Con M83 sabes que vas a tener un paréntesis. No va a ser eterno, pero mientras dura la escucha del disco le vas a sonreír al que tienes al lado en el metro en vez de pensar que le huele la sobaquera como si se la hubiera frotao con un gato muerto. El codazo ese de la imbécil que sale corriendo te lo tomarás como un posible flirteo. Si llueve estará bien, si hace Sol también, porque sí amigüitos y amigüitas, mientras limpiés la porquería de otros en casa este sábado y estéis escuchando este Hurry up, we’re Dreaming no habrá nadie que os pueda convencer de que el mundo no es un lugar maravilloso. Al menos durante la horita o así que dura el disco, luego ya es otro tema. Si encima el disco abre con un temaco en el que colabora Zola Jesus y de repente se convierte en pura épica de bostezo, ese tipo de épica que te pone las pilas pero sin quitarte la mantica con la que estás tan a gusto ¡pues qué más se puede pedir! Pero si además después te llega Midnight City, el melocotonismo hecho ciencia de la producción de estudio en forma de canción. Te dices a ti mismo: “Qué cojones, M83 no me va a sacar de pobre, pero a quién coño le importa”.

Y es que M83 no se te engancha, ni te permite tararear, la propuesta de su Dream Pop de alta factura, con tintes funk, ambient y shoegazing no ha venido para quedarse. Y en tus sueños en fase REM seguirá saliendo el culo de la Johansson con alguna canción del Fary de fondo. M83 no ataca al córtex profundo pero sí que hace segregar endorfinas azules. De esas que tienen el mismo color que aquellos caramelos Pez que corrían a finales de los 90 pero que no era caramelos Pez, que eran otra cosa… Ya me entendéis.