The Soft Moon, proyecto bajo el que se esconde Luis Vasquez, volvió a demostrar que en la materia del kraut-noise industrial sigue siendo uno de los más grandes genios del circuito. Acompañado por dos músicos de gira brutales que intercalaron sintes, batería o bajo, el post-punk de apuesta apocalíptica volvió a convencer a una sala [2] de Apolo que se rindió y disfrutó de sus infinitos riffs y una apuesta oscura, forjada en directo a base de una iluminación epiléptica, no apta para mentes cerradas. Cabe decir que el sonido de la sala fue increíble.

Poco más de una hora fue lo que necesitó la banda de Vasquez en forma de trío para firmar otro directo intenso y rotundo, lleno de energía donde “Criminal” (Sacred Bones Records 2018) dejó su mejor versión. Desde que arrancaran con Deeper, que también da nombre a su anterior trabajo publicado en 2015, el concierto fue una auténtica bacanal de estimulante ruido, donde los punzantes y atronadores cortes eran como bombas de mecha corta; prueba de ello fue una temprana Circles de su álbum debut, transportándonos a sendas claustrofóbicas. Casi imposible no perderte en su mundo y volver a la realidad después de temas como Burn o la genial Insides de “Zeros” (2012), segunda publicación del californiano, ahora afincado en Berlín.

La cuarta entrega de The Soft Moon dejó un trabajo que se escapa del sonido de sus primeros discos, aportando texturas más accesibles y mucha más voz, aunque siga siendo lejana y en el sendero de la penumbra. Choke Like A Father son la clara prueba de los nuevos matices que Vasquez le da a esta nueva entrega, con mucho de la influencia de los también americanos Nine Inch Nails, liderados por el incombustible Trent Reznor, siempre con arrolladoras bases de electrónica industrial muy focalizado en el sonido noise de los noventa.

El directo fue alternando los cuatro discos hasta la fecha de forma magistral, con mucha cabida para los clásicos de sus primeros discos, rescatando incluso uno de sus primeros EPs como es el caso de Total Decay (2011). Con Wrong nos encontramos con unos The Soft Moon más digitales, como unos Front 242 salidos de los suburbios de Manchester a finales de los ochenta, aportando grandes dosis de una electrónica abrasiva y muy visceral. La parte final fue de auténtico regalazo sonoro, un perfecto equilibrio entre composiciones de corte melódico como es el caso de Give Something, donde el ruido se funde entre la penumbra y da paso a un final arrollador con temas como The Paint, Die Life o una hipnotizante Black, subiendo de intensidad la adrenalina del personal mientras destripan las cuerdas y los instrumentos son azotados con un kraut de matices que llegan a envolverte. El cierre lo pondría una Want en forma de batucada siniestra, con el trío azotando bongos, batería electrónica y un Vasquez machacando un cubo de metal. Totalmente apoteósico.

Luis Vasquez ha demostrado una vez más que puede llevar a The Soft Moon a otros niveles y haciéndolo con mucha solvencia, explorando nuevos terrenos de un género que parece no tener fin a la hora de encontrar nuevos caminos.

Texto: Manel Ferrer  |  Imágenes: Meritxell Rosell

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