres. Pero semejante prejuicio muta cuando aparecen en escena, básicamente porque son un grupo realmente único en la actual y muy trillada escena musical. La banda lleva ya varios años entregando su propuesta conceptual con conciencia social utilizando archivos de audio y video ingleses, concretamente de la BBC, sobre temas como la minería en Gales, su industria, la Segunda Guerra Mundial, la carrera espacial, el feminismo, y muchos temas más, y lanzándolos como samples en sus canciones. Y a pesar de que en su último álbum “Every Valley” han colaborado cantantes como Tracyanne Campell de Camera Obscura o la banda Haiko Salut, entre otros, su math rock y post rock continúa construyéndose en base a transmisiones históricas de radio, propaganda antigua, información pública y archivos sonoros de todo tipo. Pero lo más singular es que esta combinación funciona, y de qué manera, gracias a su líder, productor y multinstrumentista J. Willgoose Esq, que juntamente con Wrigglesworth y J F Abraham obran el milagro cohesionando inteligentemente todos los audios con su música, logrando impactar e hipnotizar. Puede que el grupo americano The Books sea una de las posibles influencias en el uso de voces en off y material audiovisual; aun así, Public Service Broadcasting son un grupo sin igual.

El concierto empezó con The Unsinkable Ship y White Star Liner, pertenecientes al EP de cuatro canciones que han publicado este año. En el escenario, una pantalla con fragmentos visuales, batería, sintetizadores, guitarras, banjo eléctrico e incluso una trompeta de ensueño. Sonando a la perfección, las canciones se construyen a partir de patrones y líneas melódicas que se repiten, con cambios de ritmo mediante una batería combativa, con inicios, a veces calmados, que avanzan hacia finales apoteósicos. En otros temas, como en Sputnik, el pulso electrónico se impone,  y en Progress su líder juega con el vocoder. Todo cabe y nada sobra en un grupo que triplica fans en cada visita a Barcelona.  En Spitfire el crescendo fue para enmarcar y con Go!, su mayor hit, el público cantó entusiasmado. Quizá, la mejor parte apareció con los bises All out, Gagarin, con la aparición también insólita de un astronauta bailando en el escenario, y Everest, emotiva y melódica pieza que cerró un espectacular concierto. El estrellato de PSB sólo acaba de empezar.

Crónica de Òscar Escabia | Imágenes de Meritxell Rosell