Razzmatazz 2 (Barcelona, 20 de noviembre de 2018

Conor O’Brien, creador del grupo irlandés Villagers, ha tenido que esperar hasta la publicación de su extraordinario cuarto disco “The art of pretending to swim” (Domino/Music As Usual 2018) para debutar en sala en Barcelona formando parte de su primera gira española, después de haber sido programado en el BAM barcelonés del 2011 y en el Vida Festival del 2016. Una espera larga e inexplicable, subsanada gracias a la promotora Cooncert y a la petición de acérrimos fans, con la colaboración de Live Nation. Siendo uno de los compositores y letristas más emotivos de la cultura musical reciente, sus nuevas canciones rezuman más optimismo, exuberancia y apertura sonora, con una tímida invitación incluso a la pista de baile, aunque su huella melancólica sigue del todo presente. Su folk, pop o indie rock combina clasicismo y experimentación, sobre todo en el nuevo material, en el que aparecen sintetizadores, baterías programadas, flautas y otros sonidos, en un punto intermedio entre lo analógico y lo digital, jugando con frecuencias y texturas, para arropar líneas melódicas y estribillos absolutamente brillantes. Sus letras siguen reflexionando sobre la sexualidad, la espiritualidad, la religión y sobre el mal uso de las nuevas tecnologías.

En directo, a Conor O’Brien con su guitarra y sus preciosos falsetes, le secundan cuatro músicos, dos de ellos multiinstrumentistas, que tocaron teclados, sintetizadores, trompetas, bajo, guitarra y batería. Con un trabajo tan inspirado como es el último, es lógico que el irlandés toque todas y cada una de las nueve canciones que lo componen, abriendo con la suave melodía de Sweet saviour y Again. Más tarde enlazó el perfecto estribillo de A trick of the light con la elegancia de Fool, posiblemente sus dos mejores cortes. Al músico se le ve expansivo, pletórico, alegre y confiado, seguro de cada acorde e inflexión vocal, lejos del  poso más triste y cabizbajo de los inicios. La madurez, su nueva vida en Dublín, su salida del armario, y nuevos amigos como John Grant, Paul Weller o Nico Muhly, han influido positivamente en su música y en su estado anímico.

También repasó sólo algunas de sus joyas anteriores, como Everything i am is yours o Memoir para terminar con Ada, balada intimista sobre una matemática  que fue la primera programadora de ordenadores. En los bises, Courage y Nothing arrived cerraron un concierto sublime, con canciones ornamentadas  que sonarían igual de intensas si fueran reducidas a la mínima expresión. Es la grandeza compositiva del irlandés que da un paso más como maestro de la melancolía, aunque ahora nos invite a bailar utilizando samples  y poderosos grooves. En un mundo justo, sería cabeza de cartel en cualquier evento musical.

Texto: Òscar Blanch | Fotos: Meritxell Rosell


Please follow and like us: