Las versiones edulcoradas de Carla Bruni

Festival del Mil·leni (Barcelona), 12 de enero de 2018

La cantante francoitaliana debutó en el Palau de la Música con su disco de covers “French Touch” acompañada de cuatro excelentes músicos (batería, piano y acordeón, violonchelo y bajo, guitarra) que vigorizaron un concierto pobre en cuanto a meritos artísticos. Y es que la ex-primera dama y modelo recupera su carrera musical con un trabajo de versiones de manidos clásicos sin riesgo ni autoría. Estas adaptaciones bien trabajadas por el productor David Foster se instalan en su zona de confort, para que la bella cantante susurre y entone sin muchas dificultades unos incontestables clásicos que emocionan por sí mismos. Pero no fue el caso, ya que incluso manteniendo al margen la sorprendente cantidad de desafinaciones que realizó sobretodo en las primeras canciones, la esposa de Sarkozy no logró erizar el vello ni con piezas magistrales como Moon river de Henry Mancini o Hallelujah de Leonard Cohen. Claramente lejos del vaticinio como nueva musa de la chanson que acaparó portadas y editoriales en 2002 con su notable debut. De hecho, lo mejor apareció cuando interpretó sus propias composiciones como su más exitoso hit Quelq’un m’a dit, Tout le monde o la preciosa Le garçon triste. Quedó claro que a falta de inspiración compositiva, y después de haber estado bajo el foco por razones extra-musicales, la actual Carla Bruni ofrece un discurso musical liviano apto para todos los públicos y especialmente destinado para deleite de clases apoderadas de gusto supuestamente refinado.

Más allá de su limitada capacidad vocal, la cantante ofreció un catálogo de precisos, sensuales y estudiados movimientos corporales, encima de un taburete o reposada en el suelo como una bella sirena. Cuando bajó a platea, caras de asombro y veneración, con un público casi temeroso de invadir el espacio vital de la cantante. Sensualidad y belleza de postal. Ni los apuntes rumberos en Miss you de los Rolling Stones provocaron ningún atisbo de pasión. Tampoco el cover de ABBA con The winner takes it all ni la risible aproximación al de Highway to hell de AC/DC. Al menos las tonalidades jazzísticas de Jimmy jazz de The Clash levantaron los ánimos y el nivel.

Definitivamente, un concierto para fans del cotilleo de revista seguidores del matrimonio Sarkozy-Bruni, entusiastas de las burguesías y concretamente de la francesa, o seguidores de galas de Operación Triunfo. Además, en Madrid, tuvieron la suerte de contar con la presencia de tándem Aznar–Botella. Vamos, una noche inolvidable.

Texto: Òscar Blanch | Foto: archivo Today

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