Massive Attack se coronó el pasado sábado en Barcelona, con un público aferrado a la nostalgia y que se entregó desde el primer momento, acompañando a los de Bristol en su particular homenaje a esa obra cumbre del trip hop que a día de hoy sigue sonando futurista y conceptual. Pocos discos han conseguido envejecer tan bien como “Mezzanine”, inalterable al paso del tiempo y referente generacional que junto a discos como el “Dummy de Portishead o el Maxinquaye de Tricky, forjaron el sonido de Bristol, abriendo el camino a un mar de influencias que mezclaba el soul, la electrónica o el hip hop.

El Sant Jordi Club, que acabó colgando el cartel de no hay entradas, fue testigo de algo mágico y ensoñador, donde el mensaje político y social actual tuvo mucho peso. Un ejercicio de autorreflexión donde las frases en inglés, castellano y en su mayoría catalán (guiño incluido al procés) no dejaron indiferente a nadie gracias a una perfecta ejecución visual llevada a cabo por el enorme Adam Curtis, que se encargó de dar vida al universo sonoro que se desarrolló a lo largo de la actuación.

Tras una intro de corte apocalíptico con flashes cegadores y acompañados por una gran banda, Robert Del Naja y Grant Marshall toman posiciones para arrancar con una notable I Found a Reason de The Velvet Underground. Ésta sería la primera de las siete versiones que se alternarían con un “Mezzanine” al que a mí me costó entrar; hubiera optado por tocar el disco de cabo a rabo y dejar los covers para antes o después. En su defensa hay que decir que los covers son canciones inspiradoras de las que utilizaron samples para la producción del disco, de ahí la importancia y necesidad de entender el por qué se centran en estas versiones para la actual gira y dejan fuera del setlist todo lo que no tenga que ver con “Mezzanine”.

Grant Marshall ‘Daddy G’

Del Naja y Marshall alternaron voces en una tenebrosa Risingson, muy aplaudida. Después de homenajear a The Cure entra en escena Horace Andy, colaborador de la banda desde sus inicios y una de las voces principales de Massive Attack, para interpretar esa pieza que navega entre penumbras, titulada Man Next Door. Cogería el relevo la vocalista de Cocteau Twins, Liz Fraser, que una vez más demostró su poderío y lo bordó con Black Milk. Como una bomba cayó la que da nombre al disco al que rendían homenaje y que, al igual que Dissolved Girl, sonó atronadora siendo uno de los puntos álgidos. Muy reivindicativo el reggae de Horace Andy con See a Man’s Face y frases como “Som una nació, nosaltres decidim” arrancaron el griterío de gran parte del público.

Horace Andy

Entre mensajes como “Estamos teledirigidos”, “Apodérate de tu futuro”, “Llos derechos siempre emanan del pueblo” se sucedía Inertia Creeps, o el tema por excelencia que es Angel, donde el minimalismo y la estructura rítmica te elevan a otro mundo. O esa pieza donde el mimo y la fragilidad con la que canta Liz Fraser es casi cortante gracias a una Teardrop ensoñadora y que marca la recta final. Antes de esto, mención especial a Rockwork, una versión de Ultravox que encontré explosiva, por no hablar de las imágenes que se alternaban detrás de ellos: un simulador de avión estrellándose contra las Torres Gemelas, el Ku Klux Klan, los Illuminati, Saddam Hussein, Trump y Putin o hasta Mickey Mouse. “Las conspiraciones son una conspiración”.

Robert Del Naja ‘3D’

Después de versionar el Levels de Avicii, cosa que todavía me patina un poco, remataron con Group Four, poniendo el punto y final a un gran concierto en el que no hubo bis y las plegarias por escuchar algo más de su legado cayeron en saco roto.

Crónica de Manel Ferrer  |  Fotografías de Toni Rosado

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